7 may. 2013

Entrevista con Kerry Kennedy


Este texto fue publicado en la revista Yo Dona.




Del salón a la cocina, de la cocina a la sala de estar y de la sala de estar a la entrada. Ese es el recorrido que se necesita en casa de Kerry Kennedy para dar una vuelta al mundo. En el breve paseo se puede ver una tela de Zimbawe, una pintura indígena de México, una fotografía antigua de Italia o una lanza tribal de Uganda. “He conocido muchos países”, dice sonriendo, como si no tuviera importancia. En seguida uno comprende que no es así, que lo que Kerry Kennedy dice –y sobre todo lo que hace- es importante.  Muy importante. 

Nació el 8 de septiembre de 1959. Es la séptima de once hermanos y en su apellido porta una porción de historia moderna. Su padre fue el senador Robert F. Kennedy (conocido como Bobby Kennedy), fiscal general de Estados Unidos y candidato a la presidencia del país en los años 60. Fue un político casi revolucionario. Su lucha por la igualdad de derechos en un país con graves problemas raciales y económicos le valió un reconocimiento que se dilata hasta el presente, pero también la vida. Bobby Kennedy fue asesinado en 1968. Siguió los pasos de su hermano, el archiconocido JFK, cuyos sueños se habían llevado por delante cinco años antes. La pregunta es obligada. ¿Te han marcado las muertes de tu tío y de tu padre? La respuesta, brillante: “No. Lo que me ha marcado son sus vidas”.


Kerry Kennedy heredó todo aquello por lo que su padre y su tío pasaron a la historia: la lucha incansable por la justicia y la defensa de los derechos humanos. Actualmente es la presidenta del Centro Robert  F. Kennedy para la Justicia y los Derechos Humanos. Esta organización trabaja en la conservación de derechos en todo el mundo a través de la formación a activistas y cooperantes -ya han cursado sus ciclos un millón de jóvenes de diversos países- y del apoyo directo a ONG. “Creo que mi camino estaba señalado desde pequeña. Mis primeros recuerdos son en el coche, con siete u ocho hermanos, mi madre al volante, atravesando Washington rumbo al despacho de mi padre en el departamento de Justicia. Allí pasaba muchísimo tiempo y escuchaba muchas de las cosas por las que estaba luchando”. Kerry rememora con un hilo de voz, con la mirada perdida y hablando pausada. Como mostrando un enorme respeto por lo que narra. “Un día mi padre me llevó a un lado y me dijo: Kerry, cariño, hoy es un día histórico, dos chicos han terminado el colegio y han entrado a la universidad”. Aquellos dos chicos fueron los primeros afroamericanos en conseguirlo. “Y la incansable lucha de mi padre tuvo mucho que ver”.

El primer contacto que Kerry tuvo con el activismo fue, precisamente, en la universidad. “En realidad fue antes –bromea-, cuando tienes siete hermanos varones valoras desde muy pequeña los derechos humanos”. Ya en serio explica que todo empezó con una investigación universitaria sobre los refugiados salvadoreños en Estados Unidos. “Descubrí horrorizada el trato que les daba el gobierno de mi país”, afirma. Después documentaría el apartheid en Sudáfrica y entraría en contacto con exiliados de la dictadura chilena. ”Tras todo aquello me dije: yo quiero dedicarme a esto, esta gente son mis héroes. Quiero ser como ellos”. En 1981, y tras graduarse en Derecho, fundó el centro que lleva el nombre de su padre y comenzó a recorrer el mundo sobre el terreno. “El objetivo es seguir luchando por los desafíos que mi padre no pudo completar”, remarca. El mes pasado estuvieron en Italia, donde 50.000 alumnos se beneficiaron de su actividad. La próxima semana es el turno de España, donde desembarcará la que a día de hoy es considerada una de las organizaciones de derechos humanos más importantes del mundo. “Queremos llevar a España el programa de educación en derechos humanos. Creo que especialmente ahora, con la gran crisis económica que están padeciendo, los españoles tienen un enorme interés en que la siguiente generación tenga asegurados sus derechos. Ése es nuestro objetivo”, explica. “Ésa es la razón de ser de esta organización”.

Activista, escritora, bloguera… y madre

Kerry es madre de Cara y Mariah -gemelas de 18 años- y Michalea, de 15. Se separó del padre de sus hijas, Andrew Cuomo -actual gobernador del estado de Nueva York- en el año 2005. “La gente me pregunta cómo hago para organizar mi tiempo. Es una buena pregunta”. Lo es porque la agenda de Kerry es una olla a presión.  Ya ha perdido la cuenta del número de países que ha visitado. “Acabo de llegar de Uganda. El parlamento está debatiendo si castigar la homosexualidad con pena de muerte. Estamos tratando de impedirlo a través de formación a los políticos”, cuenta. Y susurra: “Qué barbaridad”. En las estanterías de la casa se amontonan los libros. La mayoría de política y activismo, también novelas. “¿Ves el desorden en mis estanterías? Así soy yo de desorganizada. Lo digo en serio”. Cuesta creerlo: además de presidir una fundación que le hace recorrer el mundo, Kerry Kennedy colabora con diversos medios estadounidenses, tiene un blog, ha escrito dos libros y es madre de tres hijas. “A pesar de todo tengo tiempo libre, o trato de tenerlo. Lo dedico a cuidar mi jardín y a estar con mis hermanos y hermanas. Estoy muy unida a mi familia. También me encanta leer, por supuesto”. La energía que se requiere para sobrellevar tal ritmo queda reflejada en la tarde que compartimos con ella: sube y baja las escaleras de la casa, se cambia la ropa para la sesión de fotos, no deja de ofrecer algo de beber a sus invitados y hasta se pone a saltar en la cama elástica de su jardín. Sólo al final de la intensa tarde se le escapa un bostezo. “Perdón, es el ‘jet-lag”, se justifica. Sonriendo, por supuesto.

En su larga lista de experiencias a lo ancho del mundo es incapaz de resaltar una como la más impactante. Sin embargo, dedica un buen rato a hablar sobre su vivencia en el Sáhara Occidental. “Sé que es un tema importante en España, tendré tiempo de tratarlo allí”, explica. “Tenemos varios proyectos en la zona, trabajamos con el actor Javier Bardem. Es una situación muy complicada”. Kerry se muestra especialmente sensible al rememorar su visita. “Ves policía militar en casa esquina, la represión es indescriptible. Me contaron cientos y cientos de historias de amenazas, abusos, desapariciones, asesinatos… apenas hay familias que no tengan un desaparecido entre sus miembros”. Kerry vivió el conflicto muy de cerca: “Bajábamos una calle en coche cuando vimos dos policías golpeando a una mujer. Mi hija, que venía conmigo, sacó algunas fotos y nos rodearon. Le quitaron la cámara. A nosotras no nos hicieron nada, pero dos miembros de la delegación acabaron en el hospital. Al día siguiente la prensa explicaba que la señora se había caído en la calle y los policías trataban de ayudarle. Ridículo”.

Otro lugar que le ha marcado es España. “No lo digo porque vaya a ir, ya he estado en España y siempre lo digo: me encanta”. Kerry pasó un verano en Sevilla cuando tenía 19 años. “No vas a creer lo que hacía: trabajaba en una granja donde entrenaban toreros, yo empujaba el carrito en forma de toro. Me encantaba”. “¿Y ahora?”. “Ahora ya no me gusta, es demasiado violento para mí. De España prefiero su mezcla de culturas, su música y su comida. Tengo dos sueños: aprender a hacer gazpacho y hacer el Camino de Santiago”, confiesa sin atisbo de bromear. “En cuanto tenga un par de meses libres voy a hacer ambas cosas”. Y algo permite percibir que lo hará. Que no lo dice por decir. 

“Algo por lo que valga la pena vivir”

Un retrato de John F. Kennedy y su entonces mujer, Jacqueline, preside las escaleras que van a parar al segundo piso de su casa. Es una casa grande, abarrotada de recuerdos, regalos, adornos. Con un acogedor punto de desorden. Hay fotos familiares por todas partes, fotos de una de las familias más conocidas del mundo. “Creo que en la familia Kennedy hay desarrollada una gran sensibilidad y compromiso por los derechos sociales, tanto en hombres como en mujeres”, explica Kerry. “No creo que las mujeres tengamos una sensibilidad especial para esto, creo que es cuestión de personas, no de géneros”. Sin embargo, a la hora de ensalzar una figura que le haya impactado de forma especial, Kerry elige una mujer. “Cuando estaba escribiendo el libro ‘Speak true to power’ me encontré con la historia de Marian Wright Edelman, la primer mujer afroamericana que se licenció en Derecho y ejerció como abogada en Mississippi, un estado castigado entonces por el racismo”, explica. “Le pregunté por qué había emprendido ese camino tan peligroso. Ella me dijo algo que tengo presente desde entonces: me dijo que simplemente había encontrado algo por lo que merecía la pena vivir”. Kerry se queda unos segundos en silencio. “Como madre eso es lo que quiero para mis hijas: que encuentren algo que cada día les haga sentir que su vida merece la pena ser vivida. Eso es, en realidad, lo que deseo para todos los niños del mundo”.

Entre los adornos y los libros descasa el periódico abierto. La noticia visible habla del control de armas, un tema de actualidad en Estados Unidos sobre el que Kerry tiene una opinión definida. “Mi padre y mi tío fueron asesinados por personas que tenían a su alcance armas. Creo que no hay razones para tener armas de asalto en casa. No hay razón en EEUU”. El otro gran foco de la actualidad americana está puesto sobre la ley del matrimonio homosexual, que Obama pretende aprobar. En esta ocasión la opinión de Kerry es más contundente, más directa: “Cada uno debe casarse de quien esté enamorado. Eso es todo”. Es la primera respuesta que da veloz, sin pensarlo. Todas las demás son meditadas y rumiadas, no concede una sola palabra sin haber estudiado antes su repercusión. Pero en este tema no duda. Y eso a pesar de reconocerse como una persona muy católica. “Creo en Dios y creo que Dios decide cuál es nuestro camino en la vida, pero creo en un dios cercano, que nos anima, que nos apoya. Que cuando nos equivocamos nos dice: ‘venga, sigue adelante, yo te ayudo’. No creo en esa idea de Dios que nos amenaza, nos castiga y nos advierte que nos va a enviar a los infiernos”.

Más libertad que nunca

La charla se dirige hacia su final. “Gracias por vuestro tiempo”, dirá después quien ha concedido una tarde entera teniendo una frenética agenda. Antes, un epílogo dedicado al futuro. ¿Cómo ve el mañana una persona que lucha por mejorarlo?: “Yo veo más libertad hoy que la que nunca he visto en mi lucha por la democracia. Cuando empecé a trabajar en derechos humanos toda Latinoamérica estaba bajo dictaduras, el este de Europa bajo el comunismo, Sudáfrica padecía el apartheid y había unas mil ONG en el mundo. Hoy hay cientos de miles y la mayoría de esos países son libres. Creo que es un camino duro y largo y hay evidencia claras que pueden invitar a pensar en que no vamos en el camino correcto, pero soy optimista”, concluye.  

Tras la despedida Kerry se aleja por el salón agarrando el hombro de su hija. Se pierden entre los adornos de medio mundo, entre los libros hacinados en la estantería. Entre los retratos de su padre y de su tío, quienes contemplan orgullosos cómo, finalmente sí, sus propósitos se están cumpliendo.

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