20 ene. 2015

Gli ultrà


[...] en 2013 la policía prohibió a los ultras de la Nocerina desplazarse a Salerno para presenciar el clásico salernitano. La medida indignó a los radicales, así que exigieron a sus jugadores que boicoteasen el partido. Oficialmente la plantilla rechazó tal demanda, pero a los 21 minutos de juego el partido se suspendió: el entrenador de la Nocerina había hecho los tres cambios en diez minutos y a continuación se le lesionaron cinco jugadores seguidos. Tremenda coincidencia. Una más: en 2012 el Génova perdía por cero goles a cuatro en casa contra el Siena, resultado que le acercaba al descenso. En el minuto 51 los ultras genoveses saltaron al césped y obligaron a sus jugadores a quitarse las camisetas. “No las merecéis”, les dijeron. El delantero Giuseppe Sculli (de quien ahora hablaremos por sus vínculos con la mafia calabresa) acabó llorando. Cuarenta minutos después se reanudó el partido y al finalizar, los jugadores dejaron sus camisetas al pie de la grada de los ultras.

Los ultras mandan en los estadios italianos entre otras cosas porque son casi los únicos que van al campo. Quitando partidos sonados (derbis o encuentros con mucho en juego) los laterales de las canchas transalpinas lucen pelados en contraste con los, normalmente, abarrotados fondos. Allí se ubican los ultras y el relleno, esto es, jóvenes que no son estrictamente ultras pero que adoptan su estética y su forma de entender el fútbol en el estadio: de pie y animando sin parar. Pero sobre todo los ultras mandan porque se les ha permitido hacerse con el poder. Y en Italia ocurre que casi cualquier cosa un pelín organizada y con un poco de poder, desafía al Estado. A veces uno se pregunta por qué en Italia se empeñan en seguir teniendo Estado, si todos se la juegan a la mínima. En el caso de los ultras, hasta hace un par de años, apenas se han encontrado trabas. Controlan estadios, se pegan con la policía y amenazan a periodistas y jugadores. Todos se llevan muy fuerte las manos a la cabeza pero después nadie hace nada, en un ejercicio puramente italiano ante los desmanes. El teatrillo de la indignación inmediata como sustitutivo de las soluciones reales a largo plazo. Cada vez que hay un incidente con ultras en Italia se pone el grito en el cielo, pero luego nada.


Sí se luchó contra ultras y hooligans en Inglaterra o en España, donde leyes especialmente destinadas a frenar su actividad (y cuyos efectos colaterales han arruinado a más de un aficionado que nada tenía que ver con el movimiento) han reducido el ultrismo a casi nada en Reino Unido y a poco en España, al menos si lo comparamos con Italia.[...]

Este fragmento pertenece a mi texto 'Gli Ultrà', publicado en el número 9 de la revista Jot Down, dedicado a Italia. Puedes comprarla aquí.  

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