14 oct. 2011

Notas sobre Vietnam (Parte II y última)

Pincha aquí para leer Notas sobre Vietnam Parte I.

Hue. Las bebidas vietnamitas.

Si vas ajustado de tiempo a Vietnam ahórrate Hue. Es una sugerencia estrictamente personal, habrá otras. Y no porque esta ciudad en sí tenga algo de malo, sino porque no es tan buena como otros lugares por los que sí merece la pena hacer el esfuerzo de llegar. Con todo Hue cuenta con un rincón especial: la azotea del mejor hotel de la ciudad, el Imperial Hotel, una torre que se eleva por encima del resto de la ciudad, de casas bajas, y que ofrece una espectacular panorámica. Hartos del calor, del tráfico y de las ratas que en esta ciudad se dejan ver con mayor facilidad, Adri, amigo, socio, compañero de fatigas y de sueños, y el encargado de soportarme en la aventura vietnamita,  y yo nos subimos a la azotea y comenzamos una degustación de cervezas vietnamitas. Empezamos por una ‘bia hoi’, que traducido sería una caña, cerveza fresca de barril. Excelente. Continuamos con una Tiger, la más popular del país, y la que más me gustó: cuerpo y sabor, con regusto dulzón. La Saigon Beer no está mal y La Rue es magnífica. Ya puestos, nos pedimos la cerveza local, la Hue Beer. Lo mejor, su etiqueta. Pronto adoptamos una magnífica costumbre que tienen los vietnamitas a la hora de beber: cada vez que uno de los comensales (bebensales en este caso) quiere dar un trago, debe bridar con todos los demás y todos deben beber. De este modo, cada vez que uno bebe, beben  todos. Excelente.  

Antes de todo eso nos habíamos tomado un café, cuya forma de servirlo en el país es muy llamativa. Cada taza lleva su propio filtro encima y el café va goteando en tu vaso hasta llenarlo. Debajo, le espera leche condensada. Buenísimo.

Para terminar, los licores. Poco parece importarles a los vietnamitas que la cobra esté en peligro de extinción, el vino de serpiente es un clásico y los licores, expuestos en tiendas y bares, te trasladan a un museo de los horrores: botellas con gigantescas serpientes que se enrollan para caber justas en el interior del recipiente, otras con decenas de escorpiones flotantes, todo tipo de lagartos y reptiles y finalmente, botellas de licor con todo lo anterior  mezclado. Diré más, había botellas de licor con cuervos, aves y hasta murciélagos. Qué fenómenos los vietnamitas bebiendo. La gradación no bajaba de 40 nunca. ¿Qué si los probé? Tomamos algún licor, pero nunca vimos de qué botella nos lo sirvieron. Mejor así.

Hoi An. La comida vietnamita.


Hoi An es un encantador pueblo al sur de Hue. Los turistas llenan sus calles, pero sus pequeñas casas amarillas, sus callejuelas llenas de árboles floreados y su mercado a orillas del río, mantienen la esencia.
En Hoi An, como en todo el viaje, disfrutamos de las delicias culinarias vietnamitas. En Vietnam se come muy bien. Nos enganchamos enseguida a los fideos, los rollitos, la verdura a la plancha y la carne de ternera –Pho- especialidad por excelencia. Después, para otras cosas, es necesario aventurarse. “En Vietnam comemos todo lo que se mueve”. Fue la respuesta de nuestro guía de la bahía de Ha Long, Duong, cuando le preguntamos si comía perro. Efectivamente, en Vietnam comen perro, pero también gato, paloma, insectos o gusanos. El perro lo comen una sola mitad del mes, cuando la luna decrece, sino, da mala suerte. Como la luna crecía en la época en la que estuve, no lo comí. Bueno, eso, y que no me apetecía hacerlo. Nada. Menos aún probar paloma, cuando la vi servida en la mesa de al lado y pude contemplar una suerte de esqueletos de pichón recubiertos de una fina capa de carne. Antes me como el perro, pero vivo. Mi único acto de valentía fue tomar anguila, ya ves tú, y para eso la dejé. “No está mal”, decía Adri. “Horrorosa”, respondía yo.

Al comer se han de seguir algunas costumbres. La comida se trae en cuencos y cada comensal tiene otro más pequeño, donde se va sirviendo. Como se come con palillos, es de buena educación acerca lo más posible el cuenco a la boca a la hora de comer, por si se escurre el alimento. Acabamos hechos unos fenómenos en el manejo de los palillos. Yo siempre me había preguntado cómo podían comer arroz con semejante instrumento, pero es en la forma de cocinarlo donde está la respuesta: el arroz es compacto y se forman bolas que pueden ser agarradas con los palillos. Por cierto, éstos no pueden ser nunca puestos apuntando hacia abajo en el cuenco al terminar de comer, es una señal que se asocia a la muerte y es de extrema mala educación hacerlo.

Bahía de Ha Long.

Hay maravillas que son imposibles de captar. Lugares que extienden su majestuosidad hasta donde alcanza la vista envolviéndote en un paisaje sobrecogedor, infinito, imposible de condensar en una mirada. Es tal la belleza, que es necesario sentirla, sumergirse en ella. No basta con contemplarla. Así es la bahía de Ha Long.

Adri dejaba su cámara apoyada en un banquito de la cubierta del barco con el que atravesábamos la bahía y decía: “Nada de fotos, esto hay que disfrutarlo”. Y efectivamente. Había que disfrutarlo.  

La bahía de Ha Long es un mar verde del que emergen imponentes islotes cubiertos de vegetación. Los islotes se extienden sobre la superficie hasta donde alcanzan la vista. Ahora uno redondeado, ahora otro vertical, ahora dos que parecen inclinarse uno hacia el otro… Pasábamos en barco entre ellos, los íbamos dejando atrás, a los lados, delante… Nos rodeaban por todas partes, serenos, enormes, y se multiplicaban hasta el horizonte, como una inmensa sopa de islotes que se extiende a tu alrededor. Parecía que estuviéramos en otro mundo. Un mar de islas majestuosas. “Nada de fotos, esto hay que disfrutarlo”.

La impresión aumenta cuando recorres algún punto de la bahía en kayak. La posición te reduce a lo minúsculo cuando te acercas a alguna de las islas, rocas cubiertas de espesura selvática, que se yerguen ante ti. Logramos llegar, a través de una cueva en la que no entraba un solo rayo de luz, a una pequeña bahía a la que sólo se puede acceder en contadas ocasiones, cuando el nivel del mar es tan bajo que permite el paso a través de la tenebrosa gruta. Cuando la alcanzamos, nos situamos en medio del inmenso círculo de agua verde, rodeados en redondo por las montañas. Metí una mano en el agua, cuya corriente me acariciaba con el movimiento del kayak, y cerré los ojos. Y sentí lo que se siente cuando estás en un lugar al que apenas llega gente, y el silencio parece elevarte.

La bahía de Ha Long tiene el título de una de las maravillas del mundo con total merecimiento.


Moneda.

No hay. En Vietnam no hay moneda, sólo billetes. Lo cierto es que sería una inutilidad, porque el valor del Dong, moneda vietnamita, es ínfimo en comparación con el euro o el dólar, moneda de la mayoría de los turistas. En concreto, un euro son 30.000 dongs,  con lo que nada vale un dong. Las cosas más básicas valen cientos o miles de dongs.

Además del bajo valor de su moneda, Vietnam es el sitio más barato que yo he conocido. Para hacerse una idea, comer (todo lo que desees, beber y tomar café) puede costarte unos 4 ó 5 euros. Dormir, en un hotel de lo más digno, cuesta unos 8 ó 9 euros la noche. Todo es así: taxis al aeropuerto 2 euros, una camiseta un euro y medio… Con todo, allí es deporte nacional regatear, y es muy divertido hacerlo, pero te sientes ridículo cuando, en plena enganchada, comprendes que estás intentando que te rebajen 15 céntimos la compra.

Eso sí, al principio te llevas sustos. Cuando preguntas, después de comer, cuánto es, y te dicen doscientos diez mil dongs, te incorporas atragantado. Luego haces la cuenta y comprendes que está tirado, pero nunca te acostumbras a manejar semejantes cifras. No es normal ir al cajero y comentarle a Adri, “¿Cuánto saco?”. Y que te diga, “no sé, 5 millones”. Y así todo.



Nha Trang. Los niños vietnamitas.

La ciudad de Nha Trang es el Benidorm de Vietnam. Playa, fiesta, deportes náuticos… Y mucho turista. Demasiado. Por ello fue una gozada descubrir que, detrás de las primeras calles frente a la playa, la ciudad se convertía en lo mismo… pero para vietnamitas. Turistas de todo el país pasan sus vacaciones en esta ciudad costera, pero su ocio lo llevan a cabo unas calles más adentro que los europeos y norteamericanos. Allí tienen sus bares, sus discotecas, sus terrazas. Si caminas un poco hacia la playa desaparecen y son sustituidos por mochileros de piel castigada, guía Lonely Planet en mano a modo de oráculo y cientos de vendedores vietnamitas que unas calles más atrás ni te miraban y ahora te ofrecen hasta la extenuación todo tipo de productos y servicios. ‘No thank you’ es la frase que más dirás en Vietnam. Seguro. De entre todos ellos, encoge un poco el corazón ver a los niños.

Decenas de niños recorren las calles vendiendo suvenires. Son muchos los turistas que les compran, por lástima. Envenenada decisión, porque el dinero no es para ellos y en todo caso, sus ganancias perpetúan el problema. ¿Qué hacer? Obviamente nada puede hacer uno para solucionar algo así, más allá de no ser partícipe. Así que cuando aquella niña de ojos fulminantes se nos acercó ofreciéndonos abanicos, decidimos invitarla a jugar con nosotros al Conecta-4, juego muy popular, por alguna razón, en aquel tugurio de cócteles en el que habíamos caído. La niña dejó la pesada carga de abanicos que transportaba colgada de su pequeño cuello y me apalizó sin piedad al Conecta-4. De cinco partidas, sólo pude ganarle una. Al día siguiente, cuando me la volví a cruzar, me reconoció y sin contemplaciones me recordó con sus pequeños dedos el aplastante resultado de la noche anterior: 4-1. Y se fue riendo.


Sapa. Las minorías étnicas.

Sapa fue nuestra última etapa del viaje. Se trata del pueblo más importante del valle con el mismo nombre, situado en los Alpes Tonkynenses, al norte del país. Toda esta zona está habitada por decenas de etnias, que viven en pequeñas aldeas dispersas por las montañas. Recorrerlas, atravesando arrozales y viendo su modo de vida, es viajar en el tiempo.

Hicimos varias excursiones de senderismo por todo el área. Salimos de Sapa, donde estábamos alojados, y atravesamos el valle deteniéndonos a comer o descansar en las aldeas. Allí conversamos con los Hmong negro, una de las etnias de esta zona. Sus rasgos son diferentes a los vietnamitas, con las caras más redondeadas y coloreadas. Visten de negro, con divertidos gorros. Como todas las etnias del lugar, hablan su lengua, completamente distinta al vietnamita. De hecho, la mayoría de integrantes de las etnias no hablan vietnamita, especialmente los mayores, y se desenvuelven mucho mejor en inglés.

Dos chicas Hmong, Cou e Issi,  nos explicaron una tarde, en una inolvidable charla, que consideran a los vietnamitas otra etnia más del país y que, en ningún caso, ellas se sienten vietnamitas. De hecho, no les caen nada bien. Nos explicaron también que los Hmong eran la etnia con más dificultades para subsistir, a pesar de ser la más numerosa (casi el 50% del total de etnias) pero cuando Sapa explotó como destino turístico, sus comunidades comenzaron a vender artesanía y a mejorar. Ahora, son la etnia más próspera, el dinero ha entrado en sus vidas, cuando hasta hace no mucho no tenía utilidad. Pese a ello, mantienen sus costumbres e identidad intactas, incluso los más jóvenes definen las ciudades grandes como Hanoi, “como un caos”. Para estas chicas, las jóvenes de la capital, tapadas y ocultas del sol, “están locas”.

El contraste entre sus remotas aldeas, alejadas de todo, y su habilidad para desenvolverse y relacionarse con turistas en casi cualquier idioma, es asombrosa. Los Hmong Flor, con sus tocados de colores, o los Dzao Rojos, con sus telas rojas en la cabeza, son otras etnias con las que compartimos vivencias y charlas. Medicina tradicional, filosofías remotas, costumbres únicas… Toda una experiencia. Pueblos que mantienen sus modos de vida idénticos al de hace cientos de años. Pueblos para los que el progreso se entiende como el poder seguir viviendo en paz.

Yo siempre les insistía: “¿No os peleáis entre etnias? ¿No hay batallas por el territorio?”. Preguntas propias de un loco. “No fight, no fight”, respondían ellas. “Fight with you if you don´t buy anything”, me llegaron a decir varias vendedoras de artesanía. Yo insistía en este aspecto y en una excursión en la que nos guiaba una chica Hmong llamada Shan, tuvimos que detenernos ante un río porque no podíamos cruzarlo. Comenzamos a construir una suerte de paso con piedras cuando de pronto, a lo lejos, tres mujeres Dzao Rojo empezaron a correr hacia nosotros para ayudarnos. Yo levanté la vista y dije. “¡Cuidado! ¡Son Dzao Rojo! ¡Hay que largarse cuanto antes!”. Nuestra guía me miró, y siguió amontonando piedras sin inmutarse. Las Dzao Rojo llegaron y nos ayudaron.

En realidad, ¿qué iba a decir? Los Hmong sólo hablan cuando es estrictamente necesario, hasta el punto que hay palabras que no existen en su idioma porque no aportan nada práctico a la conversación. Un ejemplo: horas después de nuestro encuentro con las Dzao Rojo nos cruzamos con una señora Hmong, la misma etnia que nuestra guía. Estaba trabajando junto a un árbol. Se intercambiaron unas palabras. Yo supuse que se habían dicho hola, como mucho, hola qué tal, así que le pregunté a nuestra guía cómo se decía hola. Ella me dijo que de ninguna manera. Que no existe la palabra hola en Hmong. “¿No existe?”. “No”, me dijo. Y me explicó que no aporta información útil, que no es una palabra necesaria. De modo que cuando se cruzan, los Hmomg se dicen a dónde van o qué están haciendo, en un rápido y cortés intercambio de información práctica, pero no pierden el tiempo en decir hola. Ellos así de pragmáticos y yo aquí, sin haber aprendido absolutamente nada, escribiendo todas estas inutilidades. Que los Hmong me perdonen.

Pincha aquí para ver mis fotos de Vietnam.

4 comentarios:

  1. Interesante y curiosa entrada.
    Felicitaciones por ello y por el blog.
    Te he votado en los premios Bitácoras, vas muy bien colocado. Suerte.
    P.D.: Si te apetece puedes pasar por mi blog DISEÑO GRAFICO CON PHOTOSHOP, me gustaría contar con tu voto si crees que se lo merece.

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  2. Muchas gracias! Ahora mismo te devuelvo la cortesía porque lo tuyo, más que un blog, es una obra de arte. Saludos!

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  3. HOLA! ESTÁ MUY MUY BIEN TU BLOG, POR ESO TE HE VOTADO ENLOS PREMIOS BITÁCORAS. ESPERO QUE TENGAS MUCHA SUERTE!!!

    YO TB PRESENTO MI BLOG http://enlaescuelacabentodos.blogspot.com TE INVITO A VERLO Y SI CREES QUE MERECE AUNQUE SEA LLEGAR A QUEDAR COMO FINALISTA, te agradecería tu voto, está en el puesto 11, pero con tu ayuda estaré más cerquita...
    Mil gracias, Mucha suerte!!!
    Saluditos especiales y feliz puente!!

    Te espero en mi blog!!!

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  4. Hola señora Vanespecial!

    Muchas gracias por tu voto. Y que sepas que si te lo he devuelto es porque, más allá del blog en sí, lo que haces y a lo que te dedicas merece mi admiración completa. Siempre.

    Abrazo!

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