20 oct. 2008

Italia y la mafia. Capítulo 2: Sicilia.

Pasemos a divagar un poco sobre la Cosa Nostra (‘asunto que nos atañe sólo a nosotros’, en italiano), la mafia siciliana.

La Cosa Nostra, como denomina el periodismo a la mafia siciliana, existe desde, por lo menos, el Siglo XIX. Su razón de ser viene dada por la historia de la isla: se trata de una región con una marcadísima identidad pero que apenas gozó de independencia ni autonomía. Fue griega, española, italiana… y siempre maltratada por ser poco provechosa para sus conquistadores. No sólo su árido paisaje motivaba este maltrato y desprecio por los estados que la gobernaban. El carácter de sus habitantes también ayudó. La sociedad siciliana, como todas las sociedades mediterráneas, estaba estructurada en base a las familias. En esta región, el concepto familia fue algo más allá y se convirtió ya en la Antigüedad en clanes, tal y como pasaba en las islas vecinas de Cerdeña y Córcega. Estos clanes convivían con una base de códigos de honor muy exigente y marcada, y que desembocaba en enfrentamientos violentos con frecuencia: el más nimio de los motivos suponía una afrenta, una falta de respeto o un desafío a la familia o persona, y había que limpiarlo con sangre. Parece una broma, pero este comportamiento social está perfectamente reflejado (y también parodiado) en el cómic Astérix en Córcega.

Estos continuos desencuentros de honor hicieron que la violencia se convirtiese en la manera normal de resolver los malentendidos en la isla, y de ahí que los estados que conquistaban Sicilia, maltratasen y despreciasen a una sociedad tan violenta y hermética. Como la pescadilla que se muerde la cola, la sociedad siciliana también despreciaba al estado que le dominaba, dada su hostilidad. Éste es el caldo de cultivo de la mafia siciliana (también de la sarda o corsa, que no llegaron a desarrollarse de la misma manera). Dado que la relación Estado-sicilianos era imposible, ¿a quién acudían los habitantes cuando necesitaba algo del Gobierno?: En la Edad Media cada jefe de clan se convierte en terrateniente. En Sicilia funcionaba igual que en el resto de Europa: el terrateniente dominaba extensos terrenos con los campesinos trabajando para él a cambio de casa y comida. Pero con los años en la isla esta relación fue más allá y el terrateniente se convirtió en algo más que un señor. Él impartía justicia y decidía el futuro del pueblo y de las familias de trabajadores. Si había un problema, se acudía al señor. Si necesitaban algo, el señor se lo daba. Si el invasor molestaba, el señor se encargaba. A cambio, cobraba impuestos. Los que a él le diera la gana, claro. Además no aceptar su ayuda suponía una falta de respeto que se castigaba. Y aceptarla te vinculaba a devolver el favor cuando el señor lo requiriera. Fuera cual fuera el favor. Así nace la mafia y sigue los mismo patrones cuando muere el siglo XIX y comienza el XX, con el dominio de Italia y los terratenientes convertidos en alcaldes. El estado italiano sigue siendo visto como el invasor, los jefes mafiosos hacen y deshacen a su antojo y el nuevo conquistador de la isla se rinde ante el dominio mafioso y delega ante ellos. Es decir: durante las primeras décadas de siglo XX Sicilia es un país gobernado literalmente a todos los niveles por la mafia. No existe otra autoridad válida para los vecinos y habitantes. La consecuencia es clara: Sicilia se para en el tiempo (junto con las otras regiones dominadas por la mafia) mientras que el norte del país se desarrolla.
Sólo con la llegada del fascismo de Mussolini la mafia se tambalea. El dictador la combate con fuerza y encarcela a los principales jefes mafiosos. Lo curioso es que no lo hace por convicción, ya que nunca admite públicamente su existencia (“acaben con eso de la mafia sea lo que sea”, llega a ordenar), sino por una anécdota que vive en su primera visita a la isla que hiere su fascista orgullo y que muestra quién mandaba entonces en la región: cuando llega por primera vez a Sicilia, Il Duce visita el pueblo de Piana de Greci. Llega en comitiva, rodeado de guardaespaldas y séquito. Francesco Cuccia, el alcalde del pueblo (mafioso, por supuesto) molesto por la presencia de los guardaespaldas, le dijo al oído: “Está usted conmigo, está bajo mi protección, ¿Para qué necesita todos estos carabinieri?”. La frase no sentó nada bien al dictador, que no permitía estar bajo la protección de nadie, así que se enfrentó al alcalde. Ofendido, éste prohibió a los vecinos asistir al discurso que Mussolini pronunciaría en la plaza central por la tarde. Cuando Il Duce llegó, comprobó cómo todo estaba preparado para su discurso pero en la plaza no había ni un alma. Los vecinos temían más al alcalde que a Mussolini. Fue un desafío directo que desembocó en una brutal represión. Años después, tras la Segunda Guerra mundial, los estadounidenses liberaron a todos los jefes mafiosos. Hay quien dice que por considerarlos presos políticos y hay quien dice que como devolución de favor tras las ayudas a la CIA de Lucky Luciano y otros mafiosos sicilianos afincados en EEUU para combatir el fascismo en Sicilia. Desde entonces, y hasta los años 80 en los que tiene lugar el macro-proceso, la Cosa Nostra se muestra en plena forma en la isla.

Antes de este macro-proceso cabe señalar en un paréntesis que el fenómeno mafioso siciliano se exportó. La masiva inmigración siciliana a EEUU entre el siglo XIX y XX llevó al país americano las costumbres de la isla. Entre ella, la mafia. El fenómeno mafioso se instaló en Nueva York y Chicago con nombres propios como los de Al Capone o Lucky Luciano. Durante el siglo XX cinco familias mafiosas (que aún existen) se repartieron el poder de Nueva York. La dejadez de la política estadounidense de entonces para con las barriadas de las grandes ciudades, reprodujo el fenómeno del abandono italiano a las regiones del sur, haciendo fermentar la mafia hasta alcanzar increíbles cotas de poder en Chicago y Nueva York. Con mayor discreción y ausencia de violencia (al menos publicitada), la mafia siciliana sigue vigente en EEUU, hasta el punto que el año pasado, detuvieron a varios capos neoyorkinos en Sicilia, donde iban a ‘tomar clases’ de jefes locales sobre códigos y comportamientos mafiosos.

En el año 1986 comienza el macro-proceso. En un búnker convertido en sala de juicio custodiado por el Ejército, son procesados cientos de mafiosos por el juez antimafia Giovanni Falcone, posteriormente asesinado. Ambos capítulos terminan con la mafia siciliana tal y como era entendida hasta la fecha.

¿Por qué se llega a este punto? Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y hasta ese momento, la mafia domina Sicilia. Los intentos por combatirla de Italia son tímidos y desganados. Su funcionamiento es piramidal: existen varias familias en Sicilia que se dividen territorios y negocios. Cada una de ellas está dividida en rangos con un capo al frente. Los capos de todas las familias conforman una especie de cúpula mandataria que es dirigida por un único jefe supremo, el capo dei capi. Si este cae, se nombra un sucesor o se desata una guerra entre las familias para ver quién es el nuevo capo dei capi. Estas guerras fueron constantes durante los años 60, 70 y 80. En esta última década llegó la más sonada, por su violencia y porque comenzó a aceptarse la existencia de la mafia y a publicitarla en los medios de comunicación italianos. Esta guerra enfrentó a la familia mafiosa de Palermo, la capital, y a la familia mafiosa de Corleone, un pueblo del interior, pequeño, pero temible por la violencia de sus mafiosos y el arraigo de este modo de vida en sus habitantes. Hasta tal punto, que la mafia del pequeño pueblo venció a la de la gran capital, y los corleoneses pasaron a controlar a todas las familias. El nuevo capo dei capi era Toto Riina, el mafioso más despiadado de cuantos se recuerdan en Sicilia. Con Toto Riina al frente, la mafia siciliana dominó la isla y asesinó a su principal enemigo: el juez antimafia Giovanni Falcone, hoy un símbolo de la lucha contra la mafia. No hay ciudad italiana que no le haya dedicado una calle o plaza, fenómeno especialmente marcado en las ciudades sicilianas. Hoy Corleone es una pequeña e inquietante ciudad en medio de la nada más interior de Sicilia, con un museo antimafia y un cura (si tienes suerte y lo convences, como hice yo) que te enseña el pueblo y te dice en un tono más bajo cuando pasas por al lado: “esta es la casa de Toto Riina, donde aún vive su mujer”. El asesinato de Falcone hace que el gobierno italiano envíe al ejército a Palermo y la sociedad siciliana levante por primera vez en la historia la voz contra la mafia. Eso permite a la policía dedicarse en exclusiva a la lucha mafiosa, y detienen a centenares de ellos. Son juzgados en el macroproceso y Toto Riina es condenado a tres cadenas perpetuas.

Así termina las espectaculares y llamativas guerras mafiosas que aún perduran en otros sitios como en Nápoles. El sucesor de Riina, el también corleonés, Bernardo Provenzano, cambia los métodos. Provenzano, apodado ‘el tractor’, evita a toda costa la sangre y se dedica a los negocios. Estuvo casi 40 años en busca y captura. Se le detuvo hace dos años en una casita de las afueras de Palermo, donde vivía recluido. Trasmitía sus órdenes mediante ‘pizzini’, pequeños trozos de papel con instrucciones en clave con los que dirigía todas las operaciones mafiosas de la Cosa Nostra. Tras su detención, tomó el mando Lo Piccolo, también detenido, y actualmente está al frente de la mafia siciliana Matteo Messina Denaro.

Todos ellos apostaron y apuestan todavía por la invisibilidad como único método de supervivencia de la mafia siciliana. Atrás quedan las guerras y el dominio de la isla a cara descubierta. Sin embargo, datos como el del estudio expuesto en el margen de este blog, contradicen con contundencia la idea de que la mafia siciliana ha desaparecido. La mayoría de comercios y negocios sicilianos siguen pagando a la mafia. Recorrer Sicilia también te da algunas pistas. La costa está plagada de casas y urbanizaciones a medio a hacer. La mafia es la primera acusada por los oriundos, que te explican que se adjudican las obras pero nunca las llevan a cabo, dejando fantasmagóricos paisajes en las playas del sur y del oeste. Con las carreteras pasa lo mismo. Hay mapas que señalan autopistas que no existen o aparecen otras que no vienen en el mapa. Ni los vecinos mismos sabían decirme en ocasiones si la autopista estaba terminada o no, porque llevaba años proyectada. El desarrollo de la región también contrasta con el de otras zonas de Italia. Palermo tiene barrios que te hacen sentirte muy lejos de Europa. En uno de ellos, La Kalsa, la misión de Santa Teresa de Jesús puso un centro en los años 80 para alimentar a los niños del barrio. La medida ofendió al gobierno italiano, pero deja bien claro cuál era la situación de Palermo. En general nadie habla de mafia, pero, por alguna razón, se percibe. Si abres un poco los ojos al visitar la isla, la percibes. Sigue ahí, en silencio.

3 comentarios:

  1. Ey tío! No sigas documentándote sobre este tema, entendido? Podría ser peligroso. No quiero seguir compartiendo piso con el Roberto Saviano español, de acuerdo?
    ¿¿El cura de Corleone?? ¿¿Te has vuelto loco??

    ResponderEliminar