6 mar. 2008

Vergüenza campañil

De entre todas las cosas graciosas, sorprendentes, ridículas y cómicas que han protagonizado esta insoportable campaña electoral, hay una que ha destacado por encima del resto. Se trata del inicio de la campaña. Hace casi quince días se anunció oficialmente que comenzaba la campaña electoral. ¿Comenzaba? A mi me dio la risa. Tuve la sensación de que estaba en medio de un tiroteo y que alguien gritaba en pleno estruendo que comenzaba la guerra. La campaña empezó hace siglos, concretamente el día siguiente de las anteriores elecciones que ganó el PSOE. Pero a alguien le dio por decir que comenzaron hace quince días.

Este chiste, sin embargo, es sólo el primero de una larga lista de ellos. La verdad es que esta campaña electoral, el PSOE y el PP, Zapatero y Rajoy, todo en general… está dando ‘grimita’.

Tras el pistoletazo que anunciaba la salida de la campaña oficial (que por cierto, y por primera vez, prescindió de la mitíquisima y cuasiromántica pegada de carteles con escoba y cola) PSOE y PP se lanzaron a hablar de economía. Va por modas. Primero fue la moda de Cataluña y su Estatut, luego de la ETA y ahora de economía. Y empezaron por los precios. Como todo sube, el PP le echa la culpa al PSOE y estos se meten con Pizarro por ser Pizarro. Y el PP que si suben los huevos, que si el pan, (en este país parece que todos comemos pisto) que si la leche, que si todo… y los otros, que no es culpa nuestra porque hay una desaceleración (buen eufemismo de crisis) y que es una coyuntura internacional y que entonces qué tendremos que ver nosotros… Total, que organizan un combate con navajas entre Solbes (que tiene un ojo siempre cerrado pero nadie dice nada) y Pizarro (que se parece a Skeletor el de He-Man) y medio gana Solbes y medio pierde Pizarro. Y después, para cerrar el circo, se vuelven todos locos y empieza una carrera de rebajas fiscales en la que se llegan a regalar 400 euros a todos los que sean humanos. ¡Ala! ¡Vale todo! Empiezan a dar asquito de verdad, y entonces paran. Y a otra cosa.

De la economía pasamos al cambio de papeles. Todo empieza en Cuatro, donde un señor que se llama Iñaki Gabilondo nos cuenta sus opiniones en un espacio que llama Telediario. Iñaki le hace una entrevista a ZP y los muy burros empiezan a susurrarse con el micro encendido y conectado. Creo que el técnico de sonido está ya en el kilómetro 5 de la autopista que está construyendo a mano en Siberia. “Vamos a crispar un poco ahora”, se le oye al muy torpe de ZP. Y el PP, al segundo palo, coge el rechace y se autoproclama partido afable, así, por la cara, frente al crispante PSOE. Y empieza un discurso que si en este país fuéramos medio serios tendría que oirse la carcajada en Irlanda (zona sur). Coge Rajoy, con su impecable traje, su puro y su corbata, y empieza a decir palabras como currante. Y su web se hace moderna y componen un rock que se llama 'Revolución Popular' y que parece una mezcla de rock cristiano, canción de misa y un hit de Modestia Aparte. Lo más grande, ayer, en el programa en el que se bajan los micrófonos (¿59 segundos?) que sale un tipo del PP (ojalá recordara su nombre, se admiten recordatorios) con un peinado raya al lado clasicote, un impecable traje y una pinta indisimulable de que había llegado al plató en un Audi tropecientos, y dice que son el partido de los currantes y de los trabajadores que no llega a fin de mes, mientras la luz de un foco se refleja en sus gemelos. Que no hombre que no, señor del peinado grimoso. Que no. Que yo podré estar más o menos de acuerdo con las ideas del PP, pero no me cuente milongas que le crece la nariz y enfada al personal. Sobre todo al que no llega al fin de mes. Que es que da la risa.

Pero aquí risas hay para todos. Y también en el PSOE, claro. Porque no sé si dan ganas de reir o de llorar al ver al Partido Socialista (¿?) Obrero (¿¿??) Español (eso sí) renunciar a todas sus ideas para aceptar las del PP acojonados ante el 9-M. Su progresismo inicial ha mutado en el discurso conservador del PP a medida que se acercaba el día de las elecciones. Ilegalizan partidos, bajan impuestos, cargan contra los nacionalistas… hasta el 9M serán el PPSOE. Por si acaso… Y tal vez por esto, 'progres' trasnochados, vividores y otra calaña pseudo socialista del pelo de Victor Manuel o Miguel Ríos, hacen el anuncio con ZP que, sin pensárselo dos veces, les llama a todos, así, sin anestesia, intelectuales.

Los payasos saltan a la arena y la función circense se completa con los debates. Esos enfrentamientos entre dos monólogos. Alucinante. No se respondían entre sí. “La inmigración es caca y todos moriremos”, venía a decir Rajoy. Y Zapatero, más pancho que una pasa, decía “sí, señor Rajoy, hablaremos de inmigración, pero antes déjeme decirle que la jota Navarra es un baile en peligro de extinción. Y le contaré la historia de la jota Navarra”. Es una metáfora, claro. Pero si ZP hubiera hablado de la jota Navarra el resultado sería el mismo. Cada uno habla de lo suyo. Es como intentar hablar con el Robot Emilio, ese que decía frases programadas. Cómo sobra el moderador. No sé qué hace un moderador ahí, además de girar la cabeza como en un partido de tenis y decir, “señor Rajoy”, “señor Zapatero, “señor Rajoy” “señor Zapatero”… en cada turno de palabra. ¡Pero si lo que mola es cuando se enzarzan, hombre! Eso es lo que quiere el pueblo. ¡Sangre! ¡Fuera el moderador! ¡Que vuelva Olga Viza a Estudio Estadio en La 2!

Pero los payasos de la tele tenían un as en la manga. Y lo sacaron al final del primer debate. A Rajoy se le fue definitivamente la olla y empezó a desvariar sobre una niña, que no se qué quería y tenía unos padres que merendaban con ella y estudiaba una carrera y no sé qué más. Tremendo. Y el otro va y, al despedirse dice “buenas noches y buena suerte”. ¿Buena suerte en qué? ¿En la vida? Bueno, no sé, ¿gracias y buena suerte a ti también en la vida? Y lo repite en el otro debate con una sonrisa que parecía Mr. Bean. Y el de barba, para no ser menos en el frenopático campañil, va y repite lo de la niña, esta vez, increíble, diciendo que está en su cabeza. Indudable señor Rajoy. Está en su cabeza. ¿Y le habla? ¿Le ordena hacerse cortes en las manos? Fue la guinda definitiva a la carrera absurda y surrealista de la campaña electoral.

Por mi parte, lo único que quiero es que termine cuanto antes y dejen de hacer el ridículo. Porque, definitivamente, se les fue la pinza a todos. Y creo que están contagiando a la gente porque el otro día, cuando, como buen demócrata, fui a Correos a enviar mi voto, una señora mayor me hizo una pregunta clave. Tenía la cara arrugada como una pasa, y le temblaba el pulso mientras escribía muy despacio. Entrecerraba los ojos para leer y dudaba en cada paso a rellenar, aunque lo que le exigía el papel eran sus datos personales. Al final, llena de dudas, se gira, me mira, y me pregunta señalando el papel, “joven, ¿aquí, donde pone país?”. “España señora, España”. Supongo.

1 comentario:

  1. Buen análisis my friend. Espero que escribas otro jocosismo sobre los carteles de estas elecciones. Sobre el cartel soviético de ZP y sobre el de "El nunca lo haría" de Rajoy.
    Impresionistas.

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