19 may. 2009

El silencio de Guatemala. Parte I

Hay una frase hecha, que se suele utilizar cuando nos referimos a un país peligroso, poco desarrollado o violento: “Allí la vida no vale nada”. No es el caso de Guatemala, porque en Guatemala la vida vale 5 euros.

En las últimas semanas la policía ha podido comprobar que la tarifa de algunos sicarios por asesinar por encargo ha sido de cincuenta quetzales (moneda oficial de Guatemala). Al cambio, estos paisas -como se conocen a los criminales organizados en el país centroamericano- cobraban cinco euros por acabar con una vida. Cinco euros por un asesinato.

Guatemala es uno de los países más violentos de Latinoamérica. Sus tasas de criminalidad lo convierten, junto a Honduras y El Salvador, en el epicentro de la inseguridad americana. Caminar por Guatemala no es seguro. En especial si lo haces por la capital y, sobre todo, sin ser guatemalteco. O al menos parecerlo. En la mayoría de los distritos de la capital del país no puedes entrar. Si lo haces te van a robar y, para hacerlo, lo más probable es que te maten. En otros distritos las probabilidades de que te asalten son menores, y tal vez puedas dar un paseo sin que nada te ocurra. Pero sólo tal vez, porque también en distritos como el 9 o el 10, que son zonas residenciales, tienen lugar asaltos y asesinatos. Y más si tienes cara de ‘guiri’. Estas posibilidades se reducen a nada a partir de la seis de la tarde, hora en la que anochece en Guatemala. Sin luz, y sin ser de allí, es mejor no recorrer las calles de la capital. En el resto de Guatemala la inseguridad es mucho menor. De hecho, en ciudades como Antigua es casi nula, pero desgraciadamente es una excepción. Se vaya por donde se vaya hay que estar listo.
Los datos en Guatemala hablan por sí mismos: en 2008 tuvieron lugar 6.200 homicidios en una población que no supera los 12 millones de habitantes. Esto supone que, de media, en Guatemala se producen 17 asesinatos al día. Para los amantes de los números hay otro enfoque: en Guatemala hay una tasa de 44 homicidios por cada cien mil habitantes. En España esta tasa es de 3,3 muertes por los mismos habitantes y la media de la UE es de 1,7. En EEUU la violencia es mucho mayor, pero la tasa se queda en 5, frente a los 44 de Guatemala.

Carlos Castresana, presidente de la Comisión de Investigación contra la Impunidad en Guatemala, dependiente de la ONU, califica la situación del país como “una orgía de violencia”. Castresana ofrece más datos que explican la violencia del país. En toda Guatemala existen 18.000 policías, que trabajan en tres turnos de 6.000 agentes cada turno. Esto supone que, para 12 millones de personas, hay disponibles 6.000 policías. En realidad, existen cuatro veces más miembros de seguridad privada que agentes públicos. Una seguridad privada que, como explica Castresana, “en la mayoría de casos no se sabe qué hacen ni de quién dependen, pero están armados”. Las armas son el otro gran dato: en Guatemala se estima que, a día de hoy, hay 500.000 armas fuera de control. Hasta hace pocos meses no era necesario tener licencia de armas para poseerlas. Además, hay circulantes 50 millones de unidades de munición, más del doble que durante el conflicto civil que vivió el país.

Son datos estadísticos de la violencia guatemalteca pero, ¿por qué? ¿Por qué se vive esta espiral?

La premio Nobel de la Paz y probable candidata a la presidencia de Guatemala en 2012 con su partido Winaq’ (Ser Humano Integral en lengua quiché) Rigoberta Menchú (más información), explica que Guatemala vive sumida en la pobreza. Sus datos explican que “dos millones de niños guatemaltecos sufren desnutrición”. Para la escritora y activista política, Guatemala sufre una “crisis humanitaria” y por ello pide la atención de la Comunidad Internacional. Precisamente cuando visité su departamento, el departamento de Quiché, pude comprobar hasta la normalidad que los niños se dedican a limpiar zapatos, vender periódicos o trabajar en el mercado. En las faldas del volcán Pacaya los niños me pedían comida y, en la capital, no son pocos los que portan una pistola.

Pero hambre hay en muchos sitios (en demasiados) y ello no explica, al menos por sí solo, la violencia. A juicio de la mayoría de expertos en Guatemala, una de las claves para entender la violencia que desangra el país es la impunidad. Un escalofriante dato: el 95% de los asesinatos en Guatemala no se investigan. No es que no se resuelvan, o no se juzgue al asesino. Directamente, no se inicia una investigación. En el caso de asesinatos de mujeres, este porcentaje se eleva hasta el 98%. Sólo un 2% de los asesinatos a mujeres llegan a una investigación y no todos se resuelven. Esto deja un panorama desalentador mediante el que el hecho de matar, en Guatemala, es fácil y no tiene consecuencias. Si alguien quiere algo, mata, porque sabe que, en un 95% de los casos, no le va a pasar nada. Al menos con la Justicia de su país.

Esta impunidad se debe a varios factores. El más superficial y, a priori, más claramente resoluble, es el de la falta de medios. La investigación de un asesinato es muy complicada en Guatemala: no existen las pruebas científicas, el protocolo no establece que el forense visite el lugar del crimen ni que el policía haga lo propio en la autopsia. Los laboratorios tienen enormes carencias de instrumental y los especialistas algunas lagunas de preparación. Es fácil que el asesino desaparezca sin que se le pueda seguir el rastro. Mayor parece el problema de la corrupción en quien debe investigar. Sólo en 2008 fueron cesados o despedidos 1.700 policías.

Sin embargo, no sólo la corrupción o la falta de medios favorecen la impunidad. La mentalidad, la carga cultural de la violencia, está enquistada en Guatemala. “Existe una fuerte carga cultural por la que la sociedad guatemalteca considera la violencia intrafamiliar un asunto privado, no un delito. Esta forma de pensar todavía está en muchos funcionarios del Ministerio Público", admite Claudia González, representante del Fiscal General de Guatemala. En el caso de la violencia contra las mujeres existe el añadido de que en Guatemala se respira un machismo exagerado. “En Guatemala todos hemos sido educados en la idea de que la mujer está al servicio del hombre, incluidos jueces y fiscales”, explica el periodista guatemalteco Luis Arévalo

El caso de Jorge Velázquez ejemplifica de qué estoy hablando. Su hija, Claudia Isabel, fue asesinada en diciembre de 2005 cuando tenía 15 años. Jorge recibió una llamada al móvil la noche que su hija había ido a una fiesta. Era el novio de ella, diciéndole que Claudina le había llamado y la conversación se había cortado de manera brusca y entre gritos. Jorge explica que acudió a la comisaría, pero le dijeron que no podían hacer nada hasta que pasaran 24 horas. Desesperado, la buscó por su cuenta. Tres horas después de efectuar la denuncia, encontraron a Claudina violada y asesinada de un tiro en la frente. No se inició ningún tipo de investigación, de hecho, a Jorge le devolvieron en el tanatorio la ropa de Claudina en una bolsa de plástico. La ropa de una chica violada, una evidencia clave, en una bolsa de plástico. Después dos hombres tomaron las huellas dactilares del cadáver mientras era velado porque “se les había olvidado hacerlo antes”. Finalmente, el juez dictaminó que Claudina era una prostituta porque llevaba una gargantilla en el momento del asesinato, y selló el caso. “El Ministerio Público” -explica Jorge roto en lágrimas- concluyó que mi hija era una puta y que, por tanto, merecía morir”.

La hija de Rosa Franco, María Isabel, corrió la misma desgracia que Claudina. Su madre se enteró del asesinato al reconocer la ropa de su hija en una imagen del informativo, después de ser ignorada por la policía. Licenciada en Derecho, Rosa inició la investigación por su cuenta, ya que la policía “se reía de mí cuando pedía ayuda. Jueces y agentes se burlaban, diciendo que mi hija llevaba falda cuando fue asesinada”. Investigar por su cuenta le costó a Rosa amenazas de muerte. Hoy, no sólo no sabe quién mató a su hija, sino que está intentando salir de Guatemala por miedo a ser asesinada.

La carga cultural, por supuesto, no sólo afecta a algunos jueces, policías o fiscales, sino que está instalada en la mayor parte de la sociedad. Esto también favorece a la impunidad y por tanto alimenta a la violencia. “Los ciudadanos no colaboran ni proporcionan información. Hay una separación con el Fiscal”, añade Claudia González. “Son comunidades muy cerradas, nadie quiere testificar ni hablar cuando se produce un asesinato”, corrobora la magistrada de la Corte Suprema Beatriz León. Teresa de Jesús Escobar, inspectora de la Policía Nacional Civil y jefa de la Oficina de Derechos Humanos, va más allá. “No se puede hacer nada. Es imposible resolver cosas sin que nadie quiera testificar. Nadie nos hace caso cuando preguntamos o indagamos. Nuestro trabajo es frustrante”. Carlos Castresana resumen la situación: “En Guatemala existe un divorcio completo sociedad-justicia. Aquí nadie confía en la policía y nadie hace nada porque nadie espera que cambie nada”, explica. Una espiral sin final: no se investiga porque no se puede y nadie colabora para que se investigue porque saben que no se investiga.

Pobreza e impunidad alimentada por una cultura cerrada y machista. Este es el panorama en el que la violencia florece en Guatemala. Existe un tercer factor: la criminalidad organizada, que en Guatemala tiene nombres propios: maras, paisas, narcos, grupos de poder paralelos al estado y niños de la calle. Son la violencia personificada en Guatemala y de ellos hablaré en la segunda parte.

11 comentarios:

  1. Se nota una diferencia abismal cuando las cosas son contadas desde la primera persona, este blog debería ser un imprescindible. Mis felicitaciones por hacer periodismo real, lejos de los canones y tergiversaciones del periodismo común, barato y desgraciadamente actual.

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  2. Me he quedado sin palabras al leer la situación de violencia extrema que se vive en las calles de Guatemala. Es increíble que en pleno siglo XXI, se sigan vulnerando todos los derechos humanos, como en el caso de las dos chicas asesinadas. ¡Qué horror!

    Me pregunto: "¿De verdad no hay nadie que pueda hacer algo para evitar esta situación de indefensión?

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  3. Suscribo todo lo que dices! Allí estábamos. Fran

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  4. Es increible pero cierto la situación a la que hemos llegado gracias a los hombres sabios y las sabias mujeres que nos gobiernan...
    Vivir con el miedo es una sensación que jamás había experimentado y me parece alucinante...Sin embargo allí, da la impresión de que esto no se vive de la misma forma;lógico,para la vida que les espera qué mas da...
    Los paisajes alucinantes.....El volcán,un momento mágico para la historia...

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  5. Esoooo,allí estabamos, y espero que estemos en muuuuchas mas!También yo lo suscribo...
    Amara

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  6. Esto es periodismo de verdad, del que hoy es difícil encontrar. Y lo mejor es que no se anda por las ramas. Lo dice alguien que te conoce bien y sabe que no podría ser de otra forma.

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  7. Guatemala es un país hermoso, tiene unas bellezas únicas en Latinoamérica, pero cuatro Chilenas que estuvimos allí en el año 1998, sufrimos de esa violencia, camino a chichicastenango, por unas personas que nos robaron y detuvieron por casi una hora en medio de la selva, fue una experiencia que nos permitió valorar nuestro país en el que vivimos. Solo Dios quiso que retornaramos vivas a nuestro destino.

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  8. Enhorabuena por el artículo. Ya estamos ansiosos por leer la segunda parte...

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  9. Gracias por el esfuerzo de escribir un artículo tan bueno y detallado y a parte con información de primera mano, algo que se hecha de menos en la blogosfera.

    Yo estuve en Guatemala hace un par de meses y aunque no estuve en la capital también noté cierta hostilidad en el ambiente. A la gente se le nota tensa. veníamos de Méjico donde la gente es muy simpática y notamos que en Guatemala la gente estaba siempre intranquila. Intentar hablar con los taxistas en plan broma se hacía complicado. También, justo al cruzar la frontera vi a un hombre con la pistola metida en los pantalones y jugando a las cartas con sus colegas.

    un saludo

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  10. Gracias por llevar esa vos fuera de nuestras fronteras, vivir acá es impensable que exista un mundo mejor, pero nuestras utopías se fortalecen día a día, sabiendo que fuera de nuestras fronteras también se escuchan nuestras palabras en ocasiones gritos.

    Guatemala es un paraiso precioso, el amanecer sobre una montaña te da la sensación de estar en el cielo, ya que hasta puedes abrazar la niebla, lamentablemente todo se borra (radicalmente) cuando abordas un autobús, caminas por la calle, vas a la universidad, incluso estando en tu propia casa, es un clima de inseguridad terrible. Vivimos bajo una sombra de paranoia colectiva fuerte.

    Gracias por este esfuerzo. Valoro que se hablen las cosas como son !!reales!!, sin adornos, ya que la realidad no esta adornada.

    Karen

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  11. Descubrí ayer tu blog y cuanto más leo más me gusta. Enhorabuena y no dejes de escribir.

    En cuanto a estos artículos, no puedo hacer ningún comentario, es un tema que supera mi entendimiento. Es terrible lo que cuentas y es difícil ver una solución. Simplemente felicitarte y darte las gracias por acercarnos a esa realidad.

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