2 abr. 2009

La gente que no puede más

No me quiero poner alarmista, no es mi estilo y, además, siempre he sido muy crítico con los alarmismos. Pero la cosa se está poniendo muy malita. Muy malita.

Aunque no hace falta ser un experto, me comentaba el otro día un entendido en la materia que a una crisis económica le sigue con la misma virulencia una crisis social. Se vio en otros ciclos depresivos y en este comienza asomar. Efectivamente, el fantasma de la crisis social está empezando asomar la cabeza por la vieja y acomodada Europa.

Lo noté en mis carnes hace una semana. Una mañana soleada me dirigí a la plaza de Neptuno de Madrid para dar fe periodística de la primera gran manifestación de autónomos. No eran muchos, apenas llegaban a 1.500 personas. No es fácil reunir entre semana a gente que es en sí misma una empresa y que no puede dejar de serlo un solo día. Poco importó la cantidad. En mis dos horas con ellos pude ver, por primera vez y no me avergüenza decirlo, pude ver la verdadera desesperación de la gente por la crisis. Me encontré con la crisis social llamando a la puerta.
Los autónomos se quejan de que son los que más riqueza han creado para la economía española y los más abandonados ahora que vienen duras. No tiene derecho a paro, ni a jubilación, ni pueden aplazar sus pagos trimestrales del IVA, están cobrando muchos de ellos en pagarés de dudosa garantía debido a la situación, son los últimos en cobrar en la cadena de trabajo y la morosidad de las grandes empresas con ellos les devora. Son palabras. Los hechos son hombres de más de 50 años, con lágrimas en los ojos, rompiendo el cordón de la Policía Nacional para llegar hasta la puerta del Congreso y, una vez allí, pedir que saliese Zapatero a dar explicaciones. Tal es la situación de esta gente, que se han ido directamente al Congreso a pedirle al presidente que salga y les ayude. Supongo que hay antecedentes, pero yo nunca vi nada parecido. El presidente, por cierto, no salió. Sí salió esa muñequita de repetición llamada Soraya Sáez de Santamaría (para ser alto cargo del PP tienes que estar lleno de apellidos raros) a hablar con los ciudadanos. En un patético ejercicio de populismo, acompañada de Cristóbal Montoro, repartía besos y comprensión entre los presentes que no se cortaban un pelo. “¿Te han cortado alguna vez la luz de tu casa?”, le gritó uno. Soraya ni le miró. Era un hombre, un trabajador por cuenta propia, que no sabía ya que hacer para salir adelante. Era el ejemplo de la situación de la gente, echada a la calle a pedir ayuda directamente al presidente porque ya no pueden más. “Qué me vas a contar –le dijo Soraya a una veterana autónoma- si mi madre era autónoma”. En fin.

En Europa la cosa está igual. En Escocia los banqueros llevan escolta desde que hace un par de semanas asaltaron la mansión de uno de ellos. En Escocia, la situación es tan precaria, que hay quien interpreta el hecho de que un banquero viva en una mansión como un insulto. Ahora, van todos protegidos. Protegidos de la gente que no puede más.

En Italia, para que los banqueros no sean atacados, el gobierno de don Silvio lleva meses trabajando en una maquinaria psicológica que convenza al país de que la culpa de todo la tienen los inmigrantes. Si no, no se entiende como un país civilizado puede permitir a su presidente cercar literalmente los poblados de la región del Lazio, levantar empalizadas, colocar cámaras y policía alrededor, e impedir la libre entrada y salida de sus habitantes, siempre inmigrantes nómadas. O cómo pueden hacer la vista gorda ante la iniciativa de que los gitanos sean censados por la policía por el hecho de ser gitanos. Sin más. O cómo nadie dice nada cuando un ministro se congratula de que “los gitanos se están yendo a la permisiva España de Zapatero”. Italia ha logrado perfilar una inmejorable cabeza de turco que les descargue responsabilidad. No sólo eso, sino que ahora, limpiando el país de inmigración, pueden ser los héroes que paliaron la crisis.

Sea como sea, el enfrentamiento entre la población autóctona y la comunidad inmigrante es una reacción social ya estudiada en tiempos de crisis. David Reher, catedrático en sociología al que a veces llamo para charlar con la excusa de un reportaje en el periódico, me contaba que él calificaría una reacción contra la comunidad inmigrante de “humana antes que de xenófoba, ya que cuando el humano se siente amenazado, se defiende contra lo extraño, contra lo nuevo”. Si esto es así, un país como Italia debería no sólo preverlo, sino mitigarlo. Alimentarlo, fomentar el odio o dirigir culpas delibradamente, sólo ahondará la crisis social que, de seguir así, se cierne sobre Europa.

La prueba de que Reher no va desencaminado, la encontramos en Inglaterra, donde los trabajadores de varias centrales se pusieron en huelga exigiendo que tenían prioridad al puesto de trabajo antes que un inmigrante (con documentación) por el hecho de ser británicos. “Razonar que se tienen más derechos que otra persona por la nacionalidad es decimonónico”, me comentaba Juan Carlos Giménez, profesor de Sociología de la Universidad San Pablo. “Es una idea nacionalista”, añadía. Sea como sea, una vez más, crisis social.

En Francia ya van dos huelgas generales y en Grecia, para que contar, con un chaval muerto por la policía e incidentes violentos casi cada día.

No quiero ponerme alarmista, de verdad. Esperemos que la cosa se quede en lo ya descrito. Pero somos muchos y todos queremos comer. También los del otro lado del mundo. Y yo ya lo ví: si hace falta, la gente va a ir a la puerta del Parlamento a pedirle comida al presidente. La cosa está muy malita. Muy malita en la acomodada y vieja Europa.

P. D. Por suerte hay gente que sigue teniendo tiempo de ocio. Los hay que incluso lo aprovechan para llamar asesinas a las mujeres que han pasado el trago de abortar. Sin pensar en lo que supone tal cosa, quiero pensar. Por darle una vuelta de tuerca: nomassilencio (echar un ojo al apartado Estudios del SPA)

6 comentarios:

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  3. Ante todo felicitarte por tus ensayos y por determinadas opiniones (por otras no).Soy un intenso pero relativamente nuevo lector de tu blog y opino que tus ensayos son muy interesantes y estan bastante fundamentados aunque creo que a veces "te pasas de frenada" y emites dogmas de fé bastante dudosos por no decir erroneos(es mi opinión, no mi verdad).leyendo tu articulo de opinión "La gente no puede más" me gustaría lanzar unos comentarios(recalcando que estoy totalmente de acuerdo).¿Donde están los sindicatos?¿Por qúe no hay manifestaciones?.¿Por qué este gobierno usa la tactica de "a verlas venir"?.Por cierto sobre la postdata:Espero no quedarme atonito en el futuro sin algún dia se te ocurre la idea de escribir en contra de los toros(espectaculo del que no soy aficionado)habiendo escrito esa "opinión" sobre el aborto.Recuerda que todos los que estamos vivos es porque nuestras madres no quisieron abortar.Esperando tu respuesta.Un abrazo

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  4. Por cierto te recomiendo (para dar otra vuelta de tuerca)derechoavivir

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  5. Hola España casposa. Muchas gracias por tus críticas.

    Lo cierto es que en lo relativo al aborto no tengo una posición demasiado fundamentada, sí unos sentimientos, pero no bastan estos para escribir sobre ello. Mi post data intentaba dar una nueva visión del asunto, algo sobre lo que, creo, no se termina de hablar lo suficiente. Y es el trauma de abortar.

    Creo que en el tema del aborto hay demasiados prismas éticos, filósoficos y hasta metafísicos. Concretar una opinión me parece dificilísimo, y me llama la atención con qué ligereza la gente se posiciona y opina.

    Bienvenido/a al blog. Seguiremos debatiendo.

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  6. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que existen demasiados prismas éticos,filosóficos,metafísicos,de ieología política y por supuesto religiosa.
    Aquí el problema fundamental que se plantea es el trauma psicológico y fisiológico que sufren las mujeres que deciden abortar y que algunas personas consideran un asesinato.

    Lo que se plantea por otra parte de la población es el trauma que se sufre ese ser vivo alias "niño" al ser eliminado.
    En temas tan escabrosos como el que estamos tratando me parece una buena postura ponerse en el lugar tanto de la madre como del niño y valorar las consecuencias de los actos.

    Un saludo

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