21 sept. 2010

Sarkozy o la decadencia de Europa

La expulsión de ciudadanos rumanos y búlgaros de etnia gitana de Francia por parte del Gobierno de Sarkozy es, tal vez, la última (que no la definitiva) prueba de la decadencia a la que parece aproximarse Europa. Y dentro de Europa, la representación máxima es el país galo.

La decadencia que experimenta el viejo continente tiene forma de miedo, de inseguridades, de vértigo. Y fruto de estas fobias, los gobiernos toman medidas rápidas, efectivas a corto plazo -es decir, que llenan los bolsillos de votos- pero que se antojan desastrosas con el paso del tiempo. Uno de los miedos más palpables es la pérdida de identidad. Europa no deja de cantar las alabanzas de la globalización, del futuro, de la multiculturalidad, del modernismo y de no sé cuántas palabras bonitas más. Sin embargo, es incapaz de llevar todos estos términos a la práctica, es incapaz de dar un sentido pragmático a la inevitable globalización social y cultural que ya está aquí. En lugar de abrirse, Europa se cierra, muerta de miedo ante la llegada de otras culturas, etnias y religiones. En lugar de redefinirse, Europa se sujeta agonizante a los viejos valores y rechaza los ajenos. En lugar de aprender y aprehender los nuevos pueblos que llegan, los vigila y los observa con lupa, haciéndoles pasar un examen para que sean como nosotros. En lugar de mezclarnos para enriquecernos, les obligamos a imitarnos para perdurar en nuestra endogamia europeista.
Europa se ahoga en sí misma. Ya no sabe quién es ni qué quiere. Habla del futuro y de la alianza de los pueblos, pero se cierra ante ellos. Habla de nuevas sociedades, pero hace pasar exámenes y expulsa al distinto. Habla de solidaridad, pero cierra fronteras, levanta muros mientras ahoga los lugares de origen. Habla de integración, pero sólo aplica normas que no permiten respiro. Europa tiene miedo porque ya no sirve lo que antes era y no sabe ni qué es, ni mucho menos qué será. Europa tiene pánico. Europa sufre una auténtica crisis de identidad. 

El más negro y oscuro de todos esos males se llama Islam. La hipocresía que nos inunda lo llama inmigración, pero cuando decimos inmigrante queremos decir musulmán, islamista. Cuando hablamos de las costumbres de los inmigrantes pensamos en las costumbres islamistas. Cuando hablamos de derechos y culturas de los inmigrantes aún lo reducimos más, y en lugar de musulmanes, directamente pensamos en árabes. Esto es así, lo demás es hipocresía.

Lo han conseguido. No sé quiénes ni con que objeto, pero han conseguido ese mundo bipolar tan necesario para mantenernos en alerta, para que justifiquemos guerras y abusos, para que nos parezca mal que se construya una mezquita en nuestro barrio, para que la guerra perdure, las armas sigan en circulación y la economía se sostenga. Ya somos dos partes: 'ellos', el Islam, y 'nosotros', Occidente. Apenas costó trabajo. Un poco de mezcla por allí llamando islamistas sólo a los árabes, un poco de ignorancia por allá llamándoles incultos, otro poco de confusión por aquí tildándolos a todos de terroristas y un poco de generalización hablando de burkas. Listo, tenemos el plato servido: miedo. Y con el miedo todo vale, incluso explicarnos que es malo perder lo que siempre hemos sido, que es peligroso redefinirnos y buscar una Europa multicultural, y que, por lo tanto, vale cerrar fronteras, vale hacer exámenes, vale restar derechos y vale expulsar por el solo hecho de ser distinto.

Son ellos o nosotros. Ya nos han convencido de que ellos vienen aquí y que nos quieren cambiar. Ya nos han convencido de que hay que tomar medidas contra esta amenaza. Y por lo tanto ya son lícitos todo tipo de atropellos. Tamaña irresponsabilidad alcanza cotas totalitaristas con medidas como la expulsión de ciudadanos de la UE de Francia, por el hecho de ser gitanos. No sólo se han saltado todos los Tratados de la UE y el derecho internacional que impide expulsiones colectivas, sino que ningún líder de la UE se ha atrevido a condenarlo, porque lo que ha hecho Sarkozy no ha sido otra cosa que defender la identidad de Francia y, al fin y al cabo, la identidad de Europa, ante la amenaza del distinto, del peligroso. Aquí en España no ha sido una excepción, y tanto Zapatero como Rajoy han pedido "respeto" para la decisión de Sarkozy, no vaya a ser que mañana tengan que hacerlo ellos. Hasta tal punto que cuando el líder francés es criticado, responde de una manera infantil y casi estúpida: “Si tanto te gustan los gitanos, llévatelos a Luxemburgo”, le dijo a la comisaria de la UE, Reding. Como si los gitanos fueran subpersonas que ni nos escuchan y que hay que colocar en algún lado y el que acepte tenerlos es tan idiota que merece las burlas: “Eh tú, amiguita de los gitanos, ¿qué tal ahora que te los llevaste?”.

Y ahora llega septiembre y con él la vendimia. Miles de gitanos rumanos vendrán, como cada año, a España y Francia a recoger la uva. Deberán esta temporada tener cuidado, ya hay precedente: pesa más ser gitano que rumano y el color de su piel invalida su pasaporte. Si a los políticos se les vuelve a antojar serán expulsados. Con el beneplácito de muchos.

Poco o nada sabemos de discursos políticos que hablen de integración, de nuevos conceptos para Europa, de una nueva identidad y visión de los pueblos. Poco o nada sabemos de un continente multicultural, pluriteista, multiétnico, donde todo quepa y donde la mezcla nos haga más ricos. Poco o nada, en realidad, sabemos de los otros. Sólo eso, que son los otros.


5 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, es inaceptable. Pero yo creo que va más allá de etnias o colores de piel; esos gitanos rumanos son pobres, ensucian y 'afean' las afueras de las ciudades, crean guetos, mendigan y hasta cometen pequeños hurtos. En definitiva, molestan a los ciudadanos de bien franceses. Eso es lo que debe de pensar Sarkozy, claro está. Si esos mismos gitanos rumanos fueran allí con dinero, a montar empresas o invertir en negocios seguro que serían mejor recibidos. Seguro que ahí no se le pasaba por la cabeza deportar a nadie obviando además sus derechos como ciudadanos europeos. Es una cuestión puramente clasista, de tener dinero o no tenerlo, de ser rico o ser pobre, y eso da más miedo si cabe. Los pobres están tremendamente desprotegidos. Que se siga hablando de inmigración dentro de los propios países de la UE es intolerable. Eso o nos demuestra que esto es una farsa... Decadencia, tú lo has dicho.

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  2. Querido Nacho, sabes que te aprecio de verdad. Pero la mosca cojonera ha de levantar el vuelo de cuando en vez...
    1. Londres te parece decadente? Y Barcelona? Y Nueva York? Y Estocolmo? A mí no. Cómo va por ahí la cosa de la inmigración? Más o menos instalada, no? Desde hace un rato largo.
    2. Por qué nos estrujamos la cabeza tratando de "entender" el Islam, de pedirle a la derecha populista y hueca que respete ese modo de vida mientras con la otra mano atizamos a esa otra religión en la que todos han de ser follaniños sin escrúpulos y ex nazis no arrepentidos?
    3. Cuántas toneladas de ayuda ha llevado la próspera Irán revolucionaria hasta Haití?
    El distinto, el peligroso, se nos muestra como tal sin necesidad de destaparlo. Desde siempre. En Europa, los europeos que no acatan la legalidad responden ante la justicia. Europea. Faltaría más. Y los que vienen, también. Y los que vienen y aceptan el sistema de cuyos derechos se benefician, conviven sin problema (con contadas excepciones).

    Si Europa es decadente, dime, amigo, dónde nos vamos a emborrachar, a tirarle los trastos a aquella chica de allí, a tocar rock and roll, a dormir hasta la una, a comer un buen chuletón?

    Sólo una pregunta más: cuántos musulmanes conoces que hagan autocrítica, que defiendan que allí donde vayas has de respetar las normas establecidas por quienes allí viven (igual que cuando tú te acercas a Estambul, por ejemplo)? Por qué todos los malos estamos a este lado?

    (hay botellas vacías de marcas extrañas, las debo haber tomado -uh- qué resaca)

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  3. La decadencia de la que hablo es política. Los gobiernos no están sabiendo gestionar la inmigración, les está superando, cuando se trata de una realidad imparable, no de un fenómeno pasajero. El verse superados, en mi opinión, está traduciéndose en un nacionalismo absurdo, oscuro, cerrado.

    Es una autocrítica, claro, si quieres autocríticas desde el Islam no me las pidas a mí. Por otra parte, que yo haga autocrítica no significa que diga que esto es peor que otro lugar. No. Que existan sitios peores no impide que exija más y mejor al sitio en el que vivo, y máxime cuando el desarrollo educacional es (o decimos que es) muy superior al de mayoría de otros continentes.

    Irán no es próspera. ¿Cómo se puede entender una crítica a ciertos aspectos de la sociedad europea (en este caso al trato que se está dando a la llegada de otras culturas) como una defensa de esas culturas? Suele pasar: cuando se es crítico con lo tuyo se traduce en una defensa de lo que hacen los otros. Como si al defender un mejor programa de reinserción alguien me dijera: Deja de defender el asesinato!

    El Islam es ampliamente criticable, pero no hablaba de eso. Exijo y exigiré más y mejor al lugar donde vivo. Y, desde luego, el trato y la gestión de la inmigración me parece que va de mal en peor. Que decae, vamos.

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  4. Has mejorado mucho, jaja! Buen golpe, neno!
    En este caso mi pregunta siguiente es, la presunta decadencia europea, es culpa "nuestra" (digámoslo así) o de la falta de adaptación a nuestras realidades, costumbres, tradiciones, etc. de quienes acogemos?
    Tienes toda la razón en que es muy pueril por mi parte defender lo mío atacando lo otro. Touché. Pero yo creo que el problema de Europa es contemporizar, como les pasa a esos malos jugadores que pasan por cancheros de nivel (Gagos, Khediras y demás). Europa, por su pasado (que no es peor que el de cualquier otro lugar del mundo) se acompleja cuando ha de tomar decisiones poco "vistosas". Y luego pasa lo que pasa. Que los que sacan partido son los ultras porque son los que se acaban atreviendo a decir cosas que mucha gente (perfectamente demócrata) estaba deseando escuchar desde otra parte.
    No hace falta ir a Francia para saber cuál es la realidad gitana. La tenemos aquí al lado de casa. Ejemplar en algunos casos (que deberían servir de modelo). E infame en la mayor parte. Y no sólo por culpa de los ayuntamientos y gobiernos. Supongo que alguna vez has tenido una urgencia hospitalaria y has visto según qué cosas. A muchos gitanos les va muy bien vivir así. Pero decirlo en voz alta no está bien visto. Yo creo que es un problema más cívico que racial. Una vez te escuché decir que odiabas la palabra "tolerancia". Pues yo con los que no acatan las reglas del civismo, de la convivencia civilizada, soy de lo más intolerante.
    En otro momento podemos discutir qué clase de marionetas estamos empezando a ser para permitir que una discoteca tenga que cerrar y cambiar su decoración bajo amenazas por el mero hecho de llamarse La Meca. Como si alguna vez yo, que debo de ser el último creyente occidental con menos de 75 años, hubiese dejado de tomar copas en la Catedral cuando estudiaba en Santiago, o en el Misa de Una cuando bajaba por el Orzán (I'm an old man now, Nachete).

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  5. Edu dijo: En este caso mi pregunta siguiente es, la presunta decadencia europea, es culpa "nuestra" (digámoslo así) o de la falta de adaptación a nuestras realidades, costumbres, tradiciones, etc. de quienes acogemos?

    Y yo respondo: En todo caso, TAMBIÉN es culpa de la gestión que se hace de la llegada o la convivencia de otras culturas y religiones. Y en buena lógica, la exigencia se la haré a quien es repsonsable de trabajar en la integración y convivencia. No sirve con decir: son incívicos, hay que echarlos. Podemos decir, son incívicos, hay que lograr que se integren. Y Europa da la espalda a esta segunda opción y opta por lo que tú llamas menos popular y más vistoso, pero que, en mi opinión, es política a corto plazo, de cerrazón, que alivia al momento pero que no tiene sentido a largo plazo.

    P.D. Misa de Una? Sí que tienes años cabrón...

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