16 abr. 2008

La filosofía del muñón ganado

Lo dijo Winston Churchill: “antes de morir escribe algo digno de leerse o haz algo digno de escribirse”. Albert Espinosa ya ha hecho algo digno de escribirse. Me toca intentar escribir algo digno de leerse.

Albert es guionista y escritor. Él fue el creador de la película ‘Planta Cuarta’, en la que se pueden ver las vivencias y experiencias de unos adolescentes con cáncer. En realidad, todas las situaciones que aparecen en esta recomendable película son las vivencias reales que experimentó Albert, un chico que convivió con el cáncer de una manera sencillamente espectacular. Espectacular y ejemplar.

A Albert le diagnosticaron cáncer a los 14 años. A los 24 le dijeron que estaba curado. Su médico cogió el parte, lo redactó y en la última frase escribió: ‘el paciente está curado’. Después cogió un rotulador rojo y subrayó la frase diez veces.

“Tuve cáncer diez años, y recuerdo que en esa época fui feliz”. Es una de las primeras frases que me dijo Albert cuando me encontré con él cara a cara. “Uf, mucho vas a tener que hablar para sostener esa pedazo de afirmación”, pensé. Pero al cabo de cinco minutos yo ya estaba riéndome, y él ya estaba transmitiéndome la misma sensación que te puede transmitir alguien que te cuenta su mejor año universitario. Me di cuenta de que, efectivamente, fue feliz en esa época. Pero fue feliz sin pretenderlo, sin pensar en serlo. Fue feliz porque el entorno le hizo feliz. Quien le trató le hizo feliz. Con quien compartió su experiencia le hizo feliz. Fue feliz porque lo fue. ¿Acaso no debía serlo porque tenía cáncer?

Durante sus adolescentes años de estancia en el hospital Albert formó una pandilla. Eran varios chicos, todos con cáncer. Se hacían llamar los pelones, porque ninguno tenía pelo debido a la quimioterapia. Echaban carreras por el pasillo con la silla de ruedas, se hacían radiografías a escondidas, negociaban con el médico horas para poder ir vestidos de calle, se escapaban a tomar el sol… Eran una piña. Decidieron hacer un pacto de vidas. Firmaron un contrato por el cual, si uno de los pelones moría, otro debería vivir su vida. Albert me cuenta que él está viviendo cuatro vidas ahora.

Su primera consulta fue definitiva. El médico se sentó frente a él y le dijo: “Albert, tienes cáncer”. Y añadió: “Coge una libreta y apunta todo lo que no entiendas”. Preguntar. Esa es una de las claves para Albert, que da clases de ética médica en hospitales de España de manera voluntaria. Preguntar todo lo que el enfermo necesite saber. “Hay mucho miedo a preguntar”. La recomendación para el médico es la esperable: responder. Responder siempre con la verdad, dice Albert. “Nuestro médico nos obligaba, cada semana, a hacerle tres preguntas, tres dudas que nos surgieran. Al principio tenía un montón, pero al final ya nos copiábamos las preguntas o nos las pasábamos porque no se nos ocurrían más”, me cuenta entre risas.

“Yo lo que más agradecía era hablar con el médico. Me ayudaba muchísimo. Hablar y hablar. Me extirparon medio hígado por error, pero ni se me ocurrió demandar, son errores. En cambio hubiera estado dispuesto a demandar al médico si no me hablase”. Más cosas: “Llamar al paciente por el nombre. Cuando estás ahí es un subidón que todos los médicos y enfermeras te llamen por el nombre. Me sentía importante. ¡Albert! Si, dime…”. Una duda: “¿Por qué los familiares tienen que salir de la habitación cuando el médico tiene que hablar con el paciente? Eso acojona más, te pone nervioso, entiendes la mitad y de esa mitad tus familiares te entienden una nueva mitad cuando tú lo explicas después, mal porque estabas acojonado. Solo y acojonado”. Una última recomendación de Albert: “Las cafeterías, por dios, ¿tienen que ser tan feas? Con razón no va nadie. Y que pongan gimnasios, a parte del de rehabilitación. El deporte es fundamental”.

Pasados unos años el médico volvió a sentarse frente a Albert. “Tenemos que amputarte una pierna Albert”. Y añadió. “Despídete de ella. Lleva todos estos años apoyándote, apóyala tú a ella”. Humor. La otra clave. Albert llegó a casa y comenzó a organizar una fiesta de despedida para su pierna. Llamó a un amigo con quien iba a hacer senderismo, a sus compañeros de equipo de fútbol, a una compañera de clase con la que hacía piececitos… “Al principio la gente se quedaba muy cortada. Después se animaban, les parecía una idea cojunada y venían”. La fiesta, me cuenta Albert, fue un éxito. Pusieron música y se emborracharon. “Fue una de las noches más divertidas de mi vida. Y por la mañana me amputaban la pierna”. En la camilla, camino del quirófano para amputarle la pierna, Albert le pide a la enfermera un último baile a dos piernas. Pone una cinta de Machín y, bajo la mirada del celador y dos pacientes, bailan Machín dos, tres, cinco veces…

Ahora lleva una prótesis. “No perdí una pierna, gané un muñón”. A su pierna la enterró en el cementerio. Verídico. “Yo sí que puedo decir que tengo un pie en el cementerio”, se ríe. “Un día iba por la calle y, como acababa de engrasar la prótesis, me iba goteando. Una señora mayor se me acercó y me dijo toda seria: hijo, estás perdiendo aceite”.

Albert odia la frase ‘Fulanito perdió su lucha contra el cáncer’. “Aquí nadie pierde. Ninguno de los pelones perdió. Lo importante es luchar”. Suena a tópico futbolero. Pero es verdad. Hablando con este chico me doy cuenta, aunque sea de manera pasajera, aunque sea una sensación que se evada cuando termine la conversación, de que lo importante es lo que te está sucediendo, no lo que puede sucederte, ni siquiera lo que va a sucederte. Lo importante fue, para Abert, lo que vivió. Lo que le rodeó, lo que sintió, lo que experimentó… Al fin y al cabo, lo que le hizo feliz, sabiendo lo que le podía pasar. Sólo hay que diseñar y afrontar tu entorno. Formar tu película.

“En las películas la gente con cáncer sale vomitando y llena de morfina para el dolor. El 80% de los tipos de cáncer no duelen”. Lo importante, al final, es tu película. Y Albert tiene la suya.

2 comentarios:

  1. Es el momento de chuparse la pollas, pero es verdad: escribes bien. Mucho mejor que algunos que escriben en revistas y en periódicos. Y la historia me ha dado un empujón de los buenos.

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  2. Felicidades por este artículo que constituye una más de los que nos deleitas periodicamnte y espero no desfallezcas de esta cualidad.
    Observo como te decantas hacia vivencias humanas y en todos se destadca tu gran corazón .
    Enhorabuena . Sigue así
    Nitram.

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