16 feb. 2008

Apoyo positivo

El otro día tuve el inmenso placer de charlar con una chica que trabaja en la asociación ‘Apoyo Positivo’. Fue una conversación muy edificante. Esta asociación combina la fórmula voluntarios-profesionales para dar apoyo a enfermos de SIDA y portadores del VIH. Son trece profesionales cuyos sueldos dependen de las empresas que les financian y de los donativos de los socios. Los voluntarios no cobran. Se dedican a ayudar a los enfermos de muchas maneras: ayudando a moverse a quien ya no puede, dando apoyo psicológico que muchas veces se reduce a charlar un rato con quien no lo suele hacer, ofreciendo asesoramiento legal, cuidados médicos, etcétera… Es una asociación volcada con los enfermos de SIDA.

Esta chica me contó que era importante diferenciar entre enfermo de SIDA y portador del virus VIH. El enfermo de SIDA ha desarrollado el virus y ha entrado en una fase terminal que desemboca irremediablemente en la muerte. Por ahora. Los portadores del virus no han desarrollado la enfermedad, sino que la portan y con ella pueden convivir 15, 20 o 40 años. Y también toda la vida. Se reduce algo la esperanza de vida, pero no más que la de un fumador. Es decir, hoy ya no se muere por tener VIH, existen los medios para impedir que se desarrolle de manera que existen los medios de portarlo y hacer una vida casi normal.

Me explicaba esta chica que la importancia de conocer esta diferencia (que muchos ya conocen pero también muchos ignoran) es el contagio. Me dice que en España, casi la mitad de los portadores de VIH desconocen que lo tienen. Casi la mitad. Me dejó alucinado. Esta gente son el verdadero foco de contagio, ya que no toman las medidas oportunas para evitar riesgos. Quien conoce que es portador sabe lo que hace. Quien lo desconoce, es un ‘contagiador’ en potencia. De ahí, añade, lo fundamental que resulta que la gente, sobre todo los jóvenes, se hagan la prueba del SIDA. Existen muchísimos prejuicios contra esta prueba, sobre todo en la gente que no es tan joven. En realidad en nada difiere de hacerse otras pruebas médicas. La mayoría de la gente ya ha dejado de asociar el SIDA con la homosexualidad (ya hay más heterosexuales portadores que homosexuales en España, y aunque no los hubiera) Pero no son tantos los que han dejado de identificar el SIDA con la mala vida o la decadencia. Y de ahí el rechazo a esta prueba. Me cuenta esta chica que la mayoría de padres se llevarían un disgusto si supieran que su hijo se hiciera la prueba del SIDA. No tiene sentido. Estos prejuicios benefician a la enfermedad.

De nuevo la necesidad de enfrentarnos a la realidad. Cualquier chico o chica puede haber contraído el SIDA en alguna relación sexual que haya tenido. Es así de sencillo. Los juicios morales o más bien prejuicios, pasan a un segundo plano, como pasa a un segundo plano, por absurdo, quien condene que una persona tenga cuantas relaciones sexuales quiera con quien le plazca cuándo y cómo quiera. Y a un tercer plano de ridículo (pero haberlos haylos) quien defiende que se folla sólo para procrear. Por encima de todo esto se encuentra la necesidad de que la gente se haga la prueba cada equis tiempo, sobre todo aquellos que mantienen relaciones sexuales con diferentes personas. Normalizar esta prueba, normalizar en definitiva esta enfermedad, es la primera condición que Apoyo Positivo ve para vencerla. Y detrás de todo esto, los moralismos.

Hablar con esta chica te baja al suelo. Ella, como otras miles de personas, están en el frente de batalla, y por debajo de ellos, todos nosotros elucubrando teorías, posicionando ideas y dando fórmulas mágicas. Esta gente se sacude los prejuicios y los lastres, se remanga y se pone a ayudar. Al terminar me vino a la cabeza la iglesia. Es necesario respetar sus ideas, sus posicionamientos. Y a partir de ahí, crisparse con ellos. Simplemente por irresponsables. Me puse en el lugar de esta chica. ¿Qué sentirán cuando, tras un duro día de trabajo donde verán y sentirán cosas nada fáciles, tengas que leer o escuchar los posicionamientos de la iglesia a este respecto? No debe ser nada fácil ignorarlos para volver a levantarse al día siguiente y seguir luchando. Ya es difícil remar cada día para que encima esta corriente de gran poder se ponga en tu contra y te impida avanzar. Suficientes son los obstáculos reales de esta gente como para que les pongan impedimentos ‘extra’ quien puede hacerlo desde el más peligroso de los posicionamientos: la manipulación y lo mediático. Debe generar bastante rabia, la verdad.

El ejemplo es extensible a más ámbitos. Días después de charlar con Apoyo Positivo, hablé con una cooperante de Ayuda en Acción que está en la Franja de Gaza. Este territorio palestino está gobernado por Hamas y sitiado por Israel. Esta chica me contaba que le provoca risa escuchar que si el bloqueo de Israel continúa, puede darse una crisis humanitaria. “No hay ni zapatos aquí, cientos de enfermos se mueren por no ser evacuados de hospitales sin luz, no hay alimentos, ni calefacción ni gasolina”, me explicó. ¿Esto no es una crisis humanitaria? ¿Cómo que puede haberla? Otra bofetada de realidad.

No hace falta ir tan lejos. En mi ciudad, A Coruña, cientos de personas cuidan y educan a diario a discapacitados en Aspronaga y Lamastelle, colegio y centro laboral respectivamente. La mayoría cobran muy poquito. Pero están ahí, día a día, encima de teorías y discusiones, cuidando y apoyando. Dando vida. Como ellos, miles de personas, en todo el mundo. Cuánto leemos y cuánto escuchamos sobre los problemas del mundo y de quien lo puebla. Cuantas clases magistrales recibimos y damos a lo largo de los días. Y, al final, cuántas veces se reduce a ayudar. A estar ahí. En primera línea de batalla. Primero ellos, remangados, y detrás todos nosotros, diciendo lo que está bien y lo que está mal.

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