2 jul. 2012

'Jogo bonito' en Río de Janeiro

Este reportaje se publicó en el suplemento de viajes Destinos.




Visitar Río de Janeiro hoy tiene un peligro. No tiene que ver con las favelas, con el narcotráfico o la inseguridad. Es un peligro mucho más amable y atractivo. Visitar Río hoy significa, probablemente, querer quedarse. Para no volver.


La ciudad carioca (gentilicio a veces utilizado erróneamente para referirnos a los brasileños, cuando los cariocas son los habitantes de Río) es la capital del estado homónimo. Segunda economía de Brasil sólo por detrás de Sao Paulo, Río de Janeiro es un antagonismo de la realidad española a día de hoy: si en nuestro país hay paro, en Río hay trabajo; si en España hay crisis, en Río hay euforia; si aquí pinchó la burbuja inmobiliaria, en Río construyen hoteles como si fueran castillos de arena de su playa de Ipanema. Río es aquí y ahora. Bulle actividad y vida. Es ‘a cidade maravilhosa’ atravesando su mejor época. Sin duda, es el momento de conocer Río. Sabiendo ya cuál es su ‘peligro’.

A Río de Janeiro se le vienen encima tres acontecimientos de primera magnitud. La cumbre medioambiental internacional Rio+20, que se celebra este mes de junio; el Mundial de Fútbol 2014, con epicentro en el estadio carioca de Maracaná; y los Juegos Olímpicos Rio 2016. Estos tres eventos, unidos a la resurrección imparable de la economía brasileña, han cambiado el mapa de la ciudad. Y son la excusa perfecta para elegirla como destino.


Barra de Tijuca

Antes de entrar en el circuito clásico de la ciudad es necesario destacar el nuevo Río, ese que el visitante va a poder estrenar. Se trata de la Barra de Tijuca, una extensa franja de tierra situada al suroeste de la ciudad y que no fue urbanizada hasta los años 80. Alberga, además de una maravillosa y extensa playa, hoteles de nueva construcción (con precios mucho más asequibles que los de Ipanema o Copacabana) y lo que será la Villa Olímpica, con sus correspondientes centros comerciales y de ocio. Es un destino ideal para alojarse, moderno y cómodo, y menos trillado por los turistas. Como todo barrio acomodado, Barra lleva adosada una favela. En este caso se trata de la cinematográfica Ciudad de Dios, pacificada por la policía de Río hace meses.

Ipanema y Copacabana

Las niñas bonitas de Río. Sólo su sonoro nombre evoca placer. En las dos playas más famosas de Brasil confluyen esculturales cuerpos con bossa nova al viento. Además de disfrutar de su arena, debemos zambullirnos en su microcosmos y recorrerlas hasta la extenuación. Con Leblon -el barrio que cierra Ipanema- como punto de partida, podemos pasear hasta Arpoador, parque que separa ambas playas y que cuenta con un atardecer de postal. Por el camino podremos ver el arte del ‘futvoley’ y la ‘roda altinha’ (no dejar caer la pelota); deberemos beber un coco en uno de sus innumerables puestos y disfrutar de la música al aire libre, casi siempre samba. El final del paseo es Leme, la parte última de Copacabana, una franja de arena más tranquila y con menos turistas, ideal para el baño.

Río desde el cielo
La ciudad está salpicada por morros, montañas cubiertas de selva que se yerguen entre los edificios. Los barrios están separados entre sí por estas espectaculares espesuras selváticas, confiriendo a Río un perfil imponente. Algunos de estos morros ofrecen vistas inolvidables. En el barrio de Urca -precioso, tranquilo e ideal para comer pastelinhos (empanadillas) al aire libre mientras contemplamos la bahía de Botafogo- se erige el Pao de Açucar (Pan de Azúcar). Se sube en teleférico (17 euros) y las vistas son espectaculares. El otro mirador es el Cristo del Corcovado, al que se accede en tren (15 euros) desde el barrio de Laranjeiras. Una vez arriba podremos contemplar la ciudad como una maqueta en 360 grados. Existe otro morro fuera de las guías turísticas, pero cuya visita se antoja una experiencia inolvidable. Se trata de Dois Irmaos (Dos Hermanos), en el extremo oeste de Ipanema. La ascensión (trilha) se hace por libre y la excursión nos permitirá conocer la favela de Vidigal, al pie del morro, y punto de partida del recorrido. Vidigal está pacificada, de manera que es una ocasión única para conocer una favela. La ascensión es dura, pero queda compensada por unas vistas inimaginables: Río a tus pies –incluida la infinita favela de A Rocinha- mientras las nubes avanzan a tu alrededor.

El centro

Hacia el norte se extiende la ciudad a través de barrios emblemáticos como Botafogo –con su mítica bahía donde descansan los barcos de recreo-, Flamengo o Catete. Obligatoria es la visita a Santa Teresa y Laranjeiras. El primero ofrece el mejor ocio nocturno de Río: barrio bohemio con decenas de locales con música en directo, restaurantes y calles repletas de cariocas disfrutando de caipirinha. Más al norte nos encontramos el otro Río, el centro, una mezcla de rascacielos y edificios coloniales; grandes avenidas y mercadillos ambulantes. La otra cara de la ciudad carioca también resulta apasionante. A partir de ahí, dirección norte, la inmensidad de los suburbios, la realidad que no sale en las guías y en la que, el turista de a pie, se encontrará fuera de lugar.

Jardín Botánico
Creado en 1808 por la realeza portuguesa, el Jardín Botánico es un resumen de la inmensa selva que Río alberga en el centro de la ciudad. 40.000 plantas (con más de 6.000 especies distintas) componen este infinito jardín, remanso laberíntico de paz. Recorrerlo recarga las baterías desgastadas por el sol y el caos urbano, especialmente su avenida de las palmeras, una larga calle de palmeras imperiales, que contemplan al visitante con sus 30 metros de altura desde hace más de 150 años. Es un inmejorable punto y final para una ciudad que no admite pausa y que parece gritar actividad y vida las 24 horas. Lo cierto es que nos grita a nosotros. Es el momento de acudir a su llamada.


Claves

Favelas, la pacificación ha comenzado

El Gobierno brasileño comenzó el pasado año un programa para pacificar las favelas de Río de Janeiro, esto es, expulsar al narcotráfico a fin de recuperar el control sobre ellas. Para lograrlo, Brasil creó la UPP, unidad policial que ya ha pacificado todas las favelas de la zona sur de la ciudad. Ésta es la zona que Brasil quiere libre de delincuencia organizada antes del Mundial, una suerte de área controlada que va desde el aeropuerto hasta la Villa Olímpica, territorio en el que los turistas podrán moverse con seguridad. Para completar este reto sólo falta entrar en Maré, enorme favela conocida como ‘Franja de Gaza’ y que el Gobierno tiene planeado planificar en pocos meses. El éxito de esta medida se ejemplifica en Vidigal, una favela pegada a Ipanema y en la que ya están acostumbrados a la presencia de turistas. La cruz de la moneda es el norte, donde las favelas están recrudeciendo su violencia debido a la llegada de los delincuentes expulsados del sur.


Maracaná, templo del ‘futebol’

Será el símbolo del Mundial y de los Juegos. El, tal vez, estadio más emblemático del mundo, lleva meses en obras para mostrar su mejor cara. A su alrededor se han desalojado las favelas (reubicando a sus habitantes no sin polémica) y se preparan ya para la construcción de enormes parkings, bulevares y centros comerciales. Será el corazón del fútbol, pasión por excelencia en Río. Quien disfrute del balón no puede perderse algún partido de Flamengo, Fluminense, Botafogo o Vasco da Gama, los equipos de la ciudad. Ir a un partido es seguro y el ambiente es familiar y festivo.


Guía práctica

_Cómo llegar y requisitos de entrada

Hay vuelos directos desde Madrid y Barcelona con Iberia. Otra opción, que suele resultar más económica, es la portuguesa TAP, aunque hace escala en Lisboa. A tener en cuenta: desde el pasado mes de mayo el Gobierno brasileño obliga a los ciudadanos españoles a presentar, en la aduana, billete de ida y vuelta, reserva del hotel pagada (si vamos a una casa, necesitamos carta de invitación del anfitrión) y tarjeta de crédito o una cantidad de efectivo equivalente a 80 euros por cada día que vayamos a estar en el país. Estos requisitos son imprescindibles.

_Dónde dormir

Río no es barato. La construcción de 85 nuevos hoteles rebajará los precios, pero de momento hay en tener en cuenta que se han quedado fuera de mercado. Tanto, que hasta la delegación de la Comisión Europea que iba a acudir a Río+20 lo anuló por el precio de los alojamientos. Pero hay alternativas: debemos buscar hoteles intermedios (los menos frecuentes) como el Vermont, en Ipanema. Lo ideal es entrar en la web offtobrazil.com, que nos rastrea toda la oferta.

_Cómo desplazarse

La zona sur de Río está bien comunicada por el metro, que es rápido y puntual. Además, existe una buena red de autobuses urbanos. Otra alternativa son las ‘van’, que por 2,5 reales, recorren todas las zonas turísticas antes de subir a las favelas. Si optamos por el taxi debemos recordarle que active el taxímetro (relojo) y en el aeropuerto coger siempre uno de los amarillos (amarelos).

_Qué comer

En las barracas –pequeños establecimientos- debemos probar los sucos (zumos de frutas tropicales) y los doçes (pasteles). Para comer es obligatoria la visita a un rodicio y degustar bufet libre de carne y probar las deliciosas feijoadas, hechas con judías pintas. Para beber, cómo no, caipirinha. O cerveza, que se sirve completamente helada.

_Noche

La noche carioca es, en sí misma, un motivo para justificar el viaje. En Río hay varias zonas de marcha. El barrio de Lapa reina la música brasileña y las batucadas y en Sata Teresa abundan los conciertos de samba, un espectáculo de desinhibición y alegría. En Ipanema y Copacabana se estilan locales más sofisticados y se encuentran las discotecas más modernas de la ciudad.





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