8 dic. 2011

Guía para hacer un reportaje en Palestina


Este texto fue escrito para el Magazine JotDown Spain.

[Palestina es un territorio no reconocido por la ONU formado por dos regiones: la Franja de Gaza y Cisjordania. La primera se encuentra al sur de Israel y está bloqueada por el ejército hebreo. La segunda se sitúa al Este y, aunque no está bloqueada, está separada de Israel por un muro que impide la libre circulación de un territorio a otro. Además, el suelo de Cisjordania está controlado, en su mayoría, por Israel, que ha construido más de 120 asentamientos judíos. El principal acceso a Cisjordania desde Israel está en Jerusalén, ciudad controlada a día de hoy por Israel y desde la que se puede entrar a Belén y Ramala a través de los controles militares. Todos los nombres y lugares que aparecen en este texto son reales]

Esta es una guía dirigida a ese joven periodista que todavía cree que puede vivir haciendo reportajes por su cuenta, vendérselos a medios de comunicación que los quieran publicar y, con el dinero que le paguen por ello, llevar a cabo su siguiente viaje para el próximo reportaje. Y así.

Es a ti, joven periodista que crees en todo ello, a quien dedico este manual que, en unos pocos y sencillos pasos, te permitirá realizar un reportaje de óptima calidad en Tierra Santa. Lo sé, Palestina ‘no vende’. Está todo contado. Los editores, esas personas de mails monosílabos, ya conocen toda la problemática de arriba a abajo y la han publicado cientos de veces. “¿Reportaje de Palestina? Ya lo hemos contado”. 

Por lo tanto, este viaje, joven periodista, tiene un único objetivo: entrenarte. Sentir que estás haciendo un reportaje aunque no vayas a colocarlo en ninguna parte. Es necesario foguearte para cuando te toque hacer uno de verdad y para ello ningún lugar mejor que Palestina y, más concretamente, Cisjordania. ¿Por qué? Muy fácil, joven periodista. Hacer un reportaje en Palestina es fácil. Extremadamente fácil. Sólo tienes que seguir las instrucciones de esta guía.



Los palestinos 

Lo primero que debes tener en cuenta es que los palestinos podrían hacer el reportaje por ti. Ya saben lo que quieres, a por lo que has ido, y te conducirán directamente a ello en cuanto les expliques que eres periodista. No sólo eso: pueden darte los titulares. Los palestinos dan un titular cada dos frases y además buenísimos, de los que encajan perfectamente con el estilo actual de periodismo: exagerados, indemostrables, no contrastados. De modo que no te hagas el héroe, ni siquiera el intrépido reportero, sólo déjate guiar por ellos. Han sido tantos y tantos los periodistas que han ido a entrenarse a Cisjordania antes que tú que los palestinos saben perfectamente lo que has ido a buscar. En ningún otro lugar te lo van dar tan masticado.

El ‘back office’ del reportaje lo vas a encontrar en el aeropuerto de Tel Aviv, a donde vas a llegar. Bien, esta parte, registros, interrogatorios, tensión, te servirá en un pub con alguien del género opuesto, pero no para el reportaje, así que vayámonos cuanto antes a Cisjordania.

El muro

A tu llegada a Jerusalén, y mientras tratas de atravesar al lado palestino, no consumas demasiado tiempo en sorprenderte. Recuerda que todo está contado. No importa cuánto te impacte el muro de separación, con sus heladores bloques de hormigón de cinco metros de altura segregando dos pueblos y alimentado el desconocimiento entre ellos. Tampoco importa que veas cómo miles de vecinos de Belén y Ramala se agolpan en el control militar del muro a las 5 de la mañana para ir a trabajar a Jerusalén, con colas de hasta 3 horas. Cada día. Todo eso ya lo sabemos y, sobre todo, ya lo saben los editores: lo han visto cientos de veces. En fotos. Tampoco te dejes embaucar cuando, ya del lado palestino y después de pasar el control donde tras un cristal tintado sólo se oye la voz de un soldado israelí gritando en hebreo, contemples el muro: murales, grafittis, mensajes… Olvídalo, todo el mundo sabe que el muro, del lado palestino, es un auténtico museo al aire libre. Deja todas esas cosas atrás y dirígete a Belén, nuestro primer destino. 

Belén, la ocupación

Atención, no te atrevas a proponer un reportaje sobre cómo se viven las navidades en esta ciudad, donde se supone que nació Jesucristo. ¡Lo sabemos de sobra! Lo que tienes que hacer, joven periodista, es ir a casa de Claire Anastas sin perder tiempo. Es el lugar clave para cualquier reportero que quiera mostrar el drama del muro de separación. No te preocupes por cómo llegar. Sólo acércate a cualquier persona que veas por la calle en Belén y dile que eres periodista. Añade, si quieres, que estás haciendo un reportaje, aunque tampoco es estrictamente necesario. Él o ella te conducirán inmediatamente al hogar de la familia Anastas mientras te explica que se trata de una casa que está completamente rodeada por el muro. Al llegar, los Anastas saldrán y te explicarán que su casa fue circundada en redondo por el muro y los niños no pueden ir al colegio y están aislados. No es exactamente así, porque tienen salida por un lado, pero los Anastas no van a fastidiarte el reportaje. No lo han hecho nunca con ningún otro reportero. De todas formas, si ves que te quedas sin tiempo para ir hasta allí no importa, tienen web: anastas-bethlehem.com

De allí debemos dirigirnos al límite municipal entre Jerusalén y Belén. Atención de nuevo, ni se te ocurra pensar en la posibilidad de plantear un artículo sobre cómo Israel ha ampliado los límites del ayuntamiento de Jerusalén. Esto ha provocado que muchos vecinos palestinos que antes pertenecían al ayuntamiento de Belén se encuentren ahora censados en Jerusalén, con lo que su permiso de residencia ha cambiado, ya que los palestinos de Jerusalén tienen uno diferente al resto de palestinos. También implica que muchos vecinos de Belén que antes acudían a su trabajo con normalidad, ahora no puedan hacerlo porque su lugar de trabajo ha quedado absorbido por los límites del ayuntamiento de Jerusalén, en donde no pueden entrar por el permiso. Pero eso no importa. Está muy visto. Y todos sabemos ya los diferentes tipos de permisos que tienen los palestinos. Lo que puede servir, como decíamos, es ir a la frontera entre ambos municipios a visitar la casa de la familia Hadweh. Su casa ha quedado al otro lado de una valla metálica que separa ambos términos municipales. Cuando vayas, te hablarán desde el otro lado de la verja, diciendo que no tienen las llaves de la puerta que les separa de ti y que deben dar un gran rodeo cada vez que quieren salir o entrar. Esto, obviamente, es un atentado contra su libertad y un castigo diario. Impresiona escucharles. No importa que, mientras haces esta entrevista, y tal y como le sucedió al autor de esta guía, uno de los hijos de la familia aparezca de pronto, saque unas llaves, abra la puerta y entre sin inmutarse. Ahórrate este detalle. Los Hadweh te están haciendo un buen reportaje, no lo eches a perder ahora. 

Hebrón, los asentamientos

Bien. Vayámonos ahora a Hebrón, la única ciudad de Palestina que, como ya sabe absolutamente todo el mundo, tiene varias colonias judías en su casco antiguo, lo que obliga a la localidad a dividirse en dos partes —H1 y H2— separadas por una enorme valla de hierro y hormigón sobre la que vuelan piedras y basura. Las calles del casco viejo están cubiertas con redes para evitar que los objetos y desperdicios que arrojan los colonos caigan sobre los viandantes. 

De camino a Hebrón no compartas con nadie lo que vas a descubrir: que el territorio de Cisjordania está clasificado en tres zonas: A, B y C. Las zonas A suponen el 58% del suelo y pertenecen a Israel. Es en ellas donde están situadas la mayoría de colonias judías. Las zonas B están controladas militarmente por Israel y civilmente por Palestina. Las zonas C (apenas algunos núcleos urbanos) están bajo control exclusivo palestino. Las grandes extensiones de las zonas A están vigiladas por controles militares israelíes, llamados ‘check points’, de manera que para pasar por estas zonas (algo inevitable si quieres ir de un sitio a otro en Cisjordania) debes de atravesar ‘check points’ que no siempre están abiertos. Los colonos, sin embargo, pueden utilizar las grandes carreteras cerradas para los palestinos. En resumen, Cisjordania es un conjunto de núcleos urbanos aislados entre sí por grandes extensiones de tierra controladas por Israel, algo que condiciona absolutamente la vida de los palestinos y que les impide saber si podrán moverse de un sitio a otro, sea cual sea la importancia de su desplazamiento. Pero bueno, eso está contado, así que vayamos al grano.

En Hebrón repite la técnica de Belén. Intercepta al primero que te cruces y dile que eres periodista. Te conducirá sin perder un segundo a la casa de Nidal Farid. Si te consideras un buen reportero tienes que conocer a Nidal: ha sido protagonista de cientos de reportajes. Su casa está, muro con muro, con la de los colonos judíos del asentamiento de Avraham Avniu, en el casco viejo. Le tiran basuras, piedras y hasta le quemaron con una granada parte de su casa, hiriendo a uno de sus hijos y provocándole un aborto a su mujer. No importa si no sabes muy bien qué preguntarle, él te lo contará todo. Su hijo, Said, tiene además un DVD que, por un módico precio, te entregará lleno de imágenes y fotografías. Ya tienes lista la parte gráfica del reportaje. 

Si quieres completarlo puedes darte un paseo por el casco viejo, porque en pocos minutos te encontrarás a Abed Sider. Tranquilo, él acudirá a ti. Si te suena su cara, no te extrañe. La suya es una historia todavía más dramática, testimonio perfecto para el relato. Su casa linda con el asentamiento de Beit Romano. A su mujer la ejecutaron en la azotea. A uno de sus hijos le tiraron ácido desde la colonia y su tienda fue cerrada por seguridad, ya que está demasiado cerca del asentamiento. Lleva diez años sin trabajo. Lo cuenta todo en un DVD que también te entregará.

Si antes de irte de Hebrón das un paseo por la Mezquita de Abraham (dividida en dos partes —musulmana y judía— y separada por un cristal antibalas desde que en 1994 el colono Baruch Goldstein asesinara a 29 palestinos que estaban rezando), seguramente te toparás con Yamal Fahusi. Su cara, salpicada por miles de pecas, le hace inconfundible. Está al acecho de periodistas. No hace falta ni que le digas nada: él se encarga de todo. Te llevará a su casa, te invitará a un té y te explicará cómo su vida está limitada por los soldados israelíes. Hay días en que no puede salir de su barrio, por ‘seguridad’. Que se sepa, no tiene DVD de momento. 

Listo. Reportaje sobre Hebrón completado. Ahora sí, ya puedes irte. Podrías intentar entrar en la colonia y hablar con algún vecino judío. Pero, ¿para qué? Nunca quieren hablar y si lo consiguieses nadie comprendería el valor de lo que has logrado. No pierdas el tiempo. Lárgate de ahí.

De todas formas, y pensándolo bien, no es estrictamente necesario que vayas a Hebrón. Puedes informarte a través de la web breakingthesilence.org. Se trata de una ONG que recoge testimonios de soldados y ex soldados israelíes que relatan su experiencia en Hebrón. Hebrón es algo así como Córcega para los legionarios romanos de Asterix, el peor lugar donde pueden enviar a un soldado. La tensión en la ciudad es terrible. Los militares explican cómo les ordenan realizar continuos registros nocturnos en casas palestinas, cómo pierden la noción del bien y el mal y, sobre todo, cómo son incapaces de contener la radicalidad de los colonos judíos que atacan constantemente a sus vecinos palestinos. La mayoría de estos colonos son de extrema derecha ligados al partido ilegalizado por Israel, Kach. El problema es que los colonos, como ciudadanos israelíes, se someten a las leyes civiles, por lo que los soldados no pueden hacer más que llamar a la policía cuando hay ataques o agresiones. Al fin y al cabo están ahí para proteger a los colonos, aunque por momentos sea una paradoja. Sus testimonios son los de personas que han visto el odio y no han podido ni les han dejado evitarlo. Es tan impresionante leer sobre el día a día de Hebrón que, si quieres, ni vayas. 

Nablus, los campos de refugiados 

Lo que deberías hacer ahora, joven periodista, es reflejar la realidad de los campos de refugiados palestinos. Hay 19 en Cisjordania y en ellos viven cientos de miles personas, la mayoría de ellas desplazadas desde lo que hoy es Israel en 1948 (fundación del Estado) y en 1967 (guerra de los Seis Días). Ahí viven desde entonces; en campos que han ido edificando ellos mismos y donde se hacinan generación tras generación sin perspectiva de que vayan a poder regresar jamás a sus casas, en su mayoría destruidas por la guerra. Una realidad trillada y conocida de sobra por cualquier periodista o lector, por supuesto. 

¿Cómo entrar en uno de estos campos? Esta guía vuelve a tener la respuesta. Aunque en realidad no es difícil acceder a cualquiera de ellos, los palestinos saben cómo ponértelo fácil. De nuevo, no tienes por qué convertirte en un reportero aventurero, simplemente haz lo que ellos te vayan explicando. 

Lo ideal es que acudas a Nablus. Esta localidad, al norte de Cisjordania, fue en su día la capital económica de Palestina. Hoy es una ciudad fuertemente vigilada por el ejército israelí y popular por su resistencia a la ocupación. Puedes pedirle a cualquier vecino que te conduzca al campo de refugiados de Balata. Una vez allí, ya no tienes que hacer nada más. Todo te será concedido para tu reportaje.

Saldrá a recibirte Muhamed Salid, director del centro cultural de Yafa. La labor de este hombre merece un artículo en sí mismo: ha logrado introducir cientos de actividades culturales en el campo y canalizar los esfuerzos de resistencia por las vías del activismo y la protesta argumentada, con campañas, redes sociales y manifestaciones. Con ello ha reducido drásticamente el número de ‘mártires’, jóvenes del campo que han muerto en combate contra los soldados israelíes y cuyos retratos empapelan las paredes de Balata en forma de tributo. Lástima que se hayan hecho cientos de reportajes sobre esto y que esta historia se conozca perfectamente.

Por ello es mejor dejarnos guiar por Salid, que nos explicará que Balata es un campo de un kilómetro cuadrado donde viven 25 000 personas. Fue levantado tras la fundación del Estado de Israel y entonces acogía a 5 000 refugiados. Con el paso de los años, el crecimiento de su población ha obligado a los vecinos a añadir alturas a sus edificios. El resultado, después de varias generaciones, es un campo conformado por viviendas de cinco y seis pisos de distintos colores y materiales, levantados artificialmente, y que apenas distan un metro de un bloque a otro. La sensación al introducirte en este kilómetro cuadrado es claustrofóbica: enormes casas pegadas entre las que serpentean callejones que tocan tus hombros y que tapan casi completamente el cielo. Salid te dará una vuelta, te lo explicará todo en un inglés perfecto y hasta te dará los tiros de cámara pata finalmente ofrecerte ‘merchandising’ del campo, que está a la venta en la oficina del centro cultural. Como en Belén, si te quedases sin tiempo para acudir (o te da pereza) puedes emplear su web: yafacult.ps.eng

Si deseas completar la visión sobre los campos de refugiados, podrías acudir al campo de Yenin. Este lugar, cuna de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, contiene el Teatro de la Libetad. Juliano Mer Khamis fundó esta iniciativa durante la segunda Intifada. Se trata de una escuela de teatro en la que los alumnos, chicos y chicas del campo, se preparan y sueñan con ser actores y, de paso, esquivan el camino de la lucha armada. Promueven la ‘Intifada cultural’ y sus esfuerzos están salvando la vida a cientos de jóvenes, que abrazan otra manera de combatir la ocupación ajena a la violencia. La iniciativa está teniendo tanto éxito que Juliano fue asesinado el pasado 4 de abril. Estaba desviando a los chicos de su verdadero objetivo: morir por Palestina. 

Jerusalén Este, los desalojos 

Llegamos al final del reportaje. El material recopilado es abundante y, aunque no vaya a servir de nada, el entrenamiento está siendo positivo. Tanto, que llega a su fin. Un buen remate sería acudir a Jerusalén Este para reflejar los continuos desalojos que padecen vecinos palestinos para que sus casas sean ocupadas por ciudadanos israelíes. En realidad estos desalojos tienen un entramado jurídico detrás elucubrado por Israel para que sean ‘legales’ que merecen un capítulo aparte: títulos de propiedad árabes invalidados, ley del ausente y un largo etcétera. Pero esto a ningún editor le va a interesar porque está más que contando. Así que encontremos lo que hemos venido a buscar: jaleo. Como Jerusalén Este es muy grande deberemos dejar, una vez más, que sean nuestros protagonistas quienes nos guíen y completen el reportaje. Es fundamental acudir el viernes. Ese día, desde hace tiempo, a las 14:00 de la tarde, se celebra una manifestación en los jardines de Sheikh Jarrah. Allí acuden activistas israelíes y árabes para denunciar, al ritmo de percusiones y silbatos, la ocupación israelí en Jerusalén Este. Cantan, gritan y muestran mensajes frente a la policía israelí, que observa impasible armada hasta los dientes. Junto a los activistas siempre hay unos cuantos periodistas entrenándose. Puedes saludar a alguno. Aprovecha también para entrevistar a alguno de los cabecillas de los manifestantes. Y con esto, es suficiente. Bueno, si al final no encuentras los jardines de Sheikh Jarrah, tienen web, cómo no: justjlm.org

Es hora de regresar, satisfecho por el trabajo realizado. Por supuesto, esta guía es absolutamente confidencial. Nadie debe saber que no te fue difícil lograr todos esos testimonios. Todo lo contrario, has de vender que te moviste por sitios impracticables en busca de la historia inédita que mejor refleja el conflicto. Cuando te canses de repetirlo, coge el reportaje, guárdalo en un cajón y ponte a buscar trabajo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario