18 jun. 2011

La República Turca del Norte de Chipre

El suplemento de viajes Destinos me ha publicado un reportaje sobre la República Turca del Norte de Chipre. Quiero compartirlo con vosotros. Espero que os guste.


 
Los idílicos paisajes que a veces vemos en postales o anuncios suelen disparar nuestra imaginación hasta rincones del mundo demasiado lejanos: el Caribe, Tailandia, islas perdidas del Índico… Lugares a menudo inaccesibles, geográfica y económicamente. No nos paramos a pensar que esos sitios de ensueño pueden estar mucho más cerca. La República Turca del Norte de Chipre es un ejemplo. Un invisible paraíso que ha logrado pasar desapercibido y que está al alcance de casi cualquier viajero. Una oportunidad única de llegar a esas idílicas postales sin sacrificar los ahorros de toda una vida.

La República Turca de Chipre (RTNC) es un país no reconocido por la ONU (excepto por Turquía) situado en el tercio norte de la isla de Chipre. Nace tras la guerra interna chipriota, que enfrentó a las dos comunidades que habitan la isla, griegos y turcos. A raíz de este conflicto, que tuvo lugar en 1974, la isla quedó dividida en dos partes: la República de Chipre, al sur, estado miembro de la UE y habitado por greco-chipriotas; y la RTNC, en el norte, país no reconocido, ocupado por el Ejército turco todavía hoy y poblado por la comunidad turco-chipriota. El sur es destino predilecto de turistas ingleses, alemanes y noruegos: playas bien acondicionadas de hoteles y hamacas, como Larnaca, Limassol o Pafos y animada vida nocturna. El norte es ese rincón soñado que casi nadie ha logrado descubrir. 




Nuestro destino es el Mediterráneo como era antes. Cuenta con asombrosos paisajes, playas majestuosas, ruinas romanas que parecen decorados y zocos árabes custodiados por mezquitas. Todo ello con la impagable ventaja de que el país apenas recibe turistas. El viajero puede disponer de playas que apenas ha soñado para él solo durante todo un día de agosto.

Hay dos modos de llegar a la RTNC. El más práctico y económico es volar hasta uno de los dos aeropuertos internacionales del sur, Larnaca o Pafos, y desde ahí atravesar al norte. No existen vuelos directos desde España, pero se pueden encontrar sin dificultad ofertas que tan sólo exigen una escala. El otro modo es utilizar una aerolínea turca para aterrizar directamente en la RTC, pero es desaconsejable, porque es más caro y porque de este modo no podremos atravesar al sur. Una vez en suelo chipriota debemos trasladarnos a la capital, Nicosia, donde se encuentran los dos principales pasos fronterizos para el norte. Es recomendable ir en autobús ya que, si alquilamos un coche en esta parte, no podremos pasar con él a la otra. Antes de atravesar hacia el otro lado, Nicosia merece una visita. Se trata de la última capital del mundo dividida.

Además de su coqueto casco histórico, rodeado de una imponente muralla y plagado de comercios que se han parado en el tiempo, es recomendable seguir a pie el recorrido de la muralla que divide la ciudad. De un lado, banderas chipriotas y griegas. Del otro -desafiantes y a pocos metros- banderas turcas y turcochipriotas. La muralla discurre entre comercios abandonados y garitas militares.

Para acceder al norte se necesita pasaporte y hay que pedir que nos sellen el visado en una papel aparte, si no, no podremos regresar al sur. Mientras se atraviesa la Línea Verde se pisa tierra de nadie, una franja de territorio que controla la ONU y donde los edificios se están convirtiendo en ruinas. Al final del recorrido un cartel nos recibe: ‘Bienvenidos a la República Turca del Norte de Chipre. Para siempre’.

El contraste es inmediato. No sólo en las gentes, ahora turcos, sino que cambiamos las iglesias por mezquitas, el alfabeto griego por el turco y las musakas por los kebabs. Y todo en apenas una decena de metros.  Alquilar un coche ahora sí es aconsejable, ya que el norte está muy mal comunicado. Esta primera operación nos dará cuenta de cómo funciona este país: es muy barato –alquilar un coche cinco días no superará las 230 liras turcas (moneda oficial de la RTNC), es decir, unos 100 euros- pero complicado para lograr las cosas; la oficina de alquiler puede estar cerrada sin criterio y es necesario armarse de paciencia y esperar a que el dueño decida aparecer por allí a echar un rato. Muy importante: en Chipre se conduce por la izquierda (y el volante de los coches está a la derecha) y la RTNC no se rige por el Derecho de la UE, con lo que es preferible no meterse en líos legales.

Ya en ruta, y para aliviar el sofocante calor que castiga Chipre gran parte del año, nos dirigimos a las playas del norte. Si tenemos que elegir, sin duda debemos decantarnos por la península de Karpas. Esta lengua de tierra es la región más remota de la RTNC. En la punta de la península, incluso, no llega la luz eléctrica. Primera parada: castillos góticos de Kantara. Unas edificaciones sacadas de un cuento que no dan la bienvenida a la península de Karpas. Tras ellos alcanzaremos (paciencia con las retorcidas carreteras) el pueblo de Yenierenköy, única localidad donde griegos y turcos todavía conviven. Es una opción instalarse aquí y desde este lugar visitar las playas, pero quien de verdad desee fundirse con la paradisíaca naturaleza debe avanzar hasta  Dipkarpaz y, sobre todo, sus alrededores.

Apenas hay coches ya a esta altura del viaje. No hay hoteles ni bullicio y el silencio se va haciendo más y más presente a medida que nos adentramos en la península. El paisaje va tomando forma: estepas con árboles curtidos, sombras llenas de rebaños de ovejas y el fondo custodiado por colinas verdes. Entre colina y colina, playas de arena blanca y transparente… sin apenas bañistas. Un sueño hecho realidad.

En medio de la naturaleza surgen, mimetizados con el entorno, pequeños bungalows o apartamentos. En cualquier de ellos podremos hospedarnos, la mayoría a pie de playa. Oasis at Afilon es el nombre de uno de estos  selectos y escasos rincones. Se trata de seis pequeños apartamentos rurales que miran directamente a una pequeña playa cristalina. Desde la cama del apartamento se puede ver el mar y por las noches dormirse con el sonido de las olas, que es lo único que rompe el relajante silencio de toda la zona. Masallah es el nombre del dueño. Un regordete y encantador turco que ofrece una exquisita comida, entre la que no se puede dejar pasar el  ‘hallumih’ -delicioso queso chipriota al horno con tomate- y con el que siempre se puede jugar una partida de ‘backgammon’ después de cenar. Antes de acostarnos, es obligatorio mirar al cielo libre de contaminación lumínica y contemplar el cielo plagado de estrellas. Un lujo por el que pagaremos 20 euros la noche. Desayuno chipriota incluido.

Por el día es recomendable escaparse a cualquier de las innumerables calas, bucear en sus cristalinas aguas y disfrutar de la soledad sólo rota por algún amable pescador. Golden Beach es la joya de la corona, con sus blancas dunas y sus kilómetros de solitaria arena. Con un poco de suerte, y en la época adecuada, podremos ver alguna tortuga marina.

Despedirnos de Karpas no será fácil, pero necesitaremos tiempo para trasladarnos al otro lado del norte, la bahía de Kyrenia. Algo más visitada, Kyrenia no mantiene la atmósfera salvaje de Karpas, pero merece la pena visitar su imponente castillo bizantino, el fascinante pueblo de Bellapais (sin duda el más sugestivo de la isla) y recorrer el silencio la belleza de la carretera que recorre la costa entre Kyrenia y Kaplica.
Satisfechos de la playa, la visita debe llevarnos ahora a recorrer las increíbles ruinas romanas de Salamina. La que fuera ciudad-estado (la más antigua de Chipre) alberga un complejo arqueológico romano que impresiona a cualquiera, le guste o no la arqueología.  Columnas en perfecto estado, mosaicos, villas, un teatro perfectamente conservado… y todo con el mar de fondo. Una imagen que el viajero se llevará consigo para siempre.

Famagusta será nuestra última parada. La ciudad más auténticamente turca, contiene la espectacular mezquita de Lala Mustafa Pasa. Se trata de una imponente catedral gótica transformada en mezquita que se ubica en el centro del casco antiguo de la ciudad, que es abrazado por un inexpugnable muro de 15 metros de altura. El cóctel de estilos y culturas hace de Famagusta una ciudad única.

Toca volver al sur y despedirnos de la RTNC. Hacerlo, será como regresar de un viaje en el tiempo en el que pudimos reencontrarnos con el Mediterráneo más auténtico. 


5 comentarios:

  1. Gracias por tu artículo. La información sobre la parte norte de la isla de Chipre es casi inexistente, y este El Mediterráneo tal como era combate ese olvido.
    Gracias de nuevo.

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  2. Es un placer escribir sobre un lugar tan maravilloso! Gracias!

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  3. Vaya despropósito de artículo. Entre cosas que no son verdad, y que ni mencionas los mejores lugares del Norte, te has lucido.

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  4. Todo no cabe, joder (digo joder referido a tu nombre, no a la expresión de rabia). En cuanto a lo que no es verdad, ¿puedes concretar, joder?

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  5. Muchas gracias por este artículo, este verano iremos allí (Estaremos en los bungalows de Golden Beach) y no abunda la información ni los artículos tan bien escritos.
    Informaremos a la vuelta

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