7 sept. 2009

De paseo por Chipre. Parte I

El paseo empieza en Larnaka, pero es necesario huir de ahí pronto, es la zona preferida de los ingleses y demás ‘guiris’, turistas mayoritarios en una isla, la de Chipre, donde los visitantes no son demasiados y están bien localizados.

Aún así, la fugaz visita a Larnaka me sirve para tomar un primer contacto con la isla. Me habían advertido ya de la cercanía y amabilidad de los chipriotas, pero no por ello me dejó de sorprender hasta qué punto se puede ser servicial. La llegada al Hostal Augusta fue pasadas las dos de la mañana. El taxista nos conduce a nuestro primer alojamiento charlando con nosotros en inglés. El inglés goza de rango semioficial en la República de Chipre y todas las señales, además de en griego, que es el idioma oficial, están en inglés, cosa que se agradece. Como la recepción del Augusta está ya cerrada, nos han dejado las llaves dentro de un sobre que pone ‘Spain’ entre las flores de una maceta. Del mismo modo, la empresa de alquiler de coches ya me había dicho que si llegábamos muy tarde, nos dejarían el coche abierto y con las llaves bajo la alfombrilla en cualquier parking público. Al principio sorprende, pero en seguida te acostumbras a ver coches con las ventanillas bajadas y las llaves puestas, casas abiertas y cercanía en cada sitio que pisas. Al segundo día me negué a cerrar con llave mi habitación. El ruido empeñado dándole vueltas a la cerradura de la habitación cuan turista desconfiado me resultaba casi estúpido en medio de aquel clima de buenas sensaciones; lejano del bullicio desconfiado del continente. La isla chipriota también aisló un carácter que sobrevive. Y que enamora.
Y eso que Chipre no lo pasó bien. Turcos y chipriotas conviven en ella desde tiempos inmemoriales. Como cada uno ya tiene la wikipedia a mano para repasar la historia de Chipre, el asunto se puede resumir de un modo hasta grosero por breve en el conflicto que estalla en 1974, entre las comunidades griega y turca. En 1959 Chipre se independiza después de varios años como protectorado británico. La independencia es más o menos pacífica (exceptuando las actuaciones del EOKA, paramilitares greco-chipriotas partidarios de la ‘enosis’, unión a Grecia). Sin embargo, ante la recién nacida República de Chipre se abre un problema de convivencia entre griegos (asentados en su mayoría en la parte sur de la isla) y turcos (instalados en la zona norte), que pasan a ser todos ellos chipriotas. Los de origen griego son amplia mayoría, casi un 80%, y los turcos apenas llegan al 18%. Para intentar equilibrar la convivencia (el partido de la comunidad turca no podría llegar al poder nunca) se da la vicepresidencia a los turcos con derecho a veto. El asunto se sostiene, y aunque surgen enfrentamientos aislados entre comunidades, la convivencia parece posible.

El 'Monumento a la Libertad', erigido en Nicosia, la capital de Chipre, recuerda la independencia de Chipre del Reino Unido. Su construcción levantó la primera de las muchas ampollas entre las comunidades girega y turca, ya que entre las estatuas que componen la obra, ninguna representa a un estamento turco; todas son de civiles, religiosos o militares greco-chipriotas.

Sólo parece, porque la tensión va ‘in crescendo’ hasta que tras varios capítulos entre paramilitares griegos y turcos estalla el conflicto en 1974. Apenas dura tres semanas, pero se cobra la vida de cientos de griegos y turcos y desplaza a miles de personas de ambas comunidades: los griegos del norte huyen al sur y los turcos del sur, al norte. Grecia decide no intervenir en el conflicto pero Turquía sí lo hace. El ejército turco invade la parte norte de la isla y respalda al nuevo gobierno turco-chipriota, nombrado a sí mismo, y que proclama el nacimiento en la parte norte de la isla de la República Turca del Norte de Chipre. La ONU se ve obligada a intervenir. Se frena la guerra y un mando británico traza una frontera para dividir, de manera provisional, la isla en dos partes: la República de Chipre (con la comunidad griega) y la República Turca del Norte de Chipre, de comunidad turca y a día de hoy no reconocida por ningún estado del mundo excepto por Turquía .El coronel británico que traza la frontera lo hace con un rotulador verde sobre un mapa de Chipre. Hoy, esta frontera que había nacido como una solución temporal, sigue vigente y se conoce como la Línea Verde.

La Línea Verde divide Chipre en dos partes. Esta línea atraviesa la capital, Nicosia, y a lo largo de ella, tanto en el lado griego como en el turco, se suceden los puestos de control y garitas militares, normalmente -como la de la imagen del lado greco-chipriota- decoradas con murales y pintadas.

Tras esta separación, la zona sur, es decir, la República de Chipre, se desarrolla con normalidad. Entra en la UE y desde el año pasado su moneda es el euro. Aunque de origen griego, todos los habitantes de esta República aseguran ser, antes que nada, chipriotas, y la absoluta mayoría son partidarios de la reunificación. De hecho, para ellos no existe la República Turca del Norte de Chipre, sino que, sencillamente, el ejército turco ha ocupado el norte de Chipre.

Pegatina en la parte greco-chipriota contra la política turca.

En el norte no tienen las cosas tan claras y aunque nadie quiere hablar del tema, se recuerda en muchos sitios el trato recibido por la minoría turca de parte de los nacionalistas griegos y su estatus a veces marginal en el devenir de la república unificada. Por eso, nada más atravesar la Línea Verde por Nicosia, la capital, un enorme cartel da la bienvenida: ‘República Turca del Norte de Chipre FOREVER’.

La Línea Verde llegando al lado turco-chipriota con el cartel que recuerda que esto es la República Turca del Norte de Chipre, para siempre.

Toda esta república no reconocida se conecta al mundo a través de Turquía y su estatus suspendido (no tiene embajadas ni se somete al Derecho de la UE) hace que este rincón del mundo sea un paraíso por descubrir.

Huyendo de Larnaka, y continuando con el paseo, llegamos a la península de Akamas, un parque natural al suroeste de la isla donde llegar en coche es una odisea que merece la pena. En especial a la playa de Lara, playa donde cada año desovan miles de tortugas marinas.

No hace falta mencionar el trato recibido por parte de la dueña de nuestro nuevo hostal, en la localidad de Polis (vecina a Pafos, la tercera ciudad de Chipre y contenedora de Kafo-Pafos, una de las ruinas romanas más impresionantes que se puede echar uno a la cara). Sólo a mí se me ocurre una noche preguntarle dónde puedo comprar jamón a esa hora para hacerme un bocadillo. Tres minutos después tenía en mi mano un plato, no lleno de jamón chipriota (“mejor que los otros”, me decía. ¿Qué otros? ¿Todos los otros?, pensaba yo) sino lleno de jamón, queso, salami y chorizo chipriotas. ¿Cuánto es? “Por favor”, me respondió.

Tras varios días en la maravillosa Akamas toca poner rumbo a Nicosia, la capital (Lefcosia en griego y Lefcosa en turco). Confío en que camino del norte el calor aminore. No es que haga calor en esta isla, es que la sudada monumental fue mi estado natural en los días que allí estuve. Durante el día no se baja de los 35 grados, pero ese no es el problema, claro. Es la terrible, inhumana humedad que se respira y que dispara la sensación térmica hasta sabe dios dónde. La sensación de aplastamiento por calor es constante. Mi gozo en un pozo al pisar Nicosia: el calor es aún mayor y bajo ese solazo de mediodía toca devolver el coche alquilado, ya que con un automóvil greco-chipriota no se puede entrar en la parte norte de la isla, así como con uno del norte tampoco puedes pasar al sur. Los coches alquilados, por cierto, dan otra muestra del carácter afable hasta el límite de los chipriotas, ya que todos llevan matrícula roja, haciendo que se diferencien de los coches de allí. Esto provoca que nadie te pite, nadie te presione y nadie te incomode, ya que respetan mucho al conductor extranjero. En Chipre se conduce por la izquierda y son comprensivos con quien sabe que no está acostumbrado. Esperando un taxi a la sombra de un árbol en Nicosia, contemplé como a una chica en coche alquilado se le calaba hasta tres veces en la salida de un cruce. Su matrícula roja hizo que nadie en toda la cola que organizó se atreviera siquiera a rozar su claxon.

Lo primero que llama la atención de Nicosia es descubrir que se trata de la última capital del mundo dividida. La línea verde que divide en dos Chipre, atraviesa por la mitad la ciudad, cuan muro de Berlín.

Un cartel en un puesto fronterizo de la parte sur recuerda que Nicosia es la última capital del mundo dividida.

En Nicosia se han instalado dos check-points a lo largo de la Línea Verde para pasar de norte a sur. Apenas hay otros dos pasos fuera de la capital, y son poco recomendables. Menos recomendable aún es intentar colarte por la frontera. Lo más probable es que acabes en la cárcel si nadie abre fuego antes. La estructura de los check-points para pasar a la República Turca del Norte de Chipre es sencilla: en el lado chipriota del sur está la policía chipriota bajo las banderas ondeantes de la República de Chipre y de la Unión Europea. En los muros y paredes cercanos aparecen las banderas griegas que recuerdan el origen de su población (las banderas griegas están por todas partes, hasta en edificios oficiales) y consignas antiturcas. El policía mira tu pasaporte, bromea al ver que eres español (“¡hasta luego amigo!”) y te deja pasar.

Las consignas progriegas y antiturcas son constantes en los puestos de control del sur. No es difícil imaginar que en el otro lado sucede lo contrario.

Comienza un pasillo neutral en el que no tienen jurisprudencia ni Chipre ni Turquía. Allí te encuentras a los Cascos Azules de la ONU con sus centros instalados en antiguos hoteles o edificios abandonados. Todos los edificios que han quedado en este corredor sin dueño están abandonados, semiderruídos y muchos de ellos aún minados, con lo que está terminantemente prohibido acercarse a ellos. Es el desolador panorama que te encuentras en pleno corazón de Nicosia, a apenas 50 metros de un McDonalds.
Cuando termina el corredor de la ONU llegas al check-point turco-chipriota. Allí te recibe la policía turco-chipriota y por encima de tu cabeza vigilan los soldados turcos (ya que el ejército turco sigue ahí desde el 74). Vuelves a mostrar el pasaporte, te sellan un visado en un papel aparte y ya estás en la República Turca del Norte de Chipre.

Dos enormes banderas pintadas en la ladera de una montaña cercana a Nicosia dan la bienvenida a la República Turca del Norte de Chipre. Una es la de Turquía y la otra la de la República Turca de Chipre. Ambas son visibles desde kilómetros de distancia.

El visado te lo sellan en un papel aparte y no en el pasaporte porque sino, no podrías volver a entrar en la parte sur. Del mismo modo, si vuelas directamente a la República Turca de Chipre (a través de Estambul) no podrás acceder al sur.

Los márgenes de esta línea verde a ambos lados son bastante desoladores. Casi todos son negocios de carpintería. No vive nadie y las calles inmediatas están muy abandonadas. Avanzas entre carpinterías sucias y polvorientas y cada pocos metros encuentras alambradas y barriles a modo de frontera. Pintadas, pegatinas, murales… La línea verde es una línea vieja y venenosa que divide una ciudad y un país vital y encantador.

5 comentarios:

  1. Muyinteresante este articulo de chipre, lo mas que me ha llamado la atencion es la frontera y como de amables son los chipriotas, gracias..saludos desde canarias

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  2. hola mi tio es militar y queria saver en que parte hay militares de chipre fue a cuidar las fronteras

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  3. conocen de alguna forma para comprar los articulos abandonados en la franja verde?

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  4. Diciembre de 2016. No hay ningún problema ni restricción para pasar de una zona a la otra. Entré en Chipre del Norte, me visaron el pasaporte en el aeropuerto de Ercan. Visite dos veces Nicosia, la parte greco-chipriota, en ambas te controlan el pasaporte por medio electrónico pero sin singún problema en ninguno de los lados.

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