26 nov. 2010

La (tremenda) irresponsabilidad de usar la inmigración como arma electoral

En una conferencia, comentaba el otro día Fernando Martínez Santamaría, director del Observatorio de Inmigración-Centro de Estudios, que la inmigración no es un fenómeno, ya que un fenómeno es algo esporádico, imprevisto y pasajero. Muchas personas de nuestra generación, decía, ven la inmigración desde un punto de vista esporádico: ‘cuando el mercado los necesitaba eran mano de obra. Ahora que ya no los necesitamos, deben marcharse’.

Días después de asistir a aquella interesante conferencia llegó a mis manos una  encuesta publicada en los medios de comunicación y elaborada por la Fundación Bertelsmann, en la que se revela que, según los resultados de este sondeo, el 31% de los españoles está a favor de expulsar a los inmigrantes (sin diferenciación entre regularizados y sin papeles) que se queden en paro durante un determinado tiempo. La pregunta viene a cuento de una propuesta del PP de Cataluña, que quiere convertir esta promesa electoral en ley si gana las elecciones catalanas.   


Pintan negros nubarrones para los casi dos millones de persona extranjeras que hay en paro a día de hoy en España si gana el PP. El paro se ceba con los inmigrantes desde que empezó la crisis y una ley como la que proponen los populares permitiría una oportuna y eficaz ‘limpia’. Pero precisamente el dato de inmigrantes en paro refleja a qué vienen aquí estas personas: somos el décimo país en número de inmigrantes pero el primero en número de trabajadores extranjeros, lo que da buena cuenta de que aquí llegan para trabajar. Además, cuando no había crisis, en 2007, entraron en España 993.000 extranjeros por los apenas 105.000 que lo hicieron el pasado año. Si no hay trabajo, no vienen o viene menos.

El problema es que llegaron los últimos y por ello dispusieron de los empleos más precarios (muy por debajo de su cualificación: el 59% de los inmigrantes han acabado los estudios de secundaria y un 20% tiene titulación superior, datos parejos al nivel de la población española). Estos puestos precarios fueron los primeros en destruirse al llegar la crisis y, por lo tanto, los extranjeros fueron los que, mayoritariamente, se fueron al paro. La tasa de paro actualmente entre los inmigrantes roza el 30%.

Y ahora que estos ciudadanos están en paro, sobran, cuando antes hacían falta. Y así lo dice el PP sin medias tintas ni rodeos, circundando un discurso xenófobo. Pero no es tan fácil. Primero porque contraviene leyes y derechos y segundo porque, además de inmoral y antiético, no es razonable.

Las personas extranjeras en paro provienen de sectores destruidos como la construcción y ahora pugnan por hacerse un hueco en un mercado laboral más reducido. Pero sus derechos y deberes ya están adquiridos y el hecho de haber nacido en otro pedazo de tierra que no es éste, no es justificación ni explicación alguna para que una sociedad que dice situarse en el siglo XXI se los quiera quitar de encima. Ahora ya forman parte de nuestra sociedad (globalizada) y tienen el mismo derecho a competir por el escaso trabajo que hay con los que gozan de DNI español (y eso a pesar de que en España, según el catedrático en Sociología de la Universidad Complutense, David Reher, apenas hay sectores en los que los inmigrantes compitan con los autóctonos). Con su propuesta, el PP genera dos tipos de ciudadanos: unos que por el hecho de no haber nacido en este suelo están con la espada de Damocles sobre la cabeza: si se quedan en paro, los echan de su casa, y otros que, aunque sea una persona improductiva, vaga o corrupta, ha tenido la fortuna de nacer aquí y puede tomárselo con más calma: nadie le va a echar de la sociedad si no produce. De manera que a la primera clase de ciudadano se le dibuja ante sí un panorama orwelliano: si te quedas en paro, si no produces para esta sociedad, estás expulsado. El baremo para decidir quién se somete a este irracional criterio está en el pasaporte y en el color de la piel. Esto se llama xenofobia. Y el 31% lo apoya. ¿Por qué?

Me niego a pensar que el 31% de la población española es xenófoba, simplemente tiene miedo. Está insegura. Y la crisis acentúa estos miedos. El problema es que estos miedos nacen de percepciones, no de realidades estadísticas. Cuando una persona ve cambiar el paisaje urbano de su barrio se asusta ante lo distinto, forma parte de la naturaleza humana, y este susto proviene de su percepción, aunque los datos digan que nada ha cambiado a peor. Si los encargados de transmitir estos datos fueran responsables, muchas de estas percepciones desaparecerían (o se atenuarían), pero parece que detrás hay demasiados intereses en forma de votos, de manera que, lejos de intentar contrarrestar estas alarmas sociales, los políticos y los medios a su servicio se empeñan en alimentarlas.

De aquí nacen medidas como las que propone el PP de Cataluña. ¿Alguien se cree que no están perfectamente estudiadas las medidas que exponen? Saben de sobra que no es verdad lo que dicen, que no sobran los inmigrantes, que no hay tales alarmas de inseguridad, pero se empeñan en confundir, asustar, y prometer soluciones a problemas que ellos inventan. Y eso da votos, pero es una irresponsabilidad de proporciones espectaculares, hasta el punto que pone en peligro la cohesión social y forma, como antes dije, dos clases de ciudadanos, ahondando en el ‘ellos y nosotros’. Me llama la atención poderosamente que este discurso nacionalista, donde prima el pasaporte, viene de quien tantas veces ha atacado el nacionalismo, según ellos, reduccionista, de Cataluña, País Vasco o Galicia, exponiendo que van hacia atrás en el tiempo por cerrarse a un mundo cada vez más abierto y globalizado. ¿Por qué entonces hacen ellos lo mismo a otra escala? ¿No estamos abiertos al mundo globalizado?

Que nadie confunda, dicho esto, el tener que controlar la inmigración y entrada de personas, con el recortar derechos a ciudadanos que viven en España pero que han nacido en otro lugar.

Por si fuera poco, la mayoría de medios se empeñan en alimentar estos discursos. El botón que me sirve de muestra lo encontré el otro día en el diario El Mundo. Hicieron una encuesta en la que lo asombroso no eran los resultados, sino las preguntas. Una de ellas decía, ¿qué prefiere, vivir al lado de una discoteca o de una mezquita? Pero, ¿qué ocurre por vivir al lado de una mezquita? ¿A qué viene esta pregunta? ¿Por qué mezquita ya es una palabra que da miedo? Otra pregunta decía, ¿cree que debe empadronarse a los inmigrantes ilegales? ¿Cree? ¿Cómo que cree? Pero, ¿cómo se puede confundir tanto a la gente? El empadronamiento no es una elección, es un deber, una ley, una medida para contabilizar a los ciudadanos y que garantiza a todas las personas las asistencias básicas de atención humana. Otra cosa es regularizar su estancia, pero estar en contra de empadronar a alguien es apoyar que se le abandone a su suerte y se le niegue sanidad, alimento o educación por el hecho de no tener papeles. Y estoy seguro de que la mayoría de gente que apoya no empadronar a los ‘ilegales’ no sabe que está apoyando tales consecuencias. De nuevo, en mi opinión, una gran irresponsabilidad, esta vez de un medio de comunicación.

Todo esto alimenta las percepciones, mencionadas al principio. Los datos y realidades se silencian, pero las percepciones inundan la sociedad con sus altavoces mediáticos. Así te encuentras pueblos como Tarrés (Lleida) en el que el Ayuntamiento debate prohibir el burka cuando no hay un solo inmigrante en la localidad. O te encuentras con mujeres que usan burka, y que por el hecho de que lo hayan prohibido siguen usándolo pero ya no pueden salir de su casa. O propuestas como el contrato de integración, para adaptar a los inmigrantes a las costumbres españolas, aunque nadie haya definido aún tales costumbres o pese a que la cuarta nacionalidad en número de inmigrantes en España es la británica (¿alguien se atreve a hacerle un examen a un inglés para que se adapte a las costumbres españolas?).

Percepciones alimentadas para lograr votos. Suma y sigue la irresponsabilidad.

4 comentarios:

  1. Muy interesante. Enhorabuena por el artículo. Siempre hacen falta periodistas dispuestos a decir la verdad, de los otros ya hay demasiados...

    Saludos,
    Alberto

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  2. Lo único que no me gusta es lo de "Pero sus derechos y deberes ya están adquiridos". ¿Por qué hay que adquirirlos? ¿Por qué el mismo argumento no vale para los que aún no han venido? ¿Por qué no tienen el "derecho adquirido" de venir e intentarlo?
    ¿No hay, acaso, un nosotros y ellos también en tu argumento de "los que viven aquí" y "los que viven allí".

    ¿No debería ser un derecho natural el poder moverse e intentarlo en cualquier lugar?

    ¿No verán las próximas generaciones este comportamiento de nuestra sociedad como vemos nosotros la esclavitud?

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  3. Puede que tengas razón en lo que reflexionas, pero desde un punto de vista legal los derechos se adquieren, al menos en lo que a residencia o permiso de trabajo se refiere. ¿Que lo ideal sería que cada uno pudiera trasladarse e instalarse donde quisiera? Indudable, pero la realidad es que cada sistema social (Estado) debe garantizar el bienestar de sus ciudadanos y eso implica, a día de hoy, restringir la libre circulación. Sí, cierto, por culpa del mismo sistema que les obliga a venir, que nos adentra en un bucle hipócrita, pero si nos ceñimos al pragmatismo de un político local, éste debe otorgar derechos, no pueden venir dados porque entonces sería imposible garantizar el bienestar de todos.

    ¿Que mañana nuestros hijos verán esto como esclavitud? Lo espero, aunque no lo creo. La tendencia es la contraria.

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  4. Desde una posición acomodada es muy fácil hablar. Pensad en la gente que se ha apretado tantas veces el cinturon en distintas crisis, que lleva toda la vida cotizando, no un año ó dos.
    Que tiene que competir con el triple de personas por un puesto de trabajo.
    Que no se puede volver a su país cuando se ponen las cosas feas porque su país es éste.
    Que ve recortados sus derechos laborales, porque gente de fuera trabaja por menos dinero y en peores condiciones.
    Que desearía para sí, muchos trabajos que estan en manos de inmigrantes, que tienen menos formación, menos experiencia, etc.
    Ya no son unos puestos de trabajo que hacía falta cubrir, ahora cubren los nuestros.
    El gobierno lo ha hecho mal dejando entrar a tanta gente, de eso no cabe duda, ahora hay que poner soluciones y no pasan porque los propios españoles apoyen a los de fuera frente a los suyos.
    Solidaridad? tenedla primero con los que se han dejado la piel por este país durante años, vuestros vecinos de siempre.
    Lo dicho, desde la comodidad de las clases favorecidas, es muy fácil defender determinadas posturas. Desde el punto de vista del español de a pie, que se queda sin casa, que no tiene para vestir a sus hijos y que ve cómo a su alrededor hay muchos puestos ocupados por gente de fuera, que podría estar ocupando él, se ven las cosas de manera diferente.
    Poneos de vez en cuando en la piel de la gente que lleva aquí toda la vida.

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