13 jun. 2008

Que se la pique(te) un pollo

Yo creo que es cuestión de intentar entender un poco a todas las partes, aunque suene un poco romántico, casi cursi. En el tema de la huelga, digo. No es plan de odiar para siempre jamás a los piqueteros por cortar carreteras, ni de defenderlos hasta la irracionalidad por solidaridad con sus reclamaciones.

Lo que es verdad es que hay unas posiciones más fáciles que otras. Decir que los piquetes informativos son un grupo de animales antidemocráticos es una de ellas. Es verdad que hay algunos que más les valdría estarse quietecitos, pero puedo entender su impotencia. No me trago eso de que la huelga es un derecho legítimo en el que hay que parar de trabajar y respetar a quien no quiera secundarlo. Eso es muy bonito sobre el papel, si no existieran una serie empresarios sin media moral que aprovechan estos paros para poner a trabajar a diez desesperados por la mitad de precio y con el doble de ganancia, haciendo que el resultado final del paro apenas afecte al funcionamiento del país y mandando al traste sus herramientas de presión. Está claro que no puedes prender fuego a quien decida trabajar, sobra decirlo, pero que los que queden finalmente de hijos de puta sean los piqueteros (algunos, insito, se lo buscan) y no los esquiroles, es un drama, además de una exhibición de anticompañerismo y de ausencia de conciencia.

Al final se critica lo fácil, al cabrón que insulta y detiene furgonetas de esquiroles, pero sale indemne el cabronazo que revienta toda una movilización aprovechando la situación desesperada, no lo olvidemos: desesperada, de todo un colectivo, para hacer dinero.

En este caso, es paradójico, la huelga de transportistas, ha sido convocada por tres federaciones que representan el 12% del sector y que, en todos los casos, son empresarios. Es decir, la huelga la convocan empresarios que están perdiendo dinero. Esto ya no es siquiera una cuestión de romanticismo de clase social, es una cuestión de que pierden dinero y lo van a perder si no cambian las condiciones, paren o no. A ver si frenabas tú a furgonetas de esquiroles con tres hijos y una hipoteca a tus espaldas. A ver si la dejabas pasar para respetar a quién no quiera secundar tu paro. Hombre, por favor…

Sin embargo, un Gobierno que se hace llamar socialista, pone en marcha toda una maquinaria sibilina para envilecer hasta el límite la figura de los huelguistas y angelizar al personaje que decide trabajar. Cuando, la realidad, ni más ni menos, es la contraria. Para eso basta con permitir incidentes que rocen la ‘kale borroka’ para escandaliza al ciudadano bien, y después sacar a la policía salvadora que nos devuelve el orden y el concierto a nuestras acomodadas vidas. ‘Tolerancia cero’ con los piqueteros y garantizar escolta a quien desee trabajar; a eso se limita este gobierno ensuciando la imagen de los huelguistas más de lo que ya se la ensucian ellos mismo con comportamientos desviados, (y aislados, hay que decirlo). Sin embargo no explica quiénes son esos que desean trabajar, por qué lo hacen, y cuánta tolerancia se da a los espectaculares abusos policiales, que tienen que cumplir su trabajo, claro está, sin pensar en qué situación está ese otro trabajador a quien está aplastando contra el suelo por tirar una bengala.

Nadie sale a la calle por gusto. Ni transportistas, ni pescadores, ni agricultores, ni ejecutivos, ni banqueros. Nadie. Todos quieren regresar a su casa y estar con su familia o irse de putas. Pero estar tranquilos. Nadie hace barricadas ni se engancha a furgonetas por deporte. Para hacer eso, tienes que estar muy, muy jodido.

Y a partir de esto, regreso al inicio. Ni tanto, ni tan poco. Ni que esto se convierta en una batalla campal global e innecesaria, ni tragar con el mensaje oculto de que los huelguistas son unos cabezotas caprichosos, y además violentos, que no respetan a quien sí desea trabajar. Solidaridad con quien se echa en la calle. Es lo mínimo. La solución no está en su mano, está en la de un gobierno que se esconde, les deja hacer, utiliza su maquinaria para ponerles careta de malvados, y luego los aplasta en nombre del bienestar.

Si es que estás cosas, me ponen rojo.

7 comentarios:

  1. Ay, te has puesto rojo, que bonito final.
    Me gusta la conclusión intrínseca de esta entrada, si es que en el fondo tú también eres un anarco-capitalista pero todavía no te has dado cuenta.
    Los actos ilegales de varios trabajadores no se pueden permitir y punto, ponen en peligro la vida de los demás y la suya propia. Y sí, me mojo y digo que el monopolizador de la violencia debe usarla en defensa del resto de ciudadanos ya que le pagamos por ello Que al menos eso pueda hacerlo ya que lo demás no sabe. Me refiero a la economía claro. Como bien dices, además, detrás están las confederaciones. Creo que si lo tratan de revestir como revueltas obreras huele a chamusquina...
    Al fin y al cabo la razón última de todo esto es el intervencionismo (una vez más) del Estado sobre los precios. Basta de espejos deformantes. Este gobierno, este partido, al igual que los demás, se ha covertido en una verdulera que ofrece dinero a cambio de votos, insultando la dignidad de miles de trabajadores con artimañas. Y son artimañas porque no regalan nada, lo comprobaremos en nuestro balance fiscal (si, esto es otro tema)
    De todas formas, y perdona mi franqueza, creo que deberías separar mejor lo legal de lo político en tus conclusiones.
    Abrazos de un autónomo en apuros. Repitan conmigo: ¿dónde está mi dinero?

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  2. De vergüenza lo de Interior.

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  3. Tal vez tengas razón, lo legal es evitar actos de violencia de los piqueteros, y lo político pensar por qué lo hacen. Pero es que separar lo legal (la teoría sobre el papel) de lo político (la realidad) no es tan fácil. Por eso me empeño en destacar cuánto empeño hay en neutralizar a los piqueteros y escoltar a quien sí quiere trabajar, y qué poco en desenmascarar la verdadera situación y el por qué trabajan los que trabajan (los esquiroles, para entendernos).

    El resultado final, insisto, es que los huelguistas son demonios y los esquiroles, honrados trabajadores no respetados. Y eso no es así.

    Aún más grave es contemplar la situación global como una simple molestia. "El conflicto del transporte todavía nos puede dar algún dolor de cabeza". Lo dijo hoy mismo Rubalcaba, es escandaloso. Al Ministro le da dolor de cabeza los molestos y gamberros camioneros.

    Mientras, la Guardia Civil retiene camiones para evitar que bloqueen Madrid. Pero, ¿por qué nos paran?, preguntaba un camionero. Tenemos órdenes de pararles, respondía el Guardia Civil. Pero, ¿por qué? Órdenes. Y se iba. Es grimoso. "Órdenes". ¿Órdenes de quién? ¿Del Ministerio del Bienestar? ¿Con qué base jurídica?

    La maquinaria para frenar y callar a los camioneros ya no entiende ni de bases jurídicas. Es tremendo.

    El colmo es que Fomento firma un acuerdo con CNCT, Confederación de Transportistas ¡que no estaba en huelga! Y con ellos ejemplifican que se puede, que ellos sí ceden y son buenos y velan por nuestras carreteras. E invitan a los convocantes a sumarse a este acuerdo de los buenos, un acuerdo de quien, repito, ¡no estaba en huelga! Pero no quieren. Son cabezotas, estos huelguistas...

    Pero qué grima de maniobras por favor. ¿Qué es este abuso de poder y manipulación al lado de un berenjenazo o una bengala que, además, la tira quien necesita comer?

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  4. Todo trabajador tiene derecho a ponerse en huelga, incluso los empresarios, solo faltaría.
    Lo que nadie tiene derecho es “joder al prójimo”.
    Todo trabajador que tenga un problema de la índole que sea (tenga la culpa o no el gobierno) tiene derecho a ir a casa del vecino y bloquearla la salida de su casa, incluso ponerse delante del camión para que no pueda salir.
    Si estas de acuerdo con esta teoría, estarás de acuerdo que el lunes pasado montones de trabajadores no pudieron llegar a su trabajo y se lo descontaron (señoras de la limpieza que trabajan por horas peones de la construcción, vendedores etc, etc, etc) y otros tardamos tres horas en llegar a nuestro puesto de trabajo.
    Si el gobierno les pone autobuses para venir mañana desde Benavente a la manifestación ¿a qué no vienen?
    Por supuesto que TOLERANCIA CERO

    Martin

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  5. Encantado de que se genere debate. Bienvenidas todas las opiniones.

    No defiendo a quien bloqueó las carreteras o hizo barricadas. Lo expliqué -tal vez mal, lo admito- en el texto: son actuaciones que caen por su propio peso.

    Lo que sí defiendo y por lo que no paso, es que en las medidas de presión de los huelguistas, los afectados echemos la culpa única y exclusivamente a ellos. Primero, porque en la mayoría de bloqueos, si de esto concretamente hablamos, los camioneros dejaron pasar a todos los vehículos de particulares. Sólo una mínima parte mucho más ruidosa se convirtió en un bloqueo inmoral. Y segundo, porque en estos hechos aislados pero bien aireados, se pudo actuar antes y mejor, no tarde y con abuso para denigrar al máximo a los 'camioneros-terroristas' y dejar al Gobierno de salvaguarda de nuestros derechos.

    Si de derechos hablamos, hablemos de quien pierde dinero sistemáticamente por arrancar su camión. Es fácil acordarse de toda su familia cuando nos roza su protesta. Pero de su familia habría que acordarse más, y de otra manera, cuando se echan a la calle.

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  6. !Muy buena idea la de colgar las fotos!

    En una ocasión nos enseñaste una en la que aparece una mano sujetando una bola del mundo que no está y me gustaría volver a ver.

    ¿Me complaces?

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  7. Evidentemente, gracias a la policía pudimos pasar los particulares, que si no hubieran cerrado las carreteras y sino al tiempo porque esto no a terminado. Lo que tenemos que respetar es el derecho de cada uno a trabajar.
    Esta huelga de empresarios no tiene sentido, a todos lo sectores le afecta la subida del gasolina A TODOS, y las empresas tiene que ajustar sus costes, no me vale que me sale mas rentable dejar los camiones en casa y no trabajar, a Ti al de Indetex al de Holcim, al comerciante y al que tiene que trasladarse todos los días en coche a su trabajo. Pero es que resulta que el precio del petróleo, el pescado, las verduras no lo fija el gobierno sino el mercado. Por lo tanto no pidas al gobierno que te fije un precio. Y no discuto más

    Martín

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