21 feb. 2008

La bondad

Este sábado mi tía Chus cumple 50 años. Su DNI pone María Jesús, pero se llama Chus. El sábado hay una gran fiesta organizada en su honor. Casi cien invitados a una merienda-cena. Las circunstancias obligan: Chus siempre ha celebrado su cumpleaños de la misma manera: invitando a sus tías y hermanas y merendando chocolate con churros en la casa de mis abuelos. Que ahora se haya organizado una gran fiesta en un extenso local con decenas y decenas de invitados no va a cambiar eso. Antes de la cena, el vino y las copas… habrá chocolate con churros. La ocasión lo merece. Si ya de por si cumplir 50 años supone una cifra emotiva y señalada, para mi tía Chus lo es aún más. Chus tiene Síndrome de Down.

Cuando se extendió entre amigos y familiares que este sábado Chus organizaba una gran fiesta por su cumple, todos quisieron apuntarse. La lista de invitados creció y creció sin parar. Ya no sé cuántos somos. Al principio a Chus no le convencía mucho la idea. ¿Qué pasa con los churros? Pero ahora sólo habla de eso. Quiere ponerse un vestido y un collar de perlas. Una fiesta de nivel que nadie quiere perderse. Creo que el hecho de que Chus sea tan querida se debe a un cúmulo de detalles en los que muchos ni siquiera han reparado, pero que a mi me quedarán grabados para siempre.

Chus usa la colonia S-3. Sólo eso ya es un detalle como para no olvidar jamás. Pero es que sólo usa esa. Y a montones. Se empapa de ella. Lo mejor es que cualquier otra colonia, perfume u olor que detecte le produce una arcada. Siempre. Invariablemente. Jamás ha comido una gominola, chicle o similar. Los odia. Tiene una colección de cientos de cintas de música. Rocío Jurado, Julio Iglesias, Juan Pardo, La Década Prodigiosa… posee lo más granado. Mi tía Chus es una auténtica ‘retro’. Lleva siempre un pañuelo de tela en la manga. Lo saca, suena su pequeña nariz y lo dobla de nuevo, con meridiana precisión, para volver a introducirlo en su manga.

No pierdas el tiempo en decirle que no es necesario doblar el pañuelo después de sonarse. Chus ha desarrollado una admirable técnica por la que no escucha lo que no le interesa. Una capacidad de ignorar a su conveniencia fantástica. Esto forma parte de su ingenio. Chus hace gala de un enorme, afilado y muy gallego ingenio para escapar de situaciones que sus limitaciones no le permiten afrontar. Hacerse la sorda es una de ellas. Responder con otra pregunta es otra herramienta que Chus domina. Hace pocos días escribió una carta a sugerencia de mi madre, su hermana, para leerla en voz alta el día de su fiesta de cumpleaños. Chus se puso a escribir pero, por razones obvias, el resultado final carecía de coherencia. Mi padre cogió la carta y la leyó para ella. Chus le observaba seria, pero sin entender una sola frase, claro. En un momento dado mi padre hizo una pausa. “¿Qué quieres decir aquí Chus?”, le preguntó tras unas incomprensibles construcciones. “¿Estás ciego?”. Esa fue la respuesta de mi tía. ¿Por qué le preguntaba algo que él mismo podía leer? “No Chus, no estoy ciego, simplemente es que no entiendo qué quieres decir aquí”. “¿Estás ciego?”. Inmutable. Seria. Casi enfadada. Esa era la respuesta, las veces que hiciera falta. Mi padre se rindió.

Es algo cabezota, de nuevo como buena gallega. Por ejemplo, al llegar a casa, siempre tiene que ponerse las zapatillas. Aunque se vaya directamente a la cama. Se pone las zapatillas, va al baño y regresa a la cama. Pero con las zapatillas. Y es que si tiene o quiere hacer algo lo va a hacer. Caiga quien caiga. Y si se trata de comer… si se trata de comer ya puede estallar una bomba a su lado, que no le quitará el apetito. Literalmente: Chus desayunaba ya hace años en la mesa de la cocina. Con su cola-cao y sus bizcochitos. Su rechoncho y menudo cuerpo se acopla a la perfección a la silla y sus pequeñas manos mojan con parsimonia los bizcochitos en la leche. Introduce el bizcochito en la taza, lo deja ahí unos segundos eternos y después lo acerca a la boca como si alguien le impidiese hacerlo más rápido. Muerde, y mastica satisfecha. El placer de comer. Un bizcochito, otro, otro… los que hagan falta, si nadie la para. A sus espaldas, a miles de kilómetros de su universo del desayuno, una olla a presión sobre el fuego silba amenazante. Una amenaza que no intimida a Chus cuando aún quedan bizcochos en la caja de latón de mi abuela. El silbido aumenta mientras un nuevo bizcocho se empapa de cola-cao. Es ensordecedor. Algo va a ocurrir mientras Chus mastica con satisfacción. Y ocurre. La tapa de la olla salta por los aires con un tremendo estruendo. Un chorro de fabada sale a propulsión y se estrella contra el techo. La onda expansiva de habas alcanza toda la cocina. El techo y las paredes salpicados, cientos de habas aplastadas por todas partes... En medio de la destrucción total, el pequeño cuerpo de Chus. En la misma posición. Ni un gesto, ni el más mínimo sobresalto. Sólo su pequeña mano llevando un nuevo bizcochito al cola-cao, sobre el que flota alguna que otra haba. A quién le importa. Está desayunando.

Chus se mueve despacio. Es como si fuera una persona atrapada en la cámara lenta. Su proceso para calzarse y ponerse las gafas puede ser observado con detenimiento y tomar notas. Se sienta, por ejemplo, sobre su cama. Desciende con lentitud hasta que no aguanta su peso y en el último tramo se deja caer. Gira su pequeña cabeza y la acerca hasta que la sitúa a escasos centímetros de las gafas, que reposan sobre la mesilla. Al fin las localiza. Las coge, las abre y se las pone. Despacio… muy despacio…

Muchas veces me dedico a observarla. La miro. Miro sus movimientos, reflejo de su mundo. Un mundo a otra velocidad. Sí, es cierto, el mundo exterior va más rápido pero, ¿a quién le importa? Ella tiene el privilegio de poder marcar su propio ritmo. Así que sus pequeñas manos y sus pequeños pies han decidido ir despacio. De esta manera yo puedo mirar sus pausados movimientos. Lentos pero seguros. Hasta su parpadeo es apreciable. Podría estar horas mirándola. A veces se da cuenta. Entonces me mira ella a mí. Seria. Y los dos nos quedamos mirando. En su cara aparece una expresión de espera. Me mira fijamente, dejando lo que estuviera pensando a un lado y esperando con intensidad en el rostro a que diga o haga algo. Pero yo no digo ni hago nada y ambos permanecemos así el tiempo que ella estime oportuno. A veces minutos y minutos en los que tengo que reprimir mi risa observando su rostro ansioso por conocer la razón por la cual la miro. Ansioso pero en silencio. Hasta que se cansa. Desvía la mirada y vuelvo a desaparecer.

Y así miles y miles de detalles. Detalles de una personalidad inolvidable. Por debajo de todos ellos, la bondad. La bondad en la más auténtica de las acepciones. Sin artificios, sin contaminación, sin manipulaciones. La bondad en estado puro. Una bondad que este sábado invadirá su fiesta de cumpleaños. La gente se le acercará y ella devolverá los besos a cámara lenta, sonriendo, afilando el ingenio por si alguien la mete en un aprieto… y buscando el chocolate con churros, claro.

9 comentarios:

  1. Me ha encantado tu relato,creo que serás la envidia de toda España y que a más de uno ya le gustaría tener a una tía Chus en su vida.Gracias por describir con tanto detalle la ternura y el cariño de la tía Chus (y de todas las personas que son como ella)

    ResponderEliminar
  2. Para escribir sobre Chus y describirla como tu lo haces,además de ser un chico muy limpio, hay que ser especialmente sensible y eso se percibe en tu relato. Gracias por dejar que lo compartamos.

    ResponderEliminar
  3. Gracias por dejarnos compartir por medio de tu gran relato a tu tia chus.Felicidades Chus.

    ResponderEliminar
  4. Tio este escrito no está hecho ni con las manos ni con la cabeza, se nota que está hecho con el corazón.Me encanta como describes las situaciones y las personas.En cuanto publiques tu primera novela espero ser una de las primeras en enterarme, ya que sin niguna duda, la compraré.Solo quiero animarte para que escribas alguna pronto ya que creo que tienes mucho talento. No soy la misma que envió el primer comentario

    ResponderEliminar
  5. Alucinante,tengo el privilegio de conocer a tu tia Chus y soy testigo de que la descripción es real y minuciosamente autentica.
    De todos los relatos que he leido es el que mas me ha gustado y con diferencia, se aprecia en ellos ademas de una buena narración una magnifica observación de la vida cotidiana, que es en realidad..... "LA VIDA"

    ResponderEliminar
  6. He disfrutado mucho con el relato y te doy las gracias por trasmitir de una forma tan refrescante una historia de cariño.
    Me he quedado con ganas de más.

    ResponderEliminar
  7. Chaval, me haces pensar y eso no me gusta, con que naturalidad y ternura nos describes a Chus. ¿Cuantas Chuses hay qué nadie se para ni un segundo a mirarlas?
    Chus tiene suerte de tener un sobrino como Tú, Gracias

    ResponderEliminar
  8. Nano y Ana te mandan un fuerte abrazo desde santiago y te felicitan por tus sinceras y bonitas palabras.
    Felicidades Chus!!

    ResponderEliminar
  9. Alguien cercano a CHUS2 de marzo de 2008, 22:11

    yo me considero una persona muy afortunada ,ya que yo soy familia de CHUS,sí para envidia de algunos cuantos, formo parte del círculo familiar de CHUS, sí de esa CHUS, que ha celebrado su 50 cumpleaños a lo grande, a lo más grande que cualquiera pueda celebrar...y es que eso era la intención de todos.Espero que este increible artículo pueda animar a que todos los que tengan a una tía "CHUS"puedan de alguna manera celebrar con ella su "CHOCOLATADA" ,os animo pues desde que entra una CHUS en tu vida, tu percepción de la vida cambia y para ella ese chocolate con churros puede ser el mejor de los regalos...

    ResponderEliminar