19 nov. 2012

Flying Circus: la verdad es un absurdo




Georg Wilhelm Friedrich Hegel nació en 1770 en Alemania. Es considerado por muchos el padre de las ideologías. Hegel, a través de la novela, otorgó a los hombres un papel en la historia. Con ello, era posible contribuir al nacimiento del espíritu. El pensamiento europeo adopta una nueva forma: la historia. Con ello nace la lucha por su interpretación: el que logra una mejor interpretación de la historia alcanza el derecho al poder y por tanto a encauzarla como considere apropiado. Las interpretaciones con pretensión de exclusividad reciben el nombre de ideologías. Hegel dibuja un escenario en el que no existe quien tenga la razón absoluta, todo es interpretable. Aniquila el dogma. En Flying Circus se lleva al extremo la teoría hegeliana en la cabina de un avión. Piloto y copiloto charlan con una azafata cuando irrumpe un secuestrador, un hombre de gafas que titubea y se muestra inseguro. “Que nadie se mueva, esto es un secuestro”, dice empuñando una pistola. Los pilotos le miran. El hombre añade: “Bueno, que nadie se mueva excepto para pilotar el avión, para eso pueden moverse un poco”. La azafata interviene. “¿Yo puedo moverme?”. El secuestrador se gira alertado: “¡Sí! Puede moverse un poco, sí”. Después se dirige a los tres: “Lo siento, no pretendía ser tan dogmático cuando entré. Pueden moverse todos dentro de un límite. Hay movimientos involuntarios que no se pueden evitar. Para reafirmar mi autoridad tengo que tener en cuenta eso”. Uno de los pilotos responde: “No se puede evitar que se muevan las tripas”. –“No, no, claro. Bien dicho”. –“La misma vibración del avión puede considerarse un movimiento”, añade el copiloto. –“Y estamos moviendo los labios”, remata el propio secuestrador. Así continúan un rato hasta que los pilotos convencen al hombre de que llegará antes a su destino tirándose al vacío que desviando el avión. 

Este fragmento pertence a mi texto 'Flying Circus: la verdad es un absurdo', publicado en el número 2 de la revista Jot Down. Puedes comprar la revista, llena de artículos mucho mejores que el mío, a través de la web o en cualquier de estas librerías. Merece la pena. 




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