23 nov. 2009

Banderas de nuestros padres

17 de octubre de 2009. Parece que los piratas somalíes van a liberar al pesquero vasco ‘Alakrana’, secuestrado hace ya 47 días. España entera amanece con la noticia y la enorme repercusión mediática de la que ha dispuesto el cautiverio hace que todo el país siga voraz estas últimas y apasionantes horas. Como tantas otras cosas, el secuestro se ha convertido en un rentable show que los medios de comunicación no van a desaprovechar. Expectación, nervios, curiosidad. Rueda de prensa de Zapatero convocada para la una y media del mediodía. Tal vez a las dos. Allá me voy, con el fotógrafo, ambos en moto rumbo al Ministerio de la Presidencia, en La Moncloa.

Todo apunta a que Zapatero confirmará la noticia. El atunero ya es libre, dicen algunos medios. La expectación crece. Entro en la sala de prensa. Está bastante llena de periodistas y, sobre todo, de fotoperiodistas. La llegada del presidente que deberá comunicar la buena nueva es inminente. Durante la espera, cinco operarios se afanan en preparar las banderas que siempre lucen detrás del presidente cuando éste da una rueda de prensa en La Moncloa. De pie, atadas a unos mástiles, siempre están la de España y la de la Unión Europea y, en esta ocasión, lucirá también la de Hungría, ya que está de visita el presidente húngaro.


Los cinco hombres, de aspecto rudo, manos fuertes, curtidos en trabajos de apaño, inclinan cada mástil, atan la bandera y vuelven a erguirla. Uno de ellos coloca un plástico rígido en el interior de la tela para que la bandera no caiga con todo su peso y una doblez se mantenga firme y luzca, aunque sea parcialmente, el trapo. Uno la ata con esmero, otro controla que esté bien amarrada. Otro coloca el plástico. Una y y mil veces. Lo sitúa, coloca la tela, comprueba que luzca correcta, la alisa, la vuelve a contemplar. Y cuando cree que ha alcanzado la perfección, llega otro y la revisa de nuevo. Las banderas han de lucir perfectas, simétricas y en armonía. Bien colocadas. Que se distingan de dónde son pero que tampoco se vea el artificio de su sujeción.

Nadie observa a los operarios en su afán por las banderas. En realidad yo sí. Les contemplo entusiasmado. Debería estar más atento a lo mismo que atienden mis colegas. ¿Está confirmado? ¿Lo han liberado? ¿Cuándo llegan los marineros? ¿Hay uno enfermo? ¿Es grave? ¿Los llevan a Seychelles?... Entre los periodistas fluyen hirviendo las preguntas que se convierten en respuestas en los telediarios y en las radios, que conectan en directo. “Nos vamos de nuevo en directo a La Moncloa…” escuchan los millones de españoles que necesitan saber si los marineros ya son libres. Dudas, nervios…

Pero nadie repara en los cinco tipos que colocan las banderas del mismo modo que ellos cinco parecen ignorar la magnitud de lo que está a punto de ocurrir. Van a liberar a 36 personas cuya vida peligraba. Pero lo importante ahora es que esa bandera no salga arrugada ante la cámara. Para ello dan unos pasos atrás, cogen perspectiva y la de la Unión Europea de la izquierda de todo no parece convencerles, así que la colocan de nuevo. “Está confirmado. Los llevan a Seychelles”. Pero el plástico rígido no parece terminar de encajar en la de la Unión Europea. “Están todos bien. No hay heridos”. Sin embargo, las de Hungría han quedado niqueladas. No hay ni que tocarlas.

“¡Llega el presidente!”, grita alguien encantado de hacerlo. Qué expectación. ¿Confirmará Zapatero que el ‘Alakrana’ navega libre?, piensa el país entero. ¿Saldrán bien las banderas? Pensamos los cinco operarios y yo.

Llega por fin Zapatero con el presidente de Hungría. Las teles conectan en directo, las radios también, las webs lo siguen la minuto. Zapatero confirma la buena noticia de que el pesquero ha sido liberado y ofrece algunos datos mientras miles de personas se pegan a las televisiones para escucharle hablar y verle gesticular. Al día siguiente las imágenes se repiten mil y una veces en los telediarios. Millones de personas ven la trascendental rueda de prensa de Zapatero una y otra vez, en cada edición de los telediarios y en cada portada de los periódicos. Todos opinan, todos debaten y todos contemplan al presidente. Todos menos cinco operarios que, ajenos a todo eso, observan una y otra vez, en cada telediario y en cada fotografía, cómo las banderas de detrás del presidente lucen perfectas, bien alineadas y sin una sola arruga. Y sonríen.









8 comentarios:

  1. Hacía tiempo que nadie explicaba tan bien lo relativas que son las cosas...

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  2. Me encanta. Me gustó muchísimo.
    Un abrazo

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  3. Qué bueno!!! jeje
    Otro punto de vista a ese día de gran expectación.

    Por cierto, me ha encantado la foto del Albaicín porque soy de Granada.

    María (www.lineainvisible.blogspot.com)

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  4. jajajaja, ¿saldrán bien las banderas? Pensamos los cinco operarios y yo. Me gusta que vayas a las ruedas de prensa así, y no con la pose del periodista que se cree que va a solucionar el mundo estando estresado, que va a ser mejor profesional por comentar todo con todos en plan nervioso. Me gusta

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  5. No he leído este post... todavía. Solo es para decirte que la cita de Chuck es buenísima, no me acordaba!!
    Besos

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  6. A partir de ahora centraré mi atención en las banderas cuando salga hablando alguien sobre algo. La cantidad de gente que está siempre detrás de las cosas. Y sí, Chuck, como casi siempre, rocks.

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  7. queremos saber cositas de palestina!

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  8. ALERTA!

    La estafa automotriz mas grande en el territorio Mexicano…

    Para MAS informacion pinche:

    http://pedromillan.blogspot.com/

    Gracias

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