25 nov. 2008

Domingo

Es domingo. Tengo prisa. Todavía tengo que ir a casa de mi amigo Jacobo para devolverle el traje de la noche anterior y buscar un bar donde poder ver el partido del Deportivo. La resaca sigue conmigo, le gusta este domingo frío y húmedo, así que actúo sin pensar demasiado. Si lo hago, tal vez me quede en el sillón buscando una web pirata donde escudriñar el partido. Pero tengo prisa. Y no puedo pensar.

Salgo del periódico a las ocho de la tarde y cojo el metro. Ha sido un duro domingo en el trabajo. Amenaza con llover. Hace frío. Llego a casa y abro una mochila. Chaqueta, corbata, camisa, pantalones. Todo dentro. ¡Cielos!, los zapatos. También adentro. Mi madre me enseñó que hay que meterlos en una bolsa de plástico. ¿Quién podría ponerse a buscar una bolsa de plástico ahora? Son las ocho y media. El Dépor empieza a las nueve. Apuro el domingo como un niño que chupa el plato después de zamparse el pastel.

Mochila sobre los hombros parto hacia casa de Jacobo. Nueve menos veinte. Ah sí, lo del traje. Es que el sábado fuimos a una fiesta VIP. Una amiga de Jacobo nos invitó. Resulta que estábamos en el Bar Mérida, con Jose y Rodrigo, cuando nos llamó y nos dijo que teníamos pases para ir a una fista VIP, con farándula, en un garito que está debajo del viaducto de Segovia. ¿Fiesta VIP? ¿Qué es eso? ¿Cómo hay que ir a eso? “De traje”, dice alguno sin inmutarse. La idea nos fascina al instante. “Y sombrero”, añade alguien. Nos gusta tanto la decisión que salimos corriendo del bar, corriendo literalmente por las calles, a ponernos un traje a casa de Jacobo. “¿¿Un traje??”. La amiga de Jacobo y anfitriona de la fiesta. “No podéis ir de traje. Nadie va a ir de traje. La gente irá normal”, protesta. Pero nuestra decisión es irrevocable. Y los cuatro salimos de casa, rumbo a la fiesta VIP, con nuestros trajes.
Ya en el garito nos comunican que estamos en lista. Alguien asegura que es porque nos vieron de traje. Otro discrepa. En cualquier caso, estamos convencidos del acierto. En la barra, nada más entrar, un mar de elegantes copas de champán dan la bienvenida. No puedo creer que mis amigos, de traje, se las estén bebiendo todas sin el menor reparo. Qué calor hace aquí dentro. Y la corbata me ahoga. Será mejor que me siente, porque creo que me estoy mareando. Yo sé que el tipo que me habla es un cantante muy conocido, pero me importa una mierda. Si no me siento me voy a desmayar. Con la corbata aflojada estoy mucho mejor. “¿Por qué vas así vestido?”. Me lo pregunta un chico con sombrero, camiseta rojo chillón sin botones y un rosario colgado del cuello. “Porque esto es una fiesta VIP”, le digo. Y termino mi Brugal con Coca-Cola. El tipo se ríe. Y luego me cuenta que es el ‘prota’ de un musical que nunca iré a ver y que presentó un programa en Antena 3 que nunca vi. Se nos une a la conversación un cazatendencias asesor de moda. “Lo importante es sentirse cómodo con lo que llevas”, me dice al verme de traje. Salgo disparado de allí.

Hace horas que no veo a mis amigos. ¿Se los habrá llevado la policía ya? Aquel es Jacobo, y habla con el actor que hace de Luisma en la tele. Y esa chica es modelo, es Laura Ponte, que creo que es gallega. “¿Osado? ¡Qué va hombre!”, me responde entre risas. Y se larga. “¿Por qué no nos vamos al bar de enfrente que es muy divertido?”, propone Jacobo ya cansado del faranduleo. Y a todos nos parece genial. Menos a Jose, que desapareció hace horas y es el día de hoy que no sé dónde está. Espero que siga de traje…

Nueve menos diez. Jacobo no contesta al maldito timbre. Por fin me abre. “¿Me trajiste la corbata?”. Es lo único que le preocupa. “¿Vienes a ver el Depor?”, le digo. “No. Me mareo”. Y me largo. De nuevo con mochila por la calle Santa Isabel, frontera entre Atocha y Lavapiés. Ahora llevo mi ropa del día anterior a las espaldas. Bar Los Nogales. Nueve y diez. Asomo mi cabeza, tres viejos y una pantalla gigante. Deportivo 1 Athletic 0. “Perfecto”.

Tomo asiento en la barra. La doble resaca me golpea de nuevo. Resulta que el viernes, víspera de la fiesta VIP, mi amigo Eme decidió hacer una despedida porque se va a vivir a Londres. Demasiados gallegos en pocos metros cuadrados, así que la cosa acabo más tarde de lo que acaba la noche. Una caña me ayudará a sobrellevar mejor el partido. Cómo está jugando de bien el Dépor…

Los clientes se conocen entre ellos de toda la vida. Un matrimonio habla desde la mesa del fondo. En otra, cuatro paisanos juegan a las cartas y de pie, en la barra, está el chico más bizco que vi en mi vida. Un chino exprime la máquina tragaperras y a mi lado un apacible señor de pelo blanco defiende que al Atlético de Madrid ya le han pitado dos penaltis injustos en el descuento. En el descanso comienzo a hablar con él. Se llama Eduardo. Es menudo y habla muy pausadamente, con una voz muy relajante. El chico bizco le dice casi gritando que si ha visto el partido del Real Madrid de baloncesto. Que jugaron un partidazo y que robaron un montón de balones. “Es que en eso de robar, sois los mejores…”, le contesta pausado y sin perturbar el gesto. Eduardo jugó en el Rayo Vallecano en Segunda División a finales de los años 50. Casi ficha por su amado Atleti, aunque al final no se dio. Es buen amigo de Jabo Irureta, que le invitó a su partido de despedida y les regaló un reloj a todos los jugadores que fueron. Eduardo me cuenta que el director del periódico As de aquella época le cogió el reloj en el vestuario, lo miró y le dijo que eso lo vendía en el rastro por dos duros. “Eres un mierda”, me cuenta que le respondió. “Ala, vete de aquí”, le dijo. “A mí me da igual cuánto costaba el reloj. A mí me gustó el gesto de Jabo”.

Dejó el fútbol antes de tiempo por la rodilla. Y se puso a trabajar de comercial. Eduardo tenía que ir una vez al mes a Lugo desde Madrid. Iba en su Seiscientos y hacía noche en Ponferrada. “Y al día siguiente seguía y llegaba justito de noche a Lugo”. En total, dos días de viaje. “Horroroso”, me dice. Más tarde se presentó con Santos Campano y otros personajes importantes de Madrid a las elecciones para presidir el Atlético que finalmente ganó Gil. “Que no tenía ni idea de fútbol, sólo quería hacer dinero”.

Empieza la segunda parte. Los dos nos giramos y vemos el partido. “Yo le tengo mucho cariño al Deportivo, hombre”, me dice. Nuestra charla gotea, más atentos al partido (sobre todo yo) que a lo que decimos. El Dépor sufre. Faltan pocos minutos para que termine y nos pueden empatar. Sería terrible. Si nos empatan no podría volver al bar (nunca vuelvo a los bares donde el Dépor no gana) y perdería a Eduardo, que me ha invitado a las cañas y me dice que a ver si vuelvo por ahí. Gol del Dépor. Sentencia. Fenomenal, volveré a ver a Eduardo, del que me despido con un apretón de manos. “Mucho gusto”, me dice. “Eres un chaval fenomenal”.

Mochila a la espalda otra vez. Ya casi estoy en casa. Son las once de la noche. El fin de semana muere y mis fuerzas también. Es domingo y me doy cuenta de que estaba mejor con Eduardo en el bar Los Nogales que en la fiesta VIP con los famosos. Debe ser que no puedo pensar.

4 comentarios:

  1. "URGENTE"
    No me creo que estuvieras en una fiesta con famosos y no nos digas el nombre de todos y cada uno de ellos.
    !!Cotillea por favor!!

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  2. "URGENTE"
    No me creo que estuvieras viendo el fútbol con gente anónima y no nos digas el nombre de todos y cada uno de ellos.
    !!Cotillea por favor!!

    (me ha molao mucho tu 'Domingo')

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  3. "URGENTE"
    No me creo que estuvieras con todos y cada uno de ellos y no nos veas en una fiesta de gente anónima viendo el fútbol con famosos.
    !!Favorea, por cotilla!!

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