4 jun. 2011

'El rifle'

Notó como una gota de sudor resbalaba por su espalda. La sintió claramente, como si fuera un animalillo que correteara desde su nuca hasta perderse entre sus nalgas. Por el rabillo del ojo pudo ver la forma difusa de las cortinas moviéndose por el viento. La ventana de su habitación estaba abierta y él sentado en la mesa, a oscuras. Fuera llovía, pero ni con eso se enfriaba el sofocante calor. No le gustaba su trabajo. No le gustaba su casa, ni su barrio, ni siquiera su ciudad. No le gustaba su mujer.

En realidad, no estaba seguro de casi nada. 

Hacía un par de semanas que se preguntaba si el rifle corto de doble cañón herencia de su abuelo le cabría en la boca. Es curioso, pero cada vez que pensaba en dispararse en el cráneo lo que más le preocupaba era si el doble cañón del rifle de su abuelo le cabría en la boca. También se imaginaba el gusto del metal en su lengua. Frío y amargo. Y casi podía escuchar la respiración acelerada con el rifle ahogándole. Y su dedo, tembloroso, acariciando el gatillo. Se imaginaba todo eso y sentía el impulso de dispararse. Y sólo entonces notaba cómo el alivio le invadía, le acariciaba por dentro vaciando su cuerpo de la pesada carga que portaba. Bum. Un disparo, un sonriente disparo, y solucionado. Todo solucionado. 

Cuando levantó la mano que tenía apoyada en la mesa pudo ver cómo el contorno de sudor se quedaba fijado en el cristal. Se quedó mirándolo, pensando en cómo iba desapareciendo poco a poco. En ese preciso instante su cerebro al completo estaba ocupado en eso. Es curioso cómo cuando uno lleva su mente al límite ésta intenta huir desesperadamente por cualquier rendija. 

Pero Antoine no dejó escapar sus pensamientos demasiado tiempo. Apenas unos segundos. Los agarró con virulencia y los lanzó directamente al armario del cuarto de invitados. Hacia allí voló su mente, como un ave que atraviesa el viento en picado, dejando atrás la puerta, el armario y atravesando todas las cosas que se acumulaban en su interior hasta alcanzar el último y oscuro rincón del polvoriento armario. Allí estaba, reposando desde hacía siglos, el viejo rifle, ahora tenuemente iluminado por la mente de Antoine. En silencio, inmóvil. Estaba esperando. Con su doble cañón metálico. Frío y amargo. 

Antoine resopló como si quisiera coger todo el aire que había en la habitación. Como si esa última bocanada fuese la que le levantara de la silla para caminar hacia el armario. Cuando dio sus primeros pasos ya no sabía exactamente qué estaba haciendo. Parecía estar en un sueño. 

No puede asegurarlo, pero supone que fue esa llamada la que le salvó la vida. Al principio no iba a cogerlo, porque aquel paseo hasta el rifle no podía tener retorno. Pero frenó y respondió. De nuevo su mente luchando desesperada por sobrevivir. “¿Antoine?”, dijo una voz que no era la de su mujer. “¿Michelle?”. La mente de Antoine rebotó como una goma elástica desde el rifle y deshizo su camino a la misma velocidad que lo había hecho. Dejó  el armario atrás, salió disparado de la habitación de invitados y después de atravesar como un misil la casa, impactó de nuevo en el cerebro de Antoine. “Cuánto tiempo. ¿Cómo te va todo?”.

En ese momento el rifle, sin moverse, volvió a sumirse en la oscuridad.

5 comentarios:

  1. yo de mayor quiero ser como tú vale? por cierto, bonito final :)

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  2. por que!? yo que ya me había hecho emociones..

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  3. Buen retorno a la ficción. ¿Para cuándo otro de estos?

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  4. Te gustó? Tu criterio es definitivo para continuar o abandonarlo para siempre sin remisión.

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