24 jun. 2008

Medir el tiempo en taxistas en el XVI Congreso del PP

Este fin de semana estuve en el XVI Congreso del PP. Quién me lo iba a decir a mí. Y no por nada, ¿eh? Pero, en realidad, quién me iba a decir a mí que el fin de semana del 20 al 22 de junio del año 2008, yo estaría en el XVI Congreso del PP. Y además, contento.

Contento porque en mi trabajo me eligieron a mí para ir en lo que supuso un voto de confianza de mis superiores, con lo que me puse contento y la contentura me siguió en el cuerpo aún estando en el XVI Congreso del PP todo el fin de semana. Quién me lo iba a decir a mí. E insisto, no por nada, porque la misma hilarante extrañeza me causaría estar en un Congreso Federal del PSOE o en un Cónclave del PNV o del Partido Carlista de los Pueblos de España.

Se celebró, como sabréis, en Valencia y sus 35 grados con humedad. Más concretamente en la Feria de Valencia y su aire acondicionado asesino. Ahí, en el pabellón 2, en una sala de prensa del tamaño, literalmente, de un campo de fútbol, pasé el fin de semana. Quién me lo iba a decir a mí.

Llegué el jueves y tuve la tarde libre porque la concentración de ‘pepistas’ comenzaba al día siguiente. Así que aproveché para visitar el Oceanografic. Qué bonito, oye. Muy recomendable. Sobre todo las morsas, no es broma. A partir del día siguiente, viernes, comencé a contar el tiempo en taxistas. Como mi hotel estaba en el otro lado de la ciudad, tenía que ir y venir en taxi cada jornada. Y cada viaje era un taxista y cada taxista, una historia.

El viernes a primera hora me llevó Amir Hodi, un marroquí que inventó un sistema para el cinturón de seguridad de manera que lo llevaba sujeto por detrás de la espalda, ya abrochado, y cuando quería ponérselo sólo tenía que traerlo por encima de su cabeza, y listo. Es difícil de explicar, pero el invento estaba muy bien, y Amir me explicó cómo lo hizo y me dijo que podía ponérselo y quitárselo en marcha y sin dejar de mirar a la carretera. Un fenómeno, Amir.

Ya en el Congreso, y tras pasar unos arcos de seguridad propios de un aeropuerto y caminar 15 minutos de reloj a través del enorme recinto, me situé, me senté y comencé a trabajar. Pero en cuanto tuve un rato libre no pude resistirme y me fui a curiosear. Hablé con varios compromisarios que venían de todas partes de España. Lejos del perfil de camisa y pantalón de pinzas (uniforme de la mayoría, aunque no de todos) me topé con gente de todos los gustos y opiniones. Descontentos con Rajoy, descontentos con el partido, contentos con todo… en fin, gentes de todos los colores (menos rojo), clases y condiciones. No me ocurrió lo mismo, sin embargo, cuando contacté con la gente joven. Decenas de chicos de Nuevas Generaciones echaban una mano enfundados en una camiseta de ‘Voluntarios’. Pero estos, al contrario que sus mayores, sí que tenían todos una pinta, cuanto menos, alienante. Ellos; camisa, pantalón de pinzas, zapatos, gomina o melenita con raya a un lado, y una concesión a la juventud en forma de pulsera con la bandera de España. Ellas; pelo suelto, pendientes de perlas, y un problema de pronunciación silbada con las ‘eses’. Me dieron miedo.

¡Atención llega Rajoy! Remolino de gente, carreras, golpes, empujones. El gran jefe, el líder de la manada, está aquí. Viene a visitar las instalaciones, cuan jefe de obra con corbata y casco, sólo que sin casco (ni Cascos). Mariano quiere que tras este Congreso la imagen del PP se limpie y sea la de un partido unido, sin fisuras. Se acabaron las declaraciones fuera de tono. “A partir de hoy”, dice, “sólo hablarán los que tienen que hablar: los compromisarios”. La primera en la frente para la Espe, Aznarín y el resto de camisas negras que no dejan de rajar. Mucho caso no le hicieron, como veremos enseguida, porque habló hasta el apuntador (un tipo, por otra parte, cuyo trabajo es hablar y sobre el cual, algún día, me quiero extender. ¿Por qué siempre que mucha gente hace o dice algo se dice que lo hizo o dijo hasta el apuntador? ¿Es que este hombre no tiene derecho a nada? ¿Es que cuando el apuntador hace algo es ya el colmo? Es injusto).

Regresando en taxi, ya por la noche, repaso la situación: por un lado, Mariano y sus ganas de moderar y refrescar el partido. Ganas con las que lleva desde hace cuatro años, pero no se atrevía a hacerlo o, directamente, no podía. Por eso mantuvo a su lado a gente como Acebes-Ángel, Acebes-Demonio; Zaplana o el franquista Mayor Oreja que le hicieron perder las elecciones. Pero ahora Mariano se hartó y quiere una Ejecutiva nueva, que deje atrás a todo este ‘ala ultra’. Pero la vieja guardia no se lo va a poner fácil este Congreso y, encabezados por Aznarín, le presionarán para que no se deje a ningún reaccionario en el camino. ¿Lo conseguirá? Mi taxista espera que no. Cree que el PP ha funcionado bien con Aznar y su gente y no debe cambiar. Ésa es la fórmula, me dice. “Mira cómo está Valencia, preciosa, porque la lleva el PP”, me dice. Y yo le digo que tiene toda la razón del mundo y que Ritá Barberá tiene voz de camionero de resaca. Y él me dice que le encanta Galicia y que va siempre que puede y que a ver si este verano puede ir porque con esto de la crisis y tal… ah no, desaceleración, me dice. Y nos reímos.

El taxista del sábado por la mañana es un señor mayor, de pelo blanco y aspecto entrañable. ¿Eres argentino?, le pregunté nada más oír su acento. Yo soy gallego. Y ya no dije mucho más desde ahí, porque no paró de hablar. Me contó que emigró desde Buenos Aires cuando lo del corralito, que odia Bueno Aires porque le recuerda qué difícil es vivir allí y que en Valencia está tranquilo, “porque yo lo único que quiero es estar tranquilo y mirá que Valencia ya me está quedando grande ¿eh?”. Como no, su abuelo era gallego. De Vimianzo. Casi se emociona al hablar de su abuelo. Me dice que fue la persona a la que más ha querido, que ahora tendría 117 años si viviese y que le llevó por primera vez a una cancha, la de Vélez, equipo del que ahora es fanático. Antes de irme me cuenta que una vez fue a Vimianzo a visitar la casa donde vivía su abuelo, y a hablar con la gente de allí para que le contaran que su abuelo, y tantos otros, se fueron a América porque al pueblo ya no llegaban ni las patatas ni el agua. Y también me dijo que no entiende cómo nos podemos bañar los gallegos en ese mar, “más frío que la reputa madre que lo parió”. Al bajar del taxi él también se bajó y me dio un abrazo y me deseó suerte.

Ya en el Congreso hay nervios porque, a última hora, se sabrá el nuevo equipo de Rajoy. Hasta entonces, veladas declaraciones, pese al aviso de Mariano, para que incluya entre los 35 a algún ‘vieja guardia’, cuan Marca pidiendo a Aragonés que lleve a Raúl a la Eurocopa. Pero Mariano no va a llevar a ningún Raúl porque quiere un equipo nuevo y joven, de Cescs, Iniestas y Villas, pero no se sabe si podrá con la presión y Aznar le dice en el discurso que “no se deje a nadie en el camino y que el PP no puede ser el proyecto personal de nadie” y luego se dan la mano en plan fatal te odio, y todo el intento de dar imagen de unión rueda por los suelos como Carlos Checa en sus buenos tiempos y las dos facciones se definen con claridad y ay qué nervios todo.

El día avanza y Mariano, en su discurso previo a dar la lista de seleccionados que adelantarán El Mundo y El País como lo hacen Marca y As, dice que “no hay que tocar los principios del partido pero sí hay que cambiar los procedimientos”. Ole. Traducción: hay que moderarse, coño. Que sois unos ultras y lo sabéis, joder. Que tengo que pasar de cuartos en unas elecciones de una vez, por amor de Dios. Pero la vieja guardia no se rinde y le tiran a María San Gil a la cabeza pero Mariano se agacha, y también esquiva un Oretagalarazo que le lanza Aznar y un escupitajo de la Espe que le dice que hay que ser integrador.

Y llega la hora. Y Mariano se caga en todos y en su lista no hay ni un solo dóberman. Para colmo, está el rojo de Gallardón y varios secuaces suyos del Ayuntamiento de Madrid. ¡Y ni uno de Espe! Lo único salvable es que está la Botella, que aunque es mujer de Aznarín, ¡es también del Gallardón F. C.! Y bueno, mete a María del Mar Blanco como vocal porque es la hermana de Miguel Ángel Blanco.

En resumen, que Rajoy, de momento, se sale con la suya, y se lleva a la Eurocopa (léase elecciones gallegas de 2009, su primera prueba de fuego) a los moderados, María Dolores De Cospedal, Alberto Ruiz-Gallardón, la nueva Soraya Sanz de Santamaría relajada, etcétera (¿por qué los del PP tienen estos nombres?). Y va el tío y añade, yo creo que pa mear encima de los derrotados, que ¡hasta no se cierra a hablar con los nacionalistas! Pero Mariano, ¿con ellos? Y la Espe a lo suyo, rajando sin parar diciendo que “es muy fácil ser integrador con los del botafumeiro”. Tiene gracia y todo.

Con mi último taxista concluyo que tenemos nuevo PP. Mariano se sacudió por fin el viejo y duro PP y comienza una nueva era. A ver cómo le va. Mi taxista me dice que cree que hace bien, porque Aznar y compañía no le gustan, le parecen muy soberbios y me dice que nosotros los del PP… Un momento, le digo, ¿nosotros? No, oiga, que yo vengo aquí a currar. Yo no soy de ningún partido. ¿Ah no?, me dice. Que no, que a mí Aznar me cae fatal, le digo, y con mi frase le suelto la correa de la diplomacia. “Es que Aznar es un imbécil y un cretino”, me dice como descargando lo contendido. Y yo me descojono. Y al llegar al aeropuerto también se baja conmigo del taxi y me da la mano.

Me voy de Valencia y de sus 35 grados con una idea más o menos clara: qué buena gente los taxistas de Valencia. Y qué moderados.

4 comentarios:

  1. Pasa una cosa con los taxistas. Son los tipos más majos del mundo cuando te subes a su taxi. Tan entrañables, que hasta les perdonas que escuchen la Cope. Pero si te relacionas con ellos de conductor a conductor... Yo los fusilaría al amanecer a todos y sin Extrema Unción, que jode más. Para triunfar en el PP deberías llamarte Ignacio Mayoral de la Carreta. Para triunfar en tu trabajo me quedo con Nacho Carretero.

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  2. Hoy me he dado cuenta que tengo apellido del PP(2 apellidos compuestos), un futuro prometedor a mis puertas y yo sin darme cuenta...en fin,que risa de partido.
    Por cierto,más común es la frase "murió hasta el apuntador"(al menos en mi familia se dice asi),que como comprobarás, tiene más sentido. Apertas meu!.Edu. (Odio a los taxistas desde que conduzco)

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  3. ¡Lo que me perdí yendo al congreso en coche! Sólo oía los mensajes del GPS, que además estaba al borde del llanto porque, con tanta obra magna que llena Valencia, el pobre aparato se encontraba en medio de la nada, con la flecha dando vueltas y vueltas en una pantalla en blanco.

    Qué texto más bueno, Nacho. Igual podemos hacer la revolución del periodismo a partir de los taxistas; así igual conseguiríamos que alguien en un fin de semana de sol leyera nuestras esforzadas crónicas políticas.

    ¡Un beso! Nos vemos por tu blog.

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  4. Mola un monton el contraste entre las palabras vacias de los politicos y politicuchos y aquellas humildes de los taxistas, entre el ambiente aseptico del congreso y aquello sencillo y verdadero de los trabajadores, de la vida real...
    Muy muy bueno!!

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