18 feb. 2008

Kosovo es uno, y no cincuenta y uno.

De nuevo la confrontación etnia (por llamarlo de alguna manera) estado. Hecho-Tradición. Realidad-Historia. Kosovo es independiente desde el domingo a las tres la tarde, momento en el que su Parlamento anunció de manera unilateral la independencia y el nacimiento del Estado de Kosovo. Hasta ese momento, Kosovo era una provincia serbia mucho más autónoma que el resto y controlada en la práctica por la OTAN y unos 2.000 funcionarios de la Unión Europea.

La historia de Kosovo es la historia de un pueblo sin estado. Lo curioso es que no es la historia del pueblo kosovar, sino del pueblo albanés. Desde los ochenta, este territorio está ocupado por un porcentaje de albaneses (los conocidos, por sus asaltos a chalés como el José Luis Moreno, como albano-kosovares) que roza el 90%. Enfrente, un 8% de serbios en lo que, hasta ayer, era Serbia. Ahora este 8% se enfrentan a un futuro incierto. Ya no están en su país, y además, son odiados.

Kosovo siempre fue una provincia con mucha autonomía. Lo fue en la época de la Yugoslavia soviética con Tito al frente, y lo siguió siendo en la desintegración balcánica post URSS. Cuando por fin quedó configurado el mapa (Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Serbia) Kosovo siguió como provincia autonómica de Serbia. Hasta que llegó el serbio Milosevic. Este señor es muy nacionalista pero al revés. Al revés de lo que entendemos en España, que es lo que hay que entender, por supuesto. Es nacionalista de todos juntos, no de todos separados. Y por eso este señor provocó la guerra de Yugoslavia. Cuando salió presidente de Yugoslavia, cogió el tipo y, entre otras cosas mucho menos importantes, puso la letra del himno yugoslavo en serbio, es decir, en croata pero cirílico. Eslovenia dijo me piro ante la que pinta y Croacia quiso ir detrás, pero este señor nacionalista pero al revés le dijo a Croacia que ‘nanay’, que Croacia no se iba con tantas playas, islas, hoteles y equipos de fútbol buenos. Así que se lió. Y en medio los pobres bosnios, que no existen, sino que son croatas y serbios que viven en Bosnia y que alguien dio en llamar serbobosnios y bosniocroatas, (¿por qué no bosnioserbios y croatabosnios?). El caso es que Milosevic no pudo impedir la desintegración de Yugoslavia y cedió ante la ágil intervención en tan sólo cuatro años de la OTAN. La guerra terminó pero Milosevic seguía con sed de sangre. Por ello dijo, “si Eslovenia, Croacia and company se fueron, Kosovo no lo hará”. Y, aunque quedó como provincia serbia, decidió limpiarla de albaneses, osea, decidió limpiarla de todos, y repoblarla de serbios, como quien extiende semillas en una maceta. Una limpieza étnica que interrumpió la UE (otra vez tarde) y que dejó un resquemor entendible entre los albanokosovares, que una cosa es que asalten chalés horteras, y otra que no les importe que les disparen (menos aún si no es la policía).

Los años pasaron, y la herida no se cerró. Los albanokosovares son tremenda mayoría y encima odian a los serbios por intentar exterminarlos (se entiende). Así que empezaron a luchar por su independencia. Fundaron el Ejército de Liberación de Kosovo (liderado por el hoy primer ministro que anunció la independencia ayer, ¡qué paradoja!) y se enfrentaron a la maquinaria serbia, paralizada por la OTAN. Al final, llegó la independencia, gracias al respaldo de EEUU. Ni más ni menos.

Uno se pone a filosofar. ¿Es justa o lícita esta independencia? Por una parte, Serbia: ellos dicen que Kosovo, precisamente Kosovo, es el origen de su patria, cultura e historia. Vamos, que es Serbia, lo pueble quien lo pueble. Enfrente, el 90% de albaneses que pueblan el territorio (aunque no lo dirigen porque lo dirige la UE) y que casi son exterminados por los serbios, en este caso sí, estado opresor. ¿Quién tiene la razón? ¿La etnia o el Estado? ¿La tradición o la realidad? Recuerda un poco a Israel y Palestina. “Esto Tierra Santa Judía. Largo porque conformaremos Israel. Si muy bien oiga, pero aquí vivo yo y mis cabras”. ¿Cómo se soluciona esto? Las dos partes tienen razón.

Uno, tras filosofar, se pone a buscar soluciones y explicaciones. Pero los estados y políticos no las dan. Nadie pone sobre la mesa los criterios que se siguen para que un pueblo diga “somos independientes”. ¿Cuáles son las razones que otorgan derecho a ser independientes? Nadie las explica, y esto crea un precedente muy ambiguo, por más que se empeñen en decir que no, que no hay precedente. Y en lugar de buscar y razonar estos criterios, los países se posicionan según conveniencias. A quien le conviene que este avispero termine de una santa vez apoya incondicionalmente la independencia de Kosovo sin importarle razones serbias (por muy cabronazos que sean). Y a quien no le conviene porque tiene el problema en casa, rechaza esta independencia unilateral. Es el caso de Chipre (y sus problemas turco-griegos en la isla) y de, por supuesto, España, que de entre los ridículos hace el mayor de todos, como de costumbre:

Dice que no está de acuerdo pero no alega nada válido de verdad para defender esta posición. Además, pese a su oposición, va a contribuir en el desarrollo del nuevo estado, ya que está obligada al pertenecer a la UE. Es decir, que es una oposición ‘de pastel’. Da un puñetazo sobre la mesa mirando de reojo a Cataluña y a Euskadi. Y en cuanto estos dos se vayan de la habitación asustados por el tremendo golpe en la mesa, España rápidamente se pondrá a las órdenes de mamá UE.

En definitiva, nadie explica a las claras cuáles son las condiciones que debe cumplir un pueblo o conjunto de ciudadanos para declararse independiente del estado al que pertenecen. Simplemente cada uno se posiciona a su conveniencia.

Por todo esto compruebo que la cuestión de identidad de un estado es aún más subjetiva de lo que creía. Al final te das cuenta de que unos quieren una cosa, y otros, otra, pero nadie mira por el mejor convivir para todos. Son posicionamientos todos bastante insolidarios. O a lo mejor soy yo muy negativo, y es que los centralistas creen que así vamos a vivir todos mejor, y los separatistas creen que con su modelo viviremos mejor todos, también los centralistas.

Conclusión patatera: creo que el criterio (que aún no encontré de boca de nadie) debe ser el bienestar, porque nunca se va a llegar a unas razones o criterios que pongan a las dos partes de acuerdo al 100%. Así que hay que buscar el bienestar de todos. En este caso de Serbia y de Kosovo. Si la independencia de un territorio conlleva mejor calidad de vida, bienvenida sea. Basta de sobreponer a esto otros criterios de conveniencia. Por todas las partes. Nadie mira por el bienestar del conjunto, sólo por su lado. Sólo nacionalismos, tradiciones, orgullos patrios…

¿Kosovo independiente va a mejorar la calidad de vida de toda la zona? Si es que sí, parece lógico que llegue. ¿Un Estado palestino acabaría con el infierno de Oriente Próximo? Si es que sí, sería entendible que se crease. ¿Un cambio de modelo de Estado en España mejoraría y nivelaría las desigualdades entre Autonomías? Ah no, eso sí que no. España una. Y no cincuenta y una.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. El anterior comentario lo he suprimido porque era el mismo que uno de los que aparece en la entrada de 'La bondad'. Quien lo haya puesto se debió equivocar y lo escribió aquí primero, donde no tenía sentido, para luego repetirlo en su lugar correcto.

    Aclaro esto para que nadie se piense que aquí se suprimen comentarios al capricho del administrador. Y menos, de un administrador tan demócrata y democrático como soy yo. Eso nunca. Queda dicho.

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  3. Eres realmente sorprendente, neno. No deja de admirarme que alguien que se pasa medio día en la inopia (en el mejor sentido de la palabra) sea capaz de reflexiones tan profundas e interesantes. ¿Será que realmente no estás despistado cuando lo parece?

    No doy crédito ;-)

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