30 jul. 2014

Filipinas: el Caribe de Asia

Este reportaje fue publicado en el suplemento Viajes de El Mundo

Como la aldea de Astérix, Filipinas resiste todavía y siempre al estereotipo del sureste asiático. Si los países vecinos son hijos del budismo, reservados y trabajadores, los filipinos son hijos del colonialismo español: alegres, despreocupados y hospitalarios. Son los caribeños de Asia.




En el ferry que conecta la isla filipina de Cebu con la de Bohol ruegan por megafonía que se preste atención a los monitores de televisión del barco: van a comenzar las instrucciones de seguridad. Acto seguido, con el barco ya en marcha, arranca en las pantallas un Padre Nuestro. No es que el ferry sea especialmente inseguro –al contrario, Filipinas está renovando toda su flota de transporte marítimo-, se trata más bien de la profunda presencia de la religión católica en el país. Es uno de los legados que por allí han dejado cuatro siglos de colonialismo español (desde 1565 hasta 1898). Filipinas es el único país cristiano del Pacífico asiático, algo que provoca un contraste entre los filipinos y sus vecinos vietnamitas, indonesios o chinos. Si estos son reservados, trabajadores y discretos, Filipinas es como un país latino, el Caribe de Asia: son alegres, desinhibidos y mucho más abiertos. Es un lugar lejano solo geográficamente para cualquier español que se anime a visitarlo. Hasta los nombres son familiares: Ramón Jiménez, Marina Pascual… Lo único que no ha pervivido es el idioma. Los filipinos hablan tagalo (lengua nacional) e inglés, herencia del breve período de ocupación estadounidense. Por si acaso cuentan con 87 idiomas más.

España llegó al país de la mano (más bien de la espada) del portugués Fernando de Magallanes, quien cayó muerto en la batalla de Mactán a manos del guerrero local Lapu-Lapu. Hay cientos de calles y plazas con el nombre de este héroe local. Uno de los tributos más emblemáticos es la enorme estatua que de él se yergue en Cebu, la segunda ciudad de Filipinas y un buen lugar para arrancar el viaje.



Cebu y Bohol: el corazón de Filipinas

De bronce y con veinte metros de altura, la estatua a Lapu-Lapu marca el inicio de la visita a la isla de Cebu, una de las 7.000 que componen el interminable archipiélago de Filipinas. No lejos del monumento, se encuentra la Basílica del Santo Niño, en el centro de la ciudad. Se trata de una iglesia que alberga la imagen de un niño venerado con devoción por toda la comunidad. A él se debe –según los locales- que ni el terremoto ni el tifón que tuvieron lugar en octubre y noviembre del año pasado afectaran de forma grave a la isla. Otras muchas zonas del país sí luchan a día de hoy por recuperarse. En algunas de ellas, como Tacloban o el propio norte de Cebu, las ruinas siguen como si hubiese sucedido ayer.  

El contraste con estos lugares son algunos de los resorts que ofrece Cebu, como el Mactan Shangri-La Resort, un lugar familiar para desconectar y disfrutar de todo tipo de comodidades, incluidas piscinas, playa privada y masajes.

Enfrente de Cebu está el archipiélago de Bohol, epicentro de las Visayas, las islas centrales del país. Se trata de una zona con interminable oferta. La principal: el buceo. La barrera de coral que rodea Bohol conforma un gigantesco acuario en el que bucear se convierte en una experiencia apabullante. Más que recomendable es hacerlo de la mano de los tres chicos españoles que dirigen la escuela Reef Seekers Dive Center de Panglao, una pequeña isla vecina a la principal de Bohol. La experiencia de sumergirse con botella en estas aguas cristalinas es obligatoria. La costa, además, ofrece alojamientos de ensueño a precios razonables, como el Ananyana Beach Resort, un rincón entre palmeras a pie de playa que responde a lo que entendemos como paraíso. El interior de la isla no se queda atrás. Primero porque merece la pena recorre las aldeas y pueblos para descubrir la verdadera Filipinas rural, con sus casas de madera, sus gallos de pelea (deporte nacional con permiso del baloncesto) y sus vecinos con sonrisa perenne. Segundo por su naturaleza. Las Chocolate Hills (colinas de chocolate) suponen visita imprescindible: más de 1.200 colinas marrones en forma de cono cuya formación y origen son todavía desconocidos. No lejos de allí está SUP Tours, un alojamiento de cabañas regentado por un chico belga a pie del río Loboc. En este río, por cierto, se rodaron algunas secuencias de la película ‘Apocalypsis Now’. SUP Tours ofrece algo más sencillo y divertido: practicar el paddle surf a lo largo del majestuoso río escoltado por palmeras que se inclinan sobre el agua. La atracción con la que se debe rematar la visita a Bohol es el santuario de Canapnapan, una reserva natural donde se puede contemplar al singular tarsier, el primate más pequeño del mundo con sus enormes e hipnóticos ojos.

Manila, el caos maravilloso

A las 17 ciudades que conforman el núcleo urbano de la capital se les conoce como Metro Manila. Juntas forman una enorme ciudad de 11 millones de habitantes, rebosante de caótico tráfico y con océanos de chabolas que contrastan con lujosas avenidas. Una experiencia urbana imponente. El núcleo de la ciudad es el distrito de Intramuros, lo que en su día fue el epicentro de la comunidad colona española fundado por Miguel López de Legazpi en 1571. Además de sus callejuelas coloniales, parques y estatuas, destaca la catedral de Manila. De la ciudad también merece la pena conocer su realidad: alrededor de Intramuros hay numerosos ‘slums’ donde, sin peligro para la seguridad, se puede descubrir la cara más auténtica y sin cortapisas de la realidad urbana de Filipinas. Otros ‘slums’, como el que se extiende sobre el mar del otro lado, no son recomendables para el visitante, aunque la ciudad –es importante decirlo- es en general segura.
Chinatown es el barrio –obvio- de la comunidad china, situado justo al lado de Intramuros. Ahí viven los llamados chinos-filipinos, casi 4 millones en todo el país y que, aunque la mayoría ya ha nacido en Filipinas, siguen manteniendo sus costumbres y cultura de una manera casi aislada. A Intramuros y Chinatown, por cierto, se llega a través del malecón, que no solo recuerda al de La Habana por el nombre: también la estética y clima de este paseo marítimo trasladan al Caribe.

El último punto de interés en Manila es el barrio de Makaty. Es el centro financiero de la ciudad, repleto de rascacielos, centros comerciales y lujosos hoteles como The Fairmont, una más recomendable opción para alojarse en la capital. En Makaty está el museo Ayala, el museo de Historia de Filipinas que cuenta con un llamativo diorama en el que se recorre la evolución del país a través de maquetas e ilustraciones. Para las compras, éste es el barrio: Makaty cuenta con numerosos centros comerciales entre los que destaca el SM Mall of Asia, uno de los más grandes del continente.

No está soñando, está en El Nido

El Nido es una pequeña ciudad al norte de la isla de Palawan, la más occidental –geográficamente- de Filipinas. También se llama así a toda la zona norte de la isla y los cientos de islotes que la rodean. Por decirlo en pocas palabras: El Nido es un pedazo del paraíso instalado en Filipinas. Que la descripción alcance la altura de lo que en realidad ofrece es una tarea utópica. Con palabras es complicado trasladar lo que estas islas, bahías, playas y selvas conceden al visitante. Decenas de hoteles sostenibles, que se funden con el entorno, salpican la región. Uno de los más recomendables es, sin duda, el Miniloc Resort, un hotel con forma de cabañas perdido en una maravillosa bahía de agua cristalina. Desde ahí se puede acceder a todas las actividades que nos ofrece El Nido: buceo, paseos en kayak por las lagunas escondidas, senderismo… O simplemente tumbarnos a ver la vida pasar en una de sus innumerables playas de arena blanca. En la pequeña isla de Pangulasian se puede contemplar el atardecer desde una de sus hamacas. El Nido es el colofón perfecto del viaje. Un viaje que nos va a permitir revelar un destino volcado en recuperar los lazos con España. Filipinas se ofrece a ser descubierta, nos recibe con los brazos abiertos como alternativa a sobreexplotados destinos cercanos. Y es imposible decirle que no. 

Guía:

Cómo llegar: Filipinas está lejos, es algo que debemos asumir. La forma más recomendable de llegar es con Singapore Airlines, que ofrece vuelos desde Barcelona a Manila con solo una escala.

Dónde dormir: Además de resorts, Filipinas posee gran cantidad de oferta para bolsillos más ajustados. En El Nido está el Hotel Tres Verdes, bungalows y cabañas para mochileros desde 9 euros la noche.

Dónde comer: En Cebu se recomienda el Café Abaseria, donde ofrecen comida nativa filipina. En Bohol está Casa Cecilia, una antigua casa pre-colonial donde la dueña ofrece deliciosa comida casera hecha por ella misma.   


Toda la información necesaria: www.itsmorefuninthephilippines.com

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